Llegados a estas alturas de la temporada, en pleno mes de mayo, con las vacaciones a la vuelta de la esquina, pedirle a este Athletic que empiece a desarrollar un fútbol preciosista, con pases milimétricos que le permitan avasallar a las defensas rivales es mucho pedir. Demasiado seguramente. Claro que entre eso, que insisto, sería mucho pedir, y lo vivido en la tarde de ayer en San Mamés contra el Valencia hay un mundo. Entre medias hay cabida para cualquier versión rojiblanca de las dos campañas anteriores, incluida aquella especie de misión imposible en Mánchester, de la que se cumplió un año el viernes. Entonces, con el equipo cogido con pinzas, al menos le echaron arrojos, que es lo mínimo exigible. Pues bueno, ayer ni eso.

Así que aprovechando que la Junta Directiva del Athletic ha tenido a bien anunciar esta semana que Edin Terzic cogerá las riendas el equipo la próxima temporada, que no fue más que hacer público lo que era un secreto a voces, el técnico alemán tiene trabajo por delante. Y mucho. Por un lado, atendiendo al presidente Jon Uriarte, el de encontrar casa; por otro, el de recuperar a un equipo que es una sombra de sí mismo, que ha perdido la confianza que le rebosaba hace no tanto y que no tiene fútbol.

El anuncio de la contratación del técnico alemán para las dos campañas venideras, otro entrenador de “primerísimo nivel”, como Ernesto Valverde -ambos comparten ese escalafón, según Uriarte-, podría tener también una tercera intención más allá de ayudar en “la confección de la próxima temporada”, dicho también por el presidente, y de que este encuentre un hogar cuanto antes: poder acudir a San Mamés con libertad, sin tener que andar a escondidas, si es que en los últimos meses se las ha tenido que ingeniar de alguna manera para no ser reconocido en algún lugar del campo tomando notas. 

Pues bueno, si no lo hizo, seguro que su salud lo habrá agradecido, especialmente si tampoco le dio por verlo al otro lado de la televisión. Y si encontró la manera de llegar al estadio sin ser visto por nadie, esperemos que se encuentre bien después de asistir a semejante despropósito.

Hubo, pobres ilusos, quien pensó que atada la salvación, después de la remontada de la última jornada ante el Alavés, los astros se alinearían y que como por arte de magia el equipo se liberaría. Y claro, que con ese impulso anímico, esa celebración por todo lo alto tras el triunfo en el derbi y los 500 partidos en el banquillo de la dupla Valverde-Aspiazu, el objetivo de regresar a Europa, compartido ya abiertamente por el club en boca de su presidente, sería pan comido.

Pero qué va. Lejos de liberarse, el Athletic fue de nuevo un equipo sin alma, que mantuvo con vida al Valencia durante los 90 minutos y acabó pagándolo caro. Además, el conjunto che le concedió alguna oportunidad extra, como con el penalti que dispuso a la media hora de juego, coincidiendo con los peores minutos del equipo, enlazando errores en entregas sencillas uno detrás de otro, pero que Hugo Duro envió al larguero.

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¿Has estado en San Mamés viendo el Athletic-Valencia? Búscate en nuestra galería Oskar González | Miguel Acera

17 derrotas

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En el segundo regalo tras esa pena máxima, en esta ocasión con Dani Vivian como protagonista al no ir a la disputa, Umar Sadiq batió de cabeza a Unai Simón. Quiso el Athletic darle la vuelta al partido, pero no hubo manera. Sin velocidad, con una preocupante falta de ideas, el equipo sumó su décimo séptima derrota de la temporada en liga.

Es decir, el conjunto rojiblanco ha caído prácticamente en la mitad de los encuentros que ha disputado en el campeonato de la regularidad, donde está a solo una nueva derrota de igualar su peor registro, los 18 partidos perdidos de las campañas 1991-92, 2006-07 y 2008-09. Claro que más allá de los números, lo peor es esa sensación de que cada vez que se genera algo de ilusión el Athletic se da de frente con su dura realidad: la mediocridad. Terzic, aquí hay trabajo.