Mirando prensa de aquí y allá leo una estrambótica entrevista al estrambótico D. Aznar, quien, sin ponerse colorado, proclamó que no podía condenar el régimen franquista porque su padre formó parte de ese bando. Me pareció una casposa disculpa para escaquearse de no criticar lo que desde el fondo de su alma no quiere reprobar. Una cosa es que quienes socialmente te rodean te vinculen con la ideología de tus padres, que ya me costó desprenderme de que mis aitas simpatizaran con el régimen anterior, pero bien diferente es asumir como principio ideológico el de tus progenitores sin ningún titubeo, como si fuera una razón inmutable. Puedes quererlos y respetarlos al tiempo de discrepar de sus ideas, lo cual incluso es de lo más normal, pero asumir que no puedes criticar un régimen fascista, como lo fue el franquismo, porque tu padre simpatizaba con él o, lo que es lo mismo, lo que piensa mi padre va a misa, habla de una manera de ver las cosas simplona y sin la mínima reflexión. Por esa regla de tres, si su padre hubiera sido nazi o estalinista, D. Aznar no podría criticar los regímenes de Hitler o Stalin, pero estoy seguro de que para un tipo como él la derivada genética se concreta en la ideología solo cuando ya la apreciaba, porque, por ejemplo, sigue poniendo a parir al PNV cuando su abuelo, antecesor también y supongo que familiarmente querido, militó en ese partido de joven. Es lo que llaman genética interesada. Ahora empiezo a entender lo que le viene costando condenar el franquismo a la gente del PP. Deben ser todos hijos de franquistas que se justifican por el obligado respeto a sus padres como orden superior a condenar lo que objetivamente fue un régimen fascista, aunque de salida fueran espíritus circunfranquistas. Y tiro porque me toca con la siguiente generación.
- Multimedia
- Servicios
- Participación