En Amorebieta-Etxano, cuando alguien menciona a Pascual Uriarte, muchos sonríen y dicen lo mismo: “el alcalde de Etxano”. No lo fue oficialmente, pero el apodo le acompaña desde hace años y refleja bien el cariño y el respeto que despierta entre quienes lo conocen. A sus 72 años, Pascual es uno de esos vecinos que parecen formar parte del propio paisaje del lugar.
Un hombre tranquilo, sereno, de conversación pausada, que representa de forma muy natural lo que hoy se conoce como nueva longevidad. Por eso su historia se enclava en el proyecto Erreferenteak puesto en marcha por BBK Banku Fundazioa que se dará a conocer en la zona mañana día 24 en un emotivo encuentro.
La historia de Etxano
La entrevista con él tiene un escenario muy simbólico: la antigua escuela de Etxano. Un edificio pequeño, cargado de recuerdos, que hoy acoge la asociación vecinal del pueblo. Para Pascual, ese lugar no es solo un espacio comunitario. Es también un pedazo de su infancia ya que entre estas paredes pasó buena parte de sus primeros años de aprendizaje.
Llegó cuando tenía seis años y aquí estudió hasta los doce. En aquella época, la escuela era un punto de encuentro fundamental para los niños del entorno rural. Un lugar donde se mezclaban las clases con los juegos, las historias compartidas y las primeras amistades. Sentado hoy a las afueras del edificio, Pascual mira alrededor con una mezcla de nostalgia y satisfacción. El espacio ha cambiado, pero sigue cumpliendo una función parecida: reunir a la gente del pueblo.
Su vida siempre ha estado ligada a Etxano. Se crio en el caserío familiar, rodeado de naturaleza, prados y montes. Aquella infancia en el entorno rural marcó profundamente su forma de entender la vida. Aprendió desde pequeño el valor del trabajo, la importancia de la comunidad y ese ritmo más pausado que marca el contacto con la tierra. “Era otra forma de vivir”, recuerda. Una vida sencilla, pero también muy rica en experiencias. Y, sobre todo, muy vinculada al entorno.
Hoy sigue disfrutando de ese mismo paisaje desde su casa. Para él, vivir en el medio rural sigue teniendo algo especial: la cercanía entre vecinos, el contacto con la naturaleza y esa sensación de pertenecer a un lugar con historia.
Esa historia, precisamente, es una de las cosas que más le interesa preservar. Pascual forma parte activa de la asociación vecinal que tiene su sede en la antigua escuela. Desde allí trabajan para mantener viva la memoria del municipio: sus tradiciones, su cultura y el patrimonio más antiguo que explica cómo era Etxano antes de convertirse en parte de lo que hoy conocemos como Amorebieta-Etxano. Porque hubo un tiempo en el que ambos lugares eran localidades separadas, pero en la memoria de muchos vecinos sigue viva la identidad propia del antiguo pueblo.
La asociación, y a ella se dedica ahora Pascual tras su jubilación, se esfuerza precisamente en eso: en conservar esa memoria colectiva. Han organizado actividades culturales, encuentros vecinales y también proyectos de investigación histórica. Uno de los más importantes ha sido la edición de un libro que recoge la historia del pueblo.
Para Pascual, iniciativas como esa son fundamentales. “No se trata solo de recordar el pasado, sino de que las nuevas generaciones sepan de dónde vienen”. Esa preocupación por transmitir conocimiento tiene mucho que ver con su propia trayectoria profesional. Durante muchos años trabajó como maestro industrial y profesor de ello en Bilbao. Con la jubilación cambió el escenario de su actividad, pero no su idea de afrontar la vida. Una vida que ahora en esta nueva etapa dedica, junto con el resto de vecinos, a mantener vivo el tejido social.
El proyecto Erreferenteak de BBK Banku Fundazioa busca visibilizar ejemplos de personas que, tras su vida laboral, continúan aportando a la comunidad. Historias que demuestran que la jubilación no es necesariamente una etapa de retirada, sino una oportunidad para seguir participando desde otro lugar. En el caso de Pascual, ese lugar está muy claro: su pueblo.
Cuando habla de la jubilación, lo hace con una idea muy sencilla que repite a menudo a quienes se acercan a esa etapa. “Lo importante, dice, es encontrar algo que realmente guste y dedicarle tiempo”.
En su caso, ese “algo” tiene mucho que ver con la vida comunitaria. Colaborar con los vecinos, organizar actividades o simplemente mantener viva la historia del lugar son formas de seguir contribuyendo al bienestar colectivo. “Es bonito seguir haciendo esa labor social ya jubilado”.