La clasificación está enmarañada como nunca, a falta de cuatro fechas para despedir el curso hay muchísimos equipos apelotonados en un estrecho margen de puntos. Algunos pensando en salvar el cuello y otros, deshojando la margarita de sus opciones de colarse en el reparto de las plazas europeas. En este segundo grupo se halla un Athletic que pone en juego buena parte de sus opciones en la sobremesa de hoy frente a un Valencia que aún no tiene asegurada la permanencia. Los cinco puntos que les separan a día de hoy ilustran por sí solos el formidable lío montado, cuya solución se conocerá con toda seguridad al término de la semana en curso, pues concentra tres jornadas.
No le faltaba razón a Ernesto Valverde cuando catalogaba de “máxima” la igualdad que preside la categoría. Sin duda responde al bajo nivel que en general ha presidido el comportamiento de la mayoría, especialmente de los llamados a ocupar una posición desahogada. Entre ellos figura un Athletic que, pese a haber defraudado a propios y extraños, después de imponerse en el derbi de Mendizorrotza, está en disposición de blanquear su imagen y, de paso, cuadrar las cuentas del año venidero.
Ese pequeño gran batiburrillo en que se ha ido convirtiendo el campeonato de liga, se traduce en tensión, nervios e inquietud. Sirva de ejemplo el salto de siete puestos dado ayer por el Sevilla al ganar en el tiempo añadido su cruce con un Espanyol en caída libre. Parece un gran éxito y, sin embargo, los andaluces continúan seriamente amenazados por el descenso. Salvo los cinco primeros y el colista, todos deben resolver deprisa y corriendo los retos que han ido dejando pendientes durante ocho meses largos de competición, pero no es tan sencillo.
En este contexto, el Athletic está de enhorabuena gracias a la hazaña del Rayo, confirmado como finalista de la Conference League. El logro del grupo dirigido por Iñigo Pérez aumenta en una plaza el cupo de la liga española en la Champions y eleva a ocho el número de equipos que participará el año próximo en torneos continentales. Antes de ello, el Athletic ya estaba echando sus cuentas, de modo que ahora con más motivo. Lo que salta a la vista es que ha de derrotar al Valencia si quiere que sus aspiraciones tengan sentido. Sin los tres puntos de esta tarde, sus expectativas se verían seriamente amenazadas.
“Todo está cerca y todo lejos”, deslizaba un Valverde consciente de la dificultad de la empresa. Suspiraba por plasmar la combinación de “confianza”, por la reciente victoria sobre el Alavés, y “necesidad”, factor que habría impulsado a los suyos en la jornada previa. Sentir esta, en su opinión, es básica para competir bien y remató su reflexión apuntando que seguro que se percibe en las evoluciones del Valencia.
Por si acaso, Carlos Corberán refrendaba lo expresado por Valverde y es que los levantinos tienen que espabilar y cuanto antes. Acaban de sufrir un doloroso revolcón ante un Atlético de Madrid de circunstancias, lo que puso de uñas a Mestalla, aunque tampoco hace falta mucho para que tal cosa suceda. Con todo, sus estadísticas de los dos últimos meses son casi clavadas a las del Athletic: ha sumado un punto más en ocho jornadas.
En torno a los planes del técnico rojiblanco cabe exponer varios interrogantes. Sería llamativo que no repitiesen Gorosabel y Yuri porque están siendo de lo más fiable en las últimas alineaciones. Si juegan tanto es por algo. En cambio, pudiera haber novedades entre los centrales, al igual que en la zona ancha donde la entrada de Galarreta se antoja muy probable, sin que ello vaya a enviar a Rego al banquillo. Puede que deje para la segunda parte a un Jauregizar sin chispa.
En el ataque es difícil que los hermanos Williams cedan sus puestos en las bandas, mientras que la presencia de Guruzeta está cantada. Por último, está por ver si Valverde considera que ha llegado el momento de devolver el estatus que merecería Sancet por categoría, no por rendimiento. Encadena tres suplencias, pero quizá el chispazo brindado en Mendizorrotza le pueda bastar. Es algo similar a lo que sucede con Nico. Ambos estuvieron desaparecidos hasta que marcaron, pero…