Calzados La Palma es ya solo un recuerdo. El edificio que albergó este comercio durante 90 años funciona ahora como hotel. Enfrente, se levanta otro: el NYX; en Somera, un antiguo portal de vecinos fue reconvertido en alojamiento turístico; la tienda de Rafael Matías ha seguido el mismo camino. Y, así, el Casco Viejo suma 29 establecimientos de este tipo. “Además de todos los pisos turísticos, que son muchos”, apostilla el sociólogo y portavoz de Hotel Gehiago Ez, Eritz Mendizabal

La plataforma denuncia que la apertura “masiva” de hoteles “es insostenible” y que “está destruyendo la identidad cultural del barrio”, además de tensionar aún más el parque de vivienda. Alerta, además, de que este no es un fenómeno circunscrito a las siete calles, sino que se extiende de forma imparable por toda la Villa. 

El último ejemplo se sitúa en la calle Mazarredo, donde una vecina de 80 años tendrá que abandonar su hogar desde hace 30 años porque el edificio ha sido adquirido por un fondo de inversión para remodelarlo como suite de lujo. 

“No sólo lo decimos desde la plataforma: estudios, universidades y expertos señalan que hay que empezar un proceso de decrecimiento, porque las ciudades están saturadas por el turismo, defiende el sociólogo y portavoz designado por la plataforma, Eritz Mendizabal, al ser preguntado por esta cuestión. 

La vivienda como "terreno especulativo"

Es miércoles por la mañana y la lluvia no frena a los grupos de turistas que, ataviados con coloridos impermeables, recorren la Plaza Nueva, donde las terrazas y sombrillas comienzan ya a desplegarse. Desde hace algún tiempo, es común encontrarlos por las siete calles. Son ya casi parte del paisaje urbano y, para Mendizabal, un mal augurio. 

“Solo en el Casco Viejo hay 3.750 plazas destinadas al turismo, mientras la población alcanza los 7.200 habitantes, lo que significa que tenemos una carga turística cercana al 50%”, concreta. Y lanza más datos: el parque móvil de alquiler en el barrio “difícilmente supera el 20%” de las viviendas disponibles. 

En ese sentido, apunta que la plataforma –integrada por las asociaciones vecinales como Bilbao Bihotzean o SOS Alde Zaharra– tiene constancia de que al menos 50 vecinos se han mudado a zonas cercanas como Atxuri por no poder asumir las las subidas de precio vinculadas a la presión turística, entre otras cosas. 

¿Hacia la "desintegración cultural?

Para Mendizabal, la vivienda ha dejado de ser “un derecho universal” para convertirse en “un terreno especulativo”. Censura que las instituciones permitan que edificios de uso residencial se reconviertan en alojamientos turísticos y les reprocha no haber blindado el derecho a la vivienda: “La vivienda ya no es para que vivan las vecinas, sino un negocio. Cuando cambias ese foco, transformas toda la realidad social, cultural e identitaria de un barrio”, sentencia.

Dice Mendizabal que basta con darse un paseo por las calles Bidebarrieta o Correo para entender a qué se refiere: el Casco Viejo ya no es lo que era. Muchos vecinos lo perciben cada vez más como un parque temático para turistas que como su propio barrio, cuya identidad ven difuminarse poco a poco. 

Solo en ese tramo hay una veintena de comercios vinculados a esta industria, cuya proliferación, apunta, va en detrimento de los negocios de toda la vida, aquellos que forman parte del acervo cultural de las Siete Calles. “Muchos comercios ya no responden a las necesidades del barrio, sino a los intereses que genera el turismo”, lamenta.

Va incluso más allá y habla de “desintegración cultural”. Cita la desaparición de panaderías, mercerías o tiendas de alimentación, a la que ha seguido un desplazamiento progresivo de vecinos hacia otros barrios de la ciudad, lo que, en última instancia, ha supuesto “la pérdida de la transmisión cultural, de una manera de vivir”.

En el lado opuesto, sostiene que quienes llegan se encuentran con un entorno cada vez más tematizado: “La fotografía que tenemos hoy es la de un barrio que ha perdido buena parte de su autenticidad. Esto, ahora mismo, es un parque temático para turistas”.