Con el fin de la fallida campaña primaveral rusa, la guerra en Ucrania entra en una nueva fase en la que los avances territoriales pierden fuerza ante la magnitud de los masivos bombardeos con misiles y drones contra la retaguardia y las líneas de suministro.

"Los dirigentes de Kiev han decidido abrir una nueva página en su lista de crímenes, al darle nueva forma al conflicto. Es su decisión", aseguró el presidente ruso, Vladímir Putin. Se refería al ataque ucraniano en mayo contra una residencia estudiantil en la anexionada región de Lugansk, donde murieron 21 personas, a lo que Moscú respondió con varios ataques masivos, que se han cobrado la vida de más medio centenar de personas.

A su vez, los drones ucranianos han golpeado este miércoles once regiones rusas, incluido Leningrado y las inmediaciones de San Petersburgo, donde arrancó el Foro Económico Internacional, y el puerto báltico de Kronstadt, donde supuestamente habrían alcanzado una corbeta portamisiles.

Sin noticias en el frente

Mientras, el ejército ruso apenas ha cosechado éxitos en el frente desde que lograra a mediados del pasado año su mayor victoria en más de dos años de guerra con la toma de la ciudad de Pokrovsk (Donetsk).

Pese al deshielo, según el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW), los rusos han avanzado apenas unas decenas de kilómetros cuadrados desde diciembre pasado, comparado con los más de 518 kilómetros cuadrados entre diciembre de 2024 y mayo de 2025. De hecho, según fuentes independientes, han perdido más territorio del que han ganado.

El asesor de la Presidencia ucraniana, Mijailo Podoliak, estima esos avances en mayo en 14 kilómetros cuadrados, a costa de más de 40.000 bajas en las filas enemigas.

La clave, según el ISW, es que Ucrania ha incrementado notablemente la conocida como "zona de muerte" al alcance de los drones, que ahora tienen a tiro ciudades situadas entre 50 y 90 kilómetros del frente. Esto les permite contrarrestar su crónica escasez de hombres.

Castigar la retaguardia ocupada

Los ucranianos llevan meses martilleando la infraestructura energética rusa. Podoliak admitió que el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha ordenado intensificar los ataques contra el sector petrolero, gasístico y químico enemigo orientado a la exportación, es decir, plantas, refinerías y terminales portuarias en los mares Negro y Báltico.

"Para que no haya estos ataques es por lo que continúa la operación militar especial", ha replicado hoy Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, en su rueda de prensa telefónica diaria.

Por ese motivo, según la agencia Bloomberg, la capacidad de procesamiento de combustible en Rusia ha caído a los niveles más bajos en los últimos 16 años, lo que ha provocado restricciones en la compra de gasolina desde Crimea a Moscú.

Con todo, el cambio es que ahora Kiev también está golpeando exitosamente las carreteras y la cadena logística en las regiones ucranianas anexionadas por Moscú, lo que era impensable hasta hace poco.

El objetivo aquí es tanto frenar los avances por tierra, como impedir la llegada tanto de refuerzos como de suministros al frente. Por eso, los ataques tendrían también como diana los centros de adiestramiento rusos en el Donbás y Zaporiyia.

Para ello, Kiev está golpeando con miles de drones de medio alcance la carretera que enlaza la ciudad rusa de Rostov y la península de Crimea, la conocida como R-280 Novorossia, a través de los puertos de Mariúpol y Berdiansk.

Los ataques habrían destruido recientemente gasolineras civiles y militares, y más de un centenar de camiones, lo que ha limitado el flujo de turistas a las playas de la península.

Moscú ve mano negra occidental

Mientras, el jefe del Comité de Instrucción de Rusia, Alexandr Bastrikin, informó a Putin de que los drones que golpean territorio ruso son, en ocasiones, modelos de fabricación occidental o incluyen piezas y elementos de países de la OTAN, como EE.UU., Alemania, Reino Unido, Italia o Turquía.

Además, denunció que en algunos de los drones que golpearon la residencia estudiantil en Lugansk se habían encontrado fragmentos de antenas del sistema satelital Starlink de Ilon Musk, que Moscú no puede utilizar desde hace meses, lo que ha permitido a Kiev recuperar terreno en el sur.

Con todo, Putin se mantiene en sus trece. "Nuestras fuerzas avanzan en todas las direcciones todos los días", afirma. En cuanto a los bombardeos enemigos, admitió, al igual que Zelenski -que se dirigió a EE.UU. para pedir misiles Patriot-, que Moscú necesita reforzar su defensa antiaérea.

Según el portal The Bell, Putin también ignoró las advertencias del Banco Central y el Ministerio de Finanzas sobre que el actual nivel de gasto militar puede acarrear un peligroso déficit presupuestario, que alcanzó el 2,5% del PIB en el primer trimestre pese al alza del petróleo por la guerra en Irán.