BILBAO. En este amanecer competitivo, la escuadra vizcaina ha rendido en ocasiones bastante por encima de sus teóricas posibilidades, con picos de rendimiento notables ante rivales de elevado rango, y sus valles han sido los propios de un equipo de su condición. Ha habido borrones, por supuesto, pero nada que no entrara dentro del terreno de lo factible.
Es posible que aquellas brillantes victorias ante Valencia Basket, Baskonia o Tenerife hayan podido hacer pensar que el regreso a la élite iba a ser un camino de rosas, pero esa idea no ha calado en ningún momento, al menos atendiendo a sus discursos públicos, dentro del vestuario del Bilbao Arena, que ha adaptado una expresión popular para convertir en lema propio aquello de mantener los pies sobre la baldosa (la de Bilbao). Por primera vez en el presente ejercicio, los hombres de negro han enlazado dos derrotas seguidas, han dejado escapar un partido de Miribilla y tienen en el horizonte más cercano dos duelos ásperos ante el Real Madrid, en casa, y Unicaja, fuera, pero sigue sin haber motivos de alarma por su comportamiento. Salvo en el duelo perdido en Zaragoza, los de Álex Mumbrú han ofrecido una imagen competitiva en todas y cada una de sus comparecencias en cancha. Dos de sus derrotas llegaron tras disputar otras tantas prórrogas (en Santiago y Manresa) y el pasado sábado, ante el Herbalife Gran Canaria, tuvieron balón para empatar dentro del último minuto.
Ese carácter competitivo, el hecho de no desconectarse de los partidos pese a atravesar por lógicos momentos de dificultad, es probablemente lo más destacado de lo ofrecido hasta el momento por el Bilbao Basket y un factor que incluso tiene más mérito teniendo en cuenta la composición de su bloque, con seis jugadores que el año pasado militaban en LEB Oro y solo dos piezas, Rafa Martínez y Ondrej Balvin, con acreditadas tablas en la Liga Endesa. El conjunto vizcaino casi siempre encuentra algún argumento al que agarrarse para no despegarse demasiado de su rival en los malos momentos y quizás lo que más le está costando es lo contrario, algo más de colmillo para dar continuidad a sus buenos momentos y resolver en los compases finales de los duelos situaciones con marcador a favor.
SUFRIR EN DEFENSA
Al Bilbao Basket, evidentemente, le queda por delante mucho por ajustar, seguir profundizando en su proceso de ensamblaje para formar un bloque más sostenible, y últimamente las necesidades se centran en la defensa como demostró, sobre todo, el último duelo. Encajar 97 puntos en casa es algo incompatible con la victoria y un problema a solucionar porque es en los encuentros de Miribilla donde los hombres de negro deben asfaltar gran parte de su senda hacia su meta: la salvación.