Informar
No resulta fácil informar en la actualidad. Dar cuenta de lo que ocurre en el día a día bajo un criterio inequívoco de veracidad se ve continuamente en el alambre a cuenta de intervenciones de dudosa procedencia llegadas desde la parte más opaca de internet. Históricamente, las y los profesionales de los medios de comunicación hemos estado sometidos a la continua crítica por una supuesta falta de objetividad que nunca ha sido tal. La traición a nuestra labor de rigor llega cuando traspasamos la línea de la mentira, dando paso a ser altavoces de informaciones de parte a sabiendas de que, sencillamente, lo promulgado no es verdad. Esta semana la cadena norteamericana Fox ha reconocido que difamó a una empresa de recuento de voto electoral para sostener la denuncia falsa de Donald Trump de que se había producido una manipulación que le hizo perder las elecciones presidenciales frente al demócrata Joen Biden en 2020. Indemnizará a la firma para evitar el juicio. Pero el daño ya está hecho. Fox no sólo conculcó los derechos al honor de la empresa puesta en tela de juicio y de sus trabajadores. También vulneró la dignidad de la profesión periodística sustentada por miles de personas a lo largo y ancho del planeta que se enfrentan a la difícil tarea de informar. En 2013, el PP decidió cerrar la televisión pública valenciana. Entonces, sus empleados y empleadas confirmaron lo que era, desde 2006, un clamor: que ellos mismos permitieron que nunca se contara como se debía por su parte el accidente de metro que aquel año se cobró la vida de 43 personas. Amén de la indignidad para las víctimas y sus familiares, el daño para la profesión también estaba hecho. “Vosotros estáis aquí para ser periodistas”, nos dijo el primer día de clase en la Facultad de Leioa el catedrático Pedro Ibarra. Defendamos nuestra labor a pesar de las adversidades aunque, como digo, no resulte fácil y a ojos de otro pueda parecer lo contrario.
