Creciendo junto a las marismas del Coto de Doñana, donde paran millones de aves en sus migraciones, no es raro que la historia de las deliciosas fresas de Huelva recorra y siga recorriendo cientos de kilómetros.

El primer viaje es el que realiza cada planta de fresa que enraiza desde enero hasta finales de mayo en los suelos arenosos de Palos de la Frontera, Moguer, Lepe, Cartaya, Almonte o Lucena del Puerto y Bonares. En esa área decenas de miles de personas trabajan en los frutos rojos cada temporada. Sin embargo, el plantón completa un trayecto similar al de los rebaños de los tiempos de la mesta: la planta ve la luz en viveros de Segovia, Ávila y Valladolid, donde acumulan horas de frío. Después, se desarrolla al calor húmedo de Huelva. Y el 90% de los frutos serán transportados fuera de España. Sus principales destinos son Alemania, Francia y Reino Unido.

Isabel II, conocida por sus apetitos, pedía que le llevaran cestas de fresas frescas al palacio cada mañana durante la temporada, lo que impulsó aún más el prestigio de la fruta

Las fresas y los Borbones

Pero estos movimientos no resultan los más determinantes  en la historia de la fresa. Atención,  es en el siglo XVIII con la llegada de la dinastía de los Borbones al trono de las Españas cuando en los fértiles huertos del entorno del Real Sitio de Aranjuez se introdujeron variedades de fresón procedentes de América, especialmente de Chile y Virginia, mucho más grandes que las diminutas fresas silvestres europeas. La combinación del limo de la ribera del Tajo y el cuidado de los jardineros reales creó un producto de una calidad excepcional.

Isabel II, conocida por sus apetitos, pedía que le llevaran cestas de fresas al palacio cada mañana durante la temporada, lo que impulsó aún más el prestigio de la huerta ribereña. El ferrocarril hizo el resto.  En 1851 se inauguró la línea férrea Madrid-Aranjuez, la segunda de la España peninsular tras la famosa Barcelona-Mataró con el objetivo de unir la capital con el Palacio Real de Aranjuez. Los agricultores aprovecharon el tren para llevar sus productos frescos a los mercados de Madrid en tiempo récord. El aroma de las fresas inundaba los vagones, y de ahí nació el nombre popular de Tren de la Fresa, que hoy se mantiene como un tren histórico turístico. 

En 1962, Antonio Medina a Moguer y plantó las fresas en una zona conocida como Las Madres, cerca de las marismas, donde no solo crecieron, sino que eran más grandes, brillantes y maduraban antes

Antonio Medina

Alguien podrá pensar que esas son las fresas de Aranjuez y que el titular se refiere a las de Huelva. Resulta que son las mismas. He aquí un nuevo viaje. A principios de los años 60 del pasado siglo un incipiente estudiante de derecho natural de Moguer y que cumplía con el servicio militar cerca del Real Sitio tuvo una idea que cambió una comarca.

A Antonio Medina nadie le podía sacar de la cabeza que su tierra era mejor para el cultivo de la fresa que la mesetaria vega del Tajo, a pesar de los ricos limos depositados por el río. Antonio Medina tenía muy claro que  si la planta florecía antes en el sur, donde tendría más horas de luz, llegaría al mercado cuando nadie más tuviera fruta y dispararía los precios. En 1962, Antonio regresó a Huelva con las primeras plantas metidas en una cajita. Eligió una zona de Moguer conocida como Las Madres, cerca de las marismas, para su experimento. Se trataba de un terreno arenoso que la mayoría de los agricultores locales despreciaban porque no retenía el agua. Antonio combinó ese tipo de suelo, que impedía que las raíces se pudrieran, con riego por goteo y abonos. Quienes lo tachaban de visionario se quedaron con un palmo de narices. 

Las fresas de Medina no solo crecieron, sino que eran más grandes, brillantes y maduraban semanas antes que las de una competencia que pronto dejó de tener. Antonio Medina falleció a principios de este siglo después de haber recibido todo tipo de reconocimientos y premios. La empresa que fundó y que hoy gestionan sus descendientes, produce varios tipos de frutas exóticas y factura por encima de los 35 millones de euros al año.

Con azúcar, nata, chocolate, solas. Siempre deliciosas. Cedida.

Variedades y características 

Fue en la década de los 80, hace casi medio siglo, cuando el sector dio el salto industrial, pasando de pequeñas parcelas familiares a grandes explotaciones exportadoras que hoy definen el paisaje del entorno de Doñana. Bajo los invernaderos, que se descubren en primavera, maduran distintas variedades de fresa. La RedSayra se ha consolidado como la líder indiscutible en la última campaña con cerca del 15% del cultivo. Ofrece frutos desde principios de diciembre y es muy resistente a las plagas. Mientras, la Fortuna ha sido históricamente la reina de los campos onubenses por su gran productividad y forma cónica perfecta. La Victory destaca por su extraordinaria vida en los camiones y estantes, lo que la hace ideal para mercados lejanos como los países nórdicos o el Reino Unido.

En todos los casos la acidez cede ante el dulzor conforme avanza la primavera, la pulpa ha de ser firme y jugosa, el aroma intenso - sobre todo si la recolección se produce en el momento justo - y la apariencia roja brillante y uniforme. Todas estas características consiguen que la fresa no solo triunfe en los hogares sino que ya existan locales especializados en despachar fresas solas o con todo tipo de toppings. La fresa está de moda.

La revolución roja

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En datos:

Las cifras de la verdadera revolución roja de Andalucía son impactantes.

  • La producción total en 2025 rondó las 250.000 toneladas
  • Ocupó más de 6.300 hectáreas, exportó por valor de 660 millones de euros
  • Creó más de 150.000 puestos de trabajo entre directos e indirectos
  • Supuso el 11% del Producto Interior Bruto de Huelva


Los desafíos de un bocado tan maravilloso, refrescante y hasta adictivo, residen en la sostenibilidad hídrica y en la constitución de una Indicación Geográfica Protegida - iniciada en 2023 - que ofrezca garantías a quien consuma y proteja frente a la competencia de productores de Egipto, Grecia y Marruecos que afinan sus procesos año tras año. La IGP facilitará un etiquetado distintivo que certifique el sabor, la textura y el aroma de las viajeras fresas de Huelva. ¿Con nata? ¿Chocolate? ¿Zumo de naranja? ¿Un poco de azúcar espolvoreado? ¡Solas!