Es una realidad. Innegable, además. Desde hace años, miles de ciudadanos vizcainos no tienen acceso a un cajero automático. No pueden sacar dinero en efectivo ni hacer otro tipo operaciones que permiten estos dispositivos, tan corrientes en puntos del Territorio con mayor actividad o, al menos, más diversificada en sectores tecnológicos, industriales, de servicios… Las comarcas de Lea Artibai y Busturialdea son los claros ejemplos de esa exclusión financiera a la que se han visto forzados tras el cierre de las oficinas bancarias y la desaparición de los cajeros automáticos, allí donde los había.
Fueron decisiones empresariales que ahora vienen a ser corregidas con otras decisiones, estas de carácter político a través del proyecto Berosi, integrado en una estrategia integral del Gobierno Vasco que “apuesta por pueblos vivos, con oportunidades y servicios, para que vivir y trabajar en el medio rural siga siendo una opción real y atractiva para la ciudadanía”, insistía a principios de este mismo año la consejera Amaia Barredo.
La titular de Alimentación, Desarrollo Rural, Agricultura y Pesca ha defendido en repetidas ocasiones esta idea. Y con el programa Berosi -nacido con la finalidad de dotar de servicios básicos a los muchos municipios eminentemente rurales, comenzando por la instalación de cajeros automáticos- se está cumpliendo. El listado de localidades de Bizkaia es largo. Hasta 22 fueron incluidas desde el principio en ese inventario. Y la mayor parte de ellas forman parte de esas dos comarcas. También algunos nombres de Durangaldea, Arratia, de Enkarterri…
Requisitos
Son las que cumplían con los requisitos fijados: tener más de 300 habitantes, un mínimo de 8 kilómetros al cajero más cercano o recibir más de 100.000 turistas al año. Los nombres de Ajangiz, Amoroto, Arantzazu, Arratzu, Arrieta, Artea, Ea, Elantxobe, Errigoiti, Forua, Fruiz, Garai, Gatika, Kortezubi, Mendata, Mendexa, Meñaka, Murueta, Muxika, Zaratamo y Ziortza-Bolibar constituyen esa otra Bizkaia excluida, sin acceso inmediato a dinero.
Artzentales, a finales de este mes, se volverá a enchufar a la red bancaria y la previsión es que en unos dos años lo estén todo o, al menos, la mayoría de municipios que llevan años sin servicio de cajero. El caso de Ea es parecido al de esta localidad encartada. Llegó a tener dos oficinas bancarias y un cajero que fue pasto de las llamas hace unos seis años que lo inutilizó por completo. Y como los vecinos de esta pequeña localidad costera, la única posibilidad de retirar efectivo es desplazarse hasta las cabeceras de comarca: Ondarroa, Lekeitio, Gernika-Lumo o a otros más afortunados donde aún perviven estos dispositivos como son Ispaster o Ibarrangelu.