Se acabó la cuenta atrás. Más de 15.000 personas dejaron anoche de comerse las uñas ante el ansiado regreso de La Oreja de Van Gogh con su vocalista original, Amaia Montero, de nuevo al micrófono del ahora cuarteto. El arranque en el BEC de Tantas cosas que contar, la gira pop estatal de 2026 tras vender 400.000 entradas, se resolvió con toneladas de nostalgia y un karaoke masivo en el que la remozada banda tiró de clásicos –Rosas, La playa, Puedes contar conmigo...– con el arrope de los coros y el cariño de sus seguidores, y el único estreno de su reciente Todos estamos bailando la misma canción.
Podrían haber iniciado el concierto con The Final Countdown de Europe. Y es que la espera ha sido larga para sus fans, que reventaron la pista y la grada del BEC –quedan unas últimas entradas para la cita de hoy– con tantos nervios como ilusión, al igual que nos pareció que ocurría sobre el escenario. El grupo regresó al directo anoche un año y siete meses después de su último concierto en Zaragoza, días antes del anuncio de la marcha de Leire Martínez, pero la cita supuso el reencuentro de Montero con sus colegas y fans tras 19 años de ausencia.
A las 21.35 horas, tras el consabido “un, dos, tres, cuatro” del batería Haritz Garde, arrancó la velada con un celebradísimo 20 de enero, casi dos horas de música que se plantearon como un repaso a los 30 años de carrera de los donostiarras a través de más de 26 canciones, incluida alguna de la época de Leire como vocalista. El murmullo y la expectación de las grandes ocasiones que ya se advertían en las colas para acceder al pabellón se tornaron entrega y cánticos desaforados con Deseos de cosas imposibles y El último vals.
Amaia, de rosa, ajustada en su vestimenta y bien secundada sin estridencias por Haritz, Xabi San Matín (teclas, coros y theremin) y Álvaro Fuentes (bajista), agradeció el ruidoso cariño del reencuentro entre confesiones. “Esta es una vuelta de verdad tras un tiempo en el que pensé que nunca volvería a pisar un escenario. Estaba perdida para la vida y la música pero la lucha ha hecho que vuelva con más ganas e ilusión que nunca”, indicó antes de recordar la banda sonora de entrañables noches y conciertos pasados con Muchas cosas que contar y Perdóname. El cuarteto contó con el apoyo del guitarrista Imanol Goikoetxea como quinto miembro oficioso, sustituto en esta gira del cofundador Pablo Benegas.
Sin sorpresas
Con el aliento de la nostalgia compartido arriba y debajo del escenario, el repertorio elegido no entrañó sorpresa alguna, ya que supuso un repaso por lo más granado y coreado de los donostiarras, especialmente en su etapa de crecimiento y consolidación, cuando Amaia portaba el micrófono. Aunque los fans tuvieron la opción de seleccionar canciones a través de las redes sociales del grupo, al final acabaron sonando las esperadas, clásicos pop mayoritarios de querencia amorosa y algo naif capaces de enamorar a varias generaciones, como pudo advertirse entre el público asistente, mayormente femenino.
Amaia, en buena forma, se mostró entregada en París o Cuéntame al oído, sacando partido a su particular voz de soprano, con el timbre entre lo nasal y aniñado, que provocó aplausos, bailes y coros compartidos, como en la interpretación acútica, solo piano y voz, de Tan guapa.
En el BEC se evidenció la cuidada puesta en escena de la gira, que nos mandó a la discoteca con Pop y mostró a cada músico subido en un estrado circular, como las gogós de antaño. Un sonido prístino y contundente, y un despliegue visual colorista y de última generación aunque algo convencional, impulsaron himnos como La playa y Rosas en la recta final de un concierto que derrapó en la nueva Todos estamos bailando la misma canción, con Amaia en alto y desafinada. A la hora de cerrar esta edición sonaban El 28 y una sorpresiva versión de Nothing Compares 2 U, de Prince, y se esperaban Perdida, Cuídate o Muñeca de trapo.