El yogur es uno de los alimentos más presentes en la alimentación diaria gracias a su versatilidad, su aporte nutricional y sus beneficios para la salud digestiva. Sin embargo, a la hora de elegir en el supermercado, muchas personas dudan entre dos de las opciones más populares: el yogur natural y el yogur griego.

Aunque ambos parten de una base similar, existen diferencias importantes en su composición, textura y valor nutricional que pueden hacer que uno resulte más adecuado según las necesidades de cada persona.

La principal diferencia está en su elaboración

El yogur natural se obtiene mediante la fermentación de la leche con bacterias beneficiosas, mientras que el yogur griego pasa por un proceso adicional de filtrado que elimina parte del suero líquido. Este paso extra da como resultado una textura más espesa y cremosa, además de modificar algunos de sus nutrientes.

Gracias a ese filtrado, el yogur griego suele contener más proteínas y menos carbohidratos que el yogur natural convencional. Sin embargo, también puede tener un mayor contenido de grasa y calorías, especialmente en las versiones tradicionales elaboradas con leche entera.

Por su parte, el yogur natural mantiene una composición más ligera y equilibrada, especialmente cuando se trata de variedades sin azúcar añadido y bajas en grasa.

Yogur con semillas de chía y fresas. Magnific

¿Cuál aporta más beneficios?

Desde el punto de vista nutricional, ambos yogures pueden formar parte de una dieta saludable. Los dos contienen calcio, proteínas, vitaminas del grupo B y probióticos, microorganismos beneficiosos para la microbiota intestinal.

El yogur griego destaca especialmente por su capacidad saciante gracias a su mayor contenido proteico. Esto hace que muchas personas lo utilicen como desayuno, merienda o complemento en dietas enfocadas al control del apetito o al mantenimiento de la masa muscular. Además, suele ser muy valorado por deportistas debido a su aporte de proteínas.

En cambio, el yogur natural puede resultar más adecuado para quienes buscan una opción más ligera o con menor contenido calórico. También suele tener un sabor más ácido y menos denso, algo que muchas personas prefieren en el consumo diario.

El problema de los azúcares añadidos

Uno de los aspectos más importantes al comparar yogures no está tanto en si son griegos o naturales, sino en la cantidad de azúcar añadido que contienen algunas versiones comerciales.

Muchos yogures etiquetados como “griegos” incorporan nata, espesantes o grandes cantidades de azúcar para potenciar su sabor y textura. Lo mismo ocurre con algunos yogures naturales azucarados o con sabores.

Por eso, los expertos recomiendan fijarse en el etiquetado y optar preferiblemente por yogures naturales sin azúcar añadido. En caso de querer aportar más sabor, una alternativa saludable es añadir fruta fresca, frutos secos o canela.

Vaciando un vaso de yogur. Freepik

¿Cuál es mejor para la digestión?

Tanto el yogur natural como el griego contienen fermentos lácticos beneficiosos que pueden ayudar a mejorar la salud intestinal y favorecer la digestión. Además, algunas personas con sensibilidad leve a la lactosa toleran mejor el yogur que otros productos lácteos debido al proceso de fermentación.

El yogur griego, al tener menos suero, también suele contener una cantidad ligeramente menor de lactosa, lo que puede facilitar su digestión en determinados casos.

La elección depende de cada persona

No existe una respuesta única sobre cuál es más saludable. La elección dependerá de las necesidades nutricionales, los objetivos y las preferencias personales de cada consumidor.

Quienes busquen un alimento más saciante y rico en proteínas pueden inclinarse por el yogur griego natural sin azúcar. En cambio, quienes prefieran una opción más ligera y menos calórica pueden optar por el yogur natural tradicional.

En cualquier caso, los nutricionistas coinciden en una recomendación básica: la mejor opción será siempre aquella que tenga menos ingredientes añadidos y un perfil nutricional más simple y natural.