UN  algoritmo es una secuencia lógica, finita y ordenada de pasos o instrucciones definidas para resolver un problema, realizar una tarea o tomar una decisión. Funcionan como una receta, paso a paso, en la informática para procesar datos y automatizar acciones. Resultan esenciales en los motores de búsqueda de la web y en las redes sociales , ya que deciden qué contenido mostrar. El algoritmo es el gran escaparatista de la enorme tienda en la que se han convertido la tablet, el teléfono móvil y hasta el monitor de televisión. Además, sus escaparates no requieren un paseo por el barrio, ni que demos una vuelta por el centro de la ciudad. Nada de eso. El algoritmo nos lanza sus escaparates ante los ojos sin descanso. Sus ofertas nos persiguen. Y nos encontramos sus supuestas oportunidades casi antes de abrir los ojos cada mañana.

Claro que, según su propia definición, para el algoritmo somos datos, resultados de una compilación, estilos de vida a lo sumo, que corresponden a cruces y sumas de acciones realizadas. 

En la tienda del barrio, la de debajo de casa, donde también saben mucho de escaparates y algoritmos, porque se forman de manera continua, nunca hemos sido una compilación de datos. Aunque nuestra relación se remonte años atrás.

El comercio local de Bizkaia se moderniza sin perder su identidad, radicada en el barrio y su municipio, a la vez que mantiene valores como la calidad y calidez del servicio

Ahora la acera es más ancha. Los árboles han crecido. La música suena mucho mejor. Y se puede pagar con el teléfono. Lo que no ha cambiado es la voluntad de atendernos de quien se encuentra al otro lado. Que es una persona. Un ser humano con rostro y alma. Que nos pregunta qué tal estamos. Nos aconseja, porque tiene mucha experiencia. Y percibe cómo reacciona nuestro rostro ante las diferentes opciones que nos propone. Siempre está dispuesta a ofrecer facilidades de pago. 

Nos saluda cada mañana. Barre la acera. Riega las plantas que adornan la entrada a la tienda. Pone un cuenco para que beban las mascotas. Enciende un escaparate que no nos persigue, pero que ilumina ese tramo de calle cuando oscurece. Ni los algoritmos ni la IA se implican en nada de eso. Ni sirven con inmediatez. Para todo eso, comercio local.

Precisamente del comercio local y del valor de la cercanía hablaron ayer, largo y tendido, en el Encuentro DEIA que se desarrolló en el auditorio de Cámara Bilbao. 

Tomaron la palabra Kontxi Claver, concejala de Desarrollo Económico, Comercio, Turismo y Empleo del ayuntamiento de Bilbao; Antonio Seco, director de Comercio y Emprendimiento de Cámara Bilbao; Jorge Aio, gerente de Bilbao Centro; Julia Diéguez, presidenta de Deusto Bizirik; Ibon Atastuy, presidente de la Asociación de Comercio y Empresa de Barakaldo; y Luis Arbiol, presidente de Bilbao Dendak.

El comercio de proximidad resulta fundamental porque contribuye a mantener el vivo el tejido urbano de ciudades y barrios

Ocuparon un lugar destacado Iratxe Sainz, responsable de Instituciones de Rural Kutxa en Bizkaia, y Mónica Zuazaga, jefa de zona de Rural Kutxa en Bizkaia.

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Recibieron a ponentes y asistentes, el director gerente de DEIA, Ibon Mujika, así como la directora Comercial y de Publicidad, Amelia Sancho de la Garza, o la responsable de Proyectos, Haizea González, además de Idoia Gutiérrez Ellacuría, Alba González, Itziar Leal, Angélica Santana o Iñigo Aspiunza.  

Se acercaron al evento, que fue eficazmente presentado por el televisivo Jon Gómez, Jon Zarate y Olatz Elgea, de Bilbao Dendak; Eukene Bengoa, de Inguralde; y Janire Torvisco, de la Asociación de Comerciantes del Casco Viejo; Ignacio Agirre, de Deusto Bizirik; o Libe Txarterina, de Cámara Bilbao. Ocuparon sus asientos María Jesús García, Berta Belda, José Ramón Ezkerra, Nuria Ansuategi, Amaia Deprit, Arantxa Jiménez, Olatz Crespo, Carmen Raposo , José Vicente Sagastizabal o Edurme Zamorano.