El Athletic, salvado matemáticamente desde la noche del jueves gracias al empate de la Real Sociedad en feudo del Girona, afronta esta tarde ante el Celta de Vigo el penúltimo compromiso liguero del curso, el último en San Mamés. Con remotas opciones europeas asoma el alicaído, aunque aliviado conjunto rojiblanco, pues con solo seis puntos en juego figura noveno en la tabla a cuatro puntos de la séptima posición que defiende el Getafe con el gol-average particular en contra y a seis puntos de un Celta que, sexto clasificado, se impuso 2-0 en el enfrentamiento de la primera vuelta en Balaídos.

En dicho contexto, con la Conference y la Europa League demasiado lejos en apariencia y con unas ganas generalizadas de que la temporada toque a su fin cuanto antes para pensar en otra cosa, al Athletic se le exige decoro y buena praxis para apurar cualquier opción de pelear por Europa por mínima que sea en la visita al Real Madrid en la última jornada y, sobre todo, para no terminar de quemar con un nuevo fiasco a una afición que tomará la palabra al término del choque frente al Celta. Al tratarse del último partido del curso en San Mamés, que ha dejado de ser un fortín en una temporada en la que ha visto volar 25 de los 54 puntos puestos en juego en LaLiga, al equipo le toca escuchar el veredicto de una masa social que ha sufrido una avalancha de decepciones desde el comienzo del ejercicio.

Desilusión, desengaño, frustración, hastío y en última instancia hasta cierta anestesia emocional ha provocado el pobre rendimiento ofrecido por el colectivo en un curso en el que el juego, tedioso a más no poder, ha dado pie a una realidad clasificatoria muy alejada de la esperada y deseada antes de que el balón echara a rodar en agosto del pasado año. La mejor noticia a falta de dos partidos para la conclusión de la temporada, con hasta 18 derrotas en las 36 jornadas ligueras disputadas, solo una menos de las que colecciona el colista y ya descendido Oviedo para poner en contexto, no puede ser otra que la certificación gracias a terceros de una permanencia que evita una agonía de última hora que habría resultado ciertamente incómoda para todos los estamentos del club.

Espantados los fantasmas que han acechado al equipo durante meses y que han agobiado especialmente a Ernesto Valverde, quien encara esta tarde su último partido en San Mamés como entrenador del Athletic, a los jugadores solo les queda salir al campo y tratar de sumar los tres puntos a costa de un Celta obligado a defender su plaza de Europa League por si, milagrosamente, Europa sigue siendo un sueño alcanzable en la última jornada del campeonato.

Parece mentira dada la desoladora imagen que ha proyectado el equipo durante la temporada, pero lo cierto es que el Athletic podría verse en caso de victoria esta tarde en condiciones de soñar dentro de una semana en el Santiago Bernabéu con acceder a la próxima edición de la Conference e incluso de la Europa League. Se requiere para esto último, en primer lugar, un triunfo por más de dos goles ante el Celta para ganar el gol-average particular a los gallegos y situarse a tres puntos, si bien todo lo relacionado con Europa parece ciencia ficción dado el pobre rendimiento de un equipo que va de mal en peor.

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HOMENAJES

El partido contra el Celta, al margen de lo que acontezca sobre el verde y de la respuesta posterior desde la grada, servirá para despedir con sendos homenajes a Valverde y Lekue bajo la incertidumbre de lo que pueda suceder con Yuri Berchiche, pendiente de esclarecer su futuro al finalizar contrato el próximo 30 de junio. l