Iñaki Artola (Alegia, 1994) mantiene intacta la frescura de aquel chaval que debutó en junio de 2014. A unos días de pelear por el título del Manomanista, organizado por Aspe y Baiko Pilota, en la final del domingo ante Darío Gómez en el Navarra Arena, el delantero guipuzcoano interrumpe esta entrevista con DEIA entre risas para mostrar la pirotecnia que ensayan en el pueblo. Debajo de esa espontaneidad, además, hay un hombre con la cabeza muy bien amueblada.

Final en Iruñea

Es su tercera final del Manomanista, la segunda consecutiva. La de 2021 no pudo disputarla por lesión, mientras que en la del curso pasado cayó por 22-19 ante Altuna III, quien remontó un 15-19. ¿Qué significa para usted haber llegado a esta final?

—Supone una constatación de mi nivel como pelotari. Espero que de aquí en adelante me ayude a creérmelo, que puedo estar ahí y que no depende de qué adversario te toque o de en qué momento de juego te pille. Me tiene que servir para darme cuenta de que, si yo hago lo mío, puedo estar en la pelea por la txapela. Lo tenía bastante interiorizado, pero ahora un poco más.

Se enfrenta el domingo a un novato en una final como Darío, pero que viene como un tiro. Es el pelotari que, en líneas generales, mejor nivel ha dado de todo el Manomanista.

—Es que juega mucho en la modalidad. Eso es algo que ya sabíamos. Sí que se trata de su primera final, pero el deporte no es solo eso, resultados, sino que en años anteriores también ha sido capaz de ganar a rivales muy complicados con resultados abultados y llamativos. Es un manista muy completo. Parece que él también llega bien y tiene pinta de que será un encuentro muy difícil, eso es indudable. Es lo que se debe esperar de una final del Manomanista de Primera. No hay camino fácil ni corto. El objetivo es grande, el más grande que hay en la pelota, por lo que el rival no puede ser menos.

Sin experiencia en el Navarra Arena

Es la segunda final del Manomanista que se juega en el Navarra Arena, tras la conquistada en 2022 por Unai Laso. ¿Qué opina del escenario?

—Nunca he jugado allí mano a mano, aunque por Parejas sí que he tenido la oportunidad de hacerlo –por ejemplo, la final del Parejas de 2025, que perdió junto a Mariezkurrena II ante Ezkurdia-Rezusta (22-20)–. Diría que cuando cambia la modalidad también lo hace la sensación del frontón. Hay canchas que no son de mi gusto para jugar a parejas y sí para el mano a mano. En ese sentido, no sabría pronunciarme sobre el frontón. Después de la final veremos a quién conviene.

Empezó el Manomanista con una derrota ante Iker Larrazabal (17-22) y en el tercer partido, en el que tenía que dejar a Zabala en 16, abrió con un 0-8 en contra de salida. ¿Hubo algún momento en el que se vio fuera?

—¡Más de una vez! Se habla mucho del partido de Zabala, pero creo que hubo un punto de inflexión en el primer encuentro, porque no tuve buenas sensaciones. Hice buen tanteo, que fue una derrota pero que me permitía la posibilidad de darle la vuelta, pero comprobé que, si seguía por ese camino, no tenía nada que hacer. Fíjese, parece mentira, pero contra Zabala iba 8-0 perdiendo y, sin embargo, me lo creí porque me veía para jugar. En el primero, en cambio, no fue así. 

Iñaki Artola posa en Alegia antes de la final del Manomanista Arnaitz Rubio

Los cambios

Prosiga.

—Perdí y además no me veía, no estaba con juego para entrar en la pelea por una txapela. A día de hoy, y mirándolo con perspectiva, tal vez ha sido una derrota que me ha ayudado. Fíjese, perder de esa manera me ha hecho cambiar cosas en los entrenamientos. A la larga es algo que me ha ayudado. Caer en el primer partido me hizo quitarme los miedos a perder. Me hizo darme cuenta de que lo más importante era darle la vuelta a ese tipo de sensaciones, coger juego y punto. He cambiado un par de cosas en los entrenos que me han venido bien. Si lo hubiera ganado, quizás no estaría hablando aquí. 

¿Qué es lo que cambia en los ensayos para dar un giro radical a su situación competitiva?

—Por un lado, hay que destacar que estuve parado por la fractura del dedo –se rompió la falange distal del anular de la mano izquierda y se perdió las últimas tres jornadas del Parejas, reapareciendo dos meses después–. Uno siempre quiere volver al mismo nivel y disputar el primer partido como estaba antes. Me ha pasado más de una vez. Echas la vista atrás y compruebas que no hay milagros, porque, cuando estás parado, pierdes confianza. El deportista lesionado necesita tiempo. Tener dos semanas entre el primer partido y el segundo me ayudó a introducir un par de buenos entrenamientos. Además, en las sesiones físicas he cambiado de entrenador y el cuerpo necesita acostumbrarse. No se trata de entrenar mejor o peor, sino de que uno mismo necesita adaptarse a la novedad. Me costó al principio, pero ese trabajo inicial es el que me ha dado ese punto bueno ahora.