Se presumía la inclusión de tres jugadores del Athletic en la lista definitiva de Luis de la Fuente para el Mundial. Mientras Unai Simón se ha ganado a pulso su presencia en tan señalado evento, Nico Williams y Aymeric Laporte representarían dos casos paradigmáticos en la confección de estas convocatorias. Aunque por diferentes razones, tienen en común que no han completado un buen año, pero De la Fuente cuenta con ambos, valora servicios pretéritos y confía en que repetirán ese nivel del 15 de junio en adelante.

De los dos, Laporte parte con ventaja para satisfacer los deseos del seleccionador. Le favorece que ha actuado con gran frecuencia y sin pegas físicas relevantes desde enero, así como la función que ejerce con España, un bloque dominante, muy ganador, que goza de posesiones altas y donde la línea defensiva suele verse exigida de forma muy esporádica.

La situación de Nico Williams es muy diferente porque, entre pitos y flautas, acumula más de un año (no existe una fecha concreta que marque el origen de sus males) entrando y saliendo de la enfermería. Es de dominio público que lleva muchos meses aquejado de una pubalgia, lesión muy limitante, así como que ha experimentado varios tratamientos y el último supuso que estuvo sin competir casi dos meses. Hace dos semanas sufrió otro percance, que no se dijo si estaba asociado a lo del pubis, y se ha perdido el cierre de la liga.

Esto último no es nuevo. Cerca del final de la campaña 2024-25, Nico no intervino en cinco citas con el Athletic jugándose el acceso a la final de la Europa League y la conquista de la plaza de Champions. Eso sí, fue titular en el choque que clausuró el curso, contra el Barcelona justo la víspera de que De la Fuente comunicase la relación de futbolistas para acudir a la Liga de Naciones. Por supuesto, el extremo rojiblanco fue uno de ellos.

Luego, a mediados de julio, Nico se incorporó a la pretemporada de Lezama. El servicio médico del club informó de que estaba estupendo porque el tratamiento conservador de su pubalgia había ido bien. Comenzó enchufado la liga y fue reclamado por España en septiembre. Acudió con una recomendación para que no fuese forzado, pero acumuló minutos como si nada y volvió lesionado a Bilbao. Ahí empezó el segundo culebrón protagonizado por Nico, el referido a sus pegas físicas. Su final todavía es una incógnita, aunque este lunes el seleccionador vendió tranquilidad: estará para el primero o el segundo partido.

El primer culebrón de Nico Williams fue en verano, en realidad era la segunda parte del proceso que mantuvo en vilo al Athletic y a su afición el verano del año anterior, 2024: el Barcelona deslizó su interés y el jugador mantuvo una postura ambigua; doce meses después, en vez de dejarse querer, optó directamente por flirtear con la entidad catalana, tal como trascendió y nadie desmintió.

Bueno, pues todo esto desembocó en el nuevo contrato extendido por la directiva de Jon Uriarte. Con el acuerdo, Nico se aseguró un régimen económico muy superior al anterior, un avance sustancial sobre las fichas más elevadas del equipo. En teoría, Nico quedaba comprometido con el Athletic hasta 2035, aunque queda por precisar el importe de su cláusula para definir con nitidez el escenario.

¿A qué viene meter en el mismo saco un tremendo contrato, un estado físico precario y las llamadas de España? Sirve para trazar un camino recto que lleva a cuestionar seriamente el trato que el Athletic ha dispensado al jugador en estos dos años, y continúa vigente.

El proceder de Nico es claro, responde a algo tan sencillo como ser consciente de atesorar un gran potencial y una proyección profesional que traspasa fronteras. Asesorado por quien sea o motu propio, o combinadas ambas bazas, ha logrado cuanto pretendía en el Athletic: romper el techo salarial del vestuario y gestionar a conveniencia su participación en el calendario de competición. Mediatizado por sus numerosas indisposiciones, pero asegurando en estas dos campañas la puntual incorporación a la selección española al acabar la competición doméstica.

El rendimiento en los dos primeros años con Valverde le dio realce y un lugar en el escaparate. En el tercero bajaron sus prestaciones y en el cuarto, qué decir: presenta idéntico minutaje que Gorosabel, Navarro o Rego, tres suplentes, y salvo en media docena de partidos, no ha dejado de emitir síntomas de impotencia. Esto sería inviable sin la sobreprotección de que ha gozado.

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Un día, hace unos meses, Valverde explotó y dijo que solo quería que Nico pudiese jugar con normalidad, pero los dirigentes, los mismos que echaron la casa por la ventana para fidelizar al jugador, han transigido con todo, incluido su negativa a pasar por el quirófano. Mikel González llegó a afirmar que operar implicaba riesgo de que perdiese velocidad y se quedó tan ancho. Dijo, asimismo y sin que nadie le preguntase, que Nico le había asegurado que su preferencia no era el Mundial sino el Athletic. En fin.

Cabe pensar en que quien no ha tenido reparos en tensar la cuerda no lo vaya a repetir en el futuro, por ejemplo, si hace un buen Mundial y alguien toca su puerta. Sería el colmo de los colmos. Mientras, podrían explicar en Ibaigane en qué beneficia al Athletic que un lesionado de larga duración acuda al Mundial, en vez de aprovechar el verano para sanar y rendir decentemente el año próximo.