Seguir hablando de Europa es libre y además se sostiene según las matemáticas, pero parece que el Athletic no está en disposición de participar en el reparto de plazas. Más que una cuestión de voluntad, pues seguro que el míster y los jugadores suspiran por dicha meta, es un problema de recursos. Este domingo, en una tarde deprimente, se volvió a comprobar que no merece la pena activar expectativas en torno a un equipo que lleva toda la temporada rindiendo por debajo del nivel que se le presupone. Cada vez que gana se enciende la calculadora, siempre mirando hacia la parte alta de la tabla, para luego, a las primeras de cambio, desengañarse y volver a caer en la resignación y el cabreo. Parece mentira, pero va a terminar la liga y la afición, al menos una parte, aún creía que regresaría el Athletic de los dos cursos previos para reconciliarse y celebrar un éxito todos juntos. Después de la decimoséptima derrota, que hace la novena en lo que fue un fortín llamado San Mamés, cuesta imaginar que alguien permanezca fiel al sector de los optimistas irredentos. Pero vaya usted a saber.

Desde luego, el espectáculo presenciado fulmina el ánimo de cualquiera. Ante un Valencia con más miedo que otra cosa, que no arriesgó un ápice, dedicado a sobar la pelota en zonas no comprometidas, matando así el ritmo del partido, y que apenas piso el área de Simón, el Athletic realizó su enésima exhibición de impotencia. Aunque a ratos sugirió que podría abrir huecos en la estructura del rival, no tardó en comprobarse que sus limitaciones, esas a las que no se ha sabido poner remedio en ocho meses, le impiden realmente ser profundo, incisivo, preciso. En suma, su puesta en escena resulta demasiado previsible, por reiterativa e inoperante, para poner en evidencia a un adversario tan vulgar como el que este domingo pasó por Bilbao.

Y lo peor de todo es que si en este contexto se evitase perder, pues el espectáculo hasta tendría un pase, pero ni eso. Los tres puntos eran el botín que reclamaba la conquista de ese objetivo, Europa, que el campeonato se empeña en desvalorizar y sin embargo para el Athletic está por las nubes. Restan tres jornadas y, como se ha señalado, carece de sentido apostar a favor de los rojiblancos, sencillamente no pueden dar la talla.

Buen comienzo

En el inicio, trató el Athletic de coger la iniciativa, tardó un rato en conseguirla, aunque nadie se la discutía. El Valencia eludía la presión con envíos en largo e intentaba no meterse muy atrás. Para abrir boca, un par de remates defectuosos de Navarro y Nico, y un tercero de Sancet, mejor dirigido, que Gayá repelió a córner. Nada que impidiera que el Valencia se fuese acomodando, beneficiado por el insulso fútbol local. Y con más balón hasta provocó un penalti, una especie de adelanto de lo que vendría más tarde.

Afirmar que era un partido abierto se entiende más que si se dice que era cerrado, pero este término refleja con mayor fidelidad la ausencia de argumentos interesantes en ambos bandos. Los dos momentos álgidos que deparó la primera mitad tuvieron como protagonistas, en orden cronológico, a Hugo Duro y Nico Williams. El ariete visitante desperdició el penalti mencionado, lo estrelló en el larguero, poco antes de la media hora. Por su parte, el extremo local solicitó el cambio a los pocos minutos.

“No puede ser”, pareció decir Nico Williams mientras aguardaba a ser asistido. Parecía incrédulo, perplejo, su reacción remitía directamente a la pubalgia, esa lesión que el club considera superada, y parece que se trata de un contratiempo diferente de tipo muscular. A expensas de conocer su alcance exacto, solo queda confirmar que no existe una conexión con el problema que ha arrastrado durante un año largo a pesar de los diversos tratamientos a que se ha sometido. Ayer, el equipo acusó su marcha, dado que generó alguna cosilla, poco para lo que intentó, pero al menos se hizo notar. Le suplió su hermano y el asunto no mejoró. Tampoco con Navarro y Sancet de salida, ni luego con Berenguer.

Segunda parte

El panorama en el segundo acto fue entre malo y desolador. Confiar en que el Athletic despertase, un rato siquiera como en Mendizorroza, era mucho pedir. El Valencia era consciente de que enfrente estaba muy atascados. No ocurrió nada en el primer cuarto de hora, pero casi fue peor la acción que rompió el aburrimiento: Gorosabel sirvió en bandeja de plata un pase en el área y el capitán estampó la pelota en el muñeco. Dicho lance sonó como una sentencia: a lo más que se podía aspirar era a aguantar el 0-0. Pues, ni eso fue posible.

69

¿Has estado en San Mamés viendo el Athletic-Valencia? Búscate en nuestra galería Oskar González | Miguel Acera

Te puede interesar:

Justo de combustible y sin exponerse, el Valencia se dedicó a tocar y tocar en terreno propio, el empate no era su objetivo favorito, pero por si acaso debía amarrar el puntito. En el 70, Carlos Corberán introdujo una triple sustitución, refrescó el ataque, por aquello de si sonaba la flauta y lo hizo. Primera intervención de Sadiq y gol. Fue una contra conducida por Ramazani, cedió a Rioja y el centro de este le pilló a Vivian haciendo la estatua, convencido de que lo despejaría, pero Sadiq se anticipó, dejó al central con el molde y el portero nada pudo hacer.

Al igual que en los segundos que siguieron al penalti, el Athletic replicó al 0-1. Fue la única situación nítida para marcar que fabricó en este triste período. Templó Williams y Unai cabeceó con el alma para que Dimitrevski se luciese. Fin del cuento. En los veintitantos minutos posteriores, el Valencia se mantuvo en pie, perdió todo el tiempo que pudo y el Athletic se estrelló contra un grupo totalmente replegado y, sobre todo, contra su impericia. Un día más. Ganó el que se jugaba la permanencia y no fue por casualidad.