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Polina Berezina: “Es especial salir al tapiz y hacer algo con lo que la gente disfrute”

Polina Berezina (Moscú, 1997) es una de las estrellas que estará mañana en el Euskalgym, y llega con el único objetivo de hacer disfrutar al público

Polina Berezina: “Es especial salir al tapiz y hacer algo con lo que la gente disfrute”

Bilbao - Solo seis puestos separaron a Polina Berezina del ansiado billete para los Juegos Olímpicos de Tokio. A pesar de ello, su participación en el último Mundial le confirmó como una de las mejores gimnastas del planeta y ahora tiene entre ceja y ceja lograr una de las cuatro plazas restantes. Acostumbrada a una vida llena de cambios, esta gimnasta de origen ruso y afincada en Valencia dio el curso pasado su gran paso adelante y el Euskalgym será una gran oportunidad para verla en acción.

¿Cómo describiría el Euskalgym?

-Es un evento diferente, otro mundo. Aquí solo vengo a disfrutar, a compartir con la gente toda mi pasión y todo mi amor por este deporte. Vengo aquí porque toda la energía que transmite el público es increíble. Viendo la gente que me está apoyando, me da para una temporada entera, para aguantar el día a día y seguir con ganas de luchar por los objetivos.

¿Recuerda la primera vez que estuvo en este evento?

-Me acuerdo cuando tenía doce o trece años. Obviamente me quedé sorprendidísima al ver toda la gente que venía a este evento a ver a las estrellas hacer sus ejercicios en el mismo tapiz que yo hacía los míos. Para mí fue impresionante y he tenido la suerte de seguir viniendo todos los años. Esto cada vez va a más y se supera cada año.

Ahora Polina Berezina es una de esas estrellas que observan los más pequeños.

-Nunca me he sentido así, ni ahora tampoco. Sin embargo, a todas las niñas que vienen a mí para que les de un consejo o les diga cómo afronto las competiciones, les ayudo en todo lo que pueda. No me siento tan especial para que me adoren tanto las niñas.

El Euskalgym llega después de una de sus mejores temporadas a nivel deportivo.

-Sí, pero ha sido un año realmente difícil. Una gran lucha, muchas horas, sacrificio? pero siempre tuve el objetivo bien claro e iba a por él pasara lo que pasase. Llegué al Mundial más que preparada y pude demostrar todo el trabajo que había hecho durante esta temporada y acercarme más a las plazas de los Juegos Olímpicos. Al final no la conseguí, pero pude lograr otros objetivos como estar entre las 24 mejores del mundo, y el año que viene lucharé por esas plazas.

¿Cómo afronta el reto de clasificarse para Tokio?

-Es el gran objetivo y voy a luchar por ello. Si no lo consigo, por lo menos quiero quedarme con la satisfacción de haberlo dado realmente todo. No estoy ahora ni para rendirme ni para relajarme. Ya estamos preparando los montajes para la nueva temporada y espero estar a mi máximo nivel de cara a las Copas del Mundo.

¿Cuál es su motivación para dedicarse en cuerpo y alma a este deporte tan sacrificado?

-No sé qué me hace pensar en dedicarme a la rítmica, porque sacrificamos muchísimo. Pero es una sensación muy especial salir al tapiz y hacer algo con lo que la gente pueda disfrutar. Es mi forma de comunicarme con la gente a través del trabajo que hago. Es especial y competir es único. Por eso quiero seguir haciendo este deporte y creo que me di cuenta, un poco tarde, de que realmente quería darlo todo por él. Fue a los 18 años cuando me di cuenta de por qué estoy aquí y a dónde quiero llegar.

Aunque suponen muchos sacrificios en el día a día.

-Salir, divertirse con los amigos, tener tiempo para ir al cine, estudiar como la gente normal? no podemos hacerlo porque no tenemos ese tiempo. Pero a nosotras nos recompensa este sacrificio, porque amamos este deporte, y la verdad es que no cambiaría la gimnasia rítmica por lo otro. Mi pasión es esta y prefiero sacrificarme y tratar de estar en unos Juegos Olímpicos.

¿Dónde desarrollo su carrera?

-He tenido muchos cambios en mi vida. He entrenado en Torrevieja, Rusia, Madrid, Benicarló y ahora Valencia. Vinimos a España cuando tenía tres años y ahí fueron mis inicios en la rítmica. Con once años más o menos, tuvimos que irnos a Rusia y estuve unos años entrenando entre los dos países. Venía cada dos o tres meses a España y luego estaba la temporada entera de competición. Cuando terminé los estudios en Rusia y tras entrar en la universidad, me quedé fija aquí y mi familia se quedó en Rusia.