Viernes, 19:30 horas. Cientos de personas recorren la calle Ercilla: familias con la mochila y el cansancio a cuestas; oficinistas trajeados, todavía con el teléfono pegado a la oreja; algún turista despistado; gente que apura las compras del fin de semana. Y, entre todos ellos, otro grupo perfectamente reconocible: personas emperifolladas, perfumadas y alegres que se congregan frente a las galerías situadas en el eje entre la Plaza Indautxu y la Elíptica.

Parecen convivir dos realidades distintas: la del inicio de un viernes cualquiera y la de una fiesta que ya ha empezado. Detrás de esas galerías espera el tardeo del Bombón Club. Son las siete y media de la tarde, pero la noche ya ha empezado.

"Hemos conseguido interpelar a un grupo de personas que quiere volver a salir, pero no puede hacerlo como antes"

Julen Arredondo - Gestor de Salseo Bilbao

Escenas como esta ya forman parte del Bilbao que encara el fin de semana. El tardeo se ha consolidado como una de las fórmulas de ocio más populares en la ciudad y sus promotores rechazan que se trate de una moda pasajera: “La noche, si no va a desaparecer, va a quedar reducida a un público muy joven y a eventos muy concretos”, sostiene Julen Arredondo, de Salseo Bilbao, productora especializada en la organización de tardeos. 

Arredondo sitúa el origen del fenómeno en la pandemia. Tras el levantamiento de las restricciones, muchos hosteleros detectaron que existía toda una generación con tantas ganas de salir como responsabilidades que atender. “Tengo claro que hemos conseguido interpelar a un grupo de personas que quiere volver a salir, pero no puede hacerlo como antes. Nosotros les ofrecemos una alternativa”, explica. 

Ese perfil de “fiestero frustrado” se mueve entre los 30 y los 40 años. “Nuestros asistentes suelen rondar los 35”, precisa. Personas con trabajo, responsabilidades familiares y menos tolerancia a las madrugadas, pero que todavía no están dispuestas a renunciar a la fiesta.

Este formato festivo también favorece una mezcla de edades poco habitual en el ocio nocturno tradicional. Así lo sostiene Arredondo, que define el tardeo como un híbrido entre una sesión convencional y una fiesta remember. “Va evolucionando con el tiempo: si triunfa la música latina, bebe de ahí; si se pone de moda la electrónica, también la incorpora. Son sesiones muy abiertas y eso hace que atraigan a gente de distintas edades, barrios y estilos de vida”, explica.

Unos jóvenes que se cuidan más

El fenómeno, además, empieza a ganar fuerza entre unos jóvenes que ya no quieren arreglar el mundo en madrugadas alcohólicas. Al calor de las redes sociales, se ha popularizado una cultura cada vez más vinculada al bienestar, el autocuidado y las rutinas saludables.

Basta con abrir Instagram para encontrarse con creadores de contenido que documentan entrenamientos, hábitos alimenticios o rituales de cuidado personal. “La fiesta porque sí ya no les interpela. Los hosteleros piensan que compiten entre ellos, pero en realidad compiten contra un modelo healthy, sostiene el promotor. En ese contexto, el tardeo aparece como una fórmula de ocio más compatible con el descanso y el autocuidado que la noche tradicional. Una idea que encaja especialmente entre los jóvenes, que hoy beben y fuman menos que generaciones anteriores.

Así lo refleja la última Encuesta sobre Uso de Drogas en Enseñanzas Secundarias (ESTUDES 2025), elaborada por el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones. El estudio constata un descenso del consumo de alcohol, tabaco y cannabis entre adolescentes y jóvenes respecto a años anteriores. Solo el alcohol cayó casi tres puntos el último año. Eso sí, en Euskadi la fotografía es ligeramente diferente y nos devuelve una imagen reveladora: es la comunidad con niveles más altos de cannabis del Estado. Con todo, los datos refrendan, también en la CAV, la tendencia a la baja al comparar estos resultados con los de ediciones anteriores.