El debate sobre la idoneidad de que Euskadi se convierta en sede de la fase final del Mundial de Fútbol 2030 ha entrado en una fase decisiva. Tras la preselección de San Mamés en Bilbao, las instituciones vascas se enfrentan ahora a la hora de la verdad, que consiste en el análisis de las concretas y severas condiciones que la FIFA ha plasmado en su cuaderno de cargos. La prudencia mostrada por la diputada general de Bizkaia, Elixabete Etxanobe, al reconocer que los nuevos datos aconsejan acometer una profunda reflexión sobre la conveniencia de albergar la cita mundialista, ha sido respaldada con firmeza por el presidente del Bizkai Buru Batzar del PNV, Iñigo Ansola.
Uso exclusivo
El documento de requisitos elaborado por la FIFA estipula un blindaje total del estadio que obligaría a paralizar cualquier otra actividad habitual. El organismo impone un periodo de uso exclusivo ininterrumpido que comienza exactamente treinta días naturales antes del primer partido en la sede correspondiente y termina siete días naturales después del último encuentro vinculado a la competición. Durante estas semanas, el estadio no se podrá destinar bajo ningún concepto a otro fin que no sea el torneo.
Esta exclusividad y control absoluto se extienden también a las instalaciones de entrenamiento requeridas, donde la candidatura ibero-marroquí debe asegurar un mínimo de 72 opciones adecuadas conectadas a hoteles de concentración. Estas subsedes de entrenamiento deberán estar libres de derechos de terceros y completamente limpias de cualquier tipo de publicidad, marketing, señalización o identificación comercial ajena a los socios de la FIFA durante todo el periodo de uso.
Localidades y espacios
En lo que respecta al aforo, San Mamés cumple holgadamente con los 40.000 asientos mínimos exigidos para la fase de grupos y las eliminatorias hasta octavos de final. Sin embargo, el verdadero reto logístico para el estadio bilbaino radica en la enorme cantidad de localidades y espacios que deben reservarse para los compromisos del organismo internacional.
La FIFA reclama un área de servicios preferentes para afiliados comerciales que equivale al 8% del aforo total o a un mínimo de 4.000 asientos para los partidos del grupo local y octavos de final, exigiendo además que al menos el 30% de estos asientos preferentes se distribuya en palcos. Asimismo, se debe habilitar una tribuna VIP exclusiva que disponga de un mínimo de 700 asientos para los partidos de la fase de grupos y de 800 para los octavos de final, con la particularidad de que estas butacas especiales deben contar con una anchura mínima de 60 centímetros para garantizar la comodidad de las autoridades.
Trama urbana
El impacto en la trama urbana que rodea a San Mamés es otro de los puntos críticos que justifican la cautela de las instituciones vascas. La FIFA no solo exige que el campo de juego sea de césped natural con refuerzo híbrido y cuente con avanzados sistemas de calefacción, aspirado y ventilación instantánea de agua, sino que demanda una ingente cantidad de espacio exterior e inmediato para infraestructuras temporales.
Alrededor del recinto urbano se debe instalar un perímetro exterior seguro con zonas de control y espacio suficiente para albergar un complejo de radiotelevisión de 4.000 metros cuadrados, un centro de acreditación de 550 metros cuadrados, un centro de voluntarios de 1.000 metros cuadrados y un centro de venta de entradas de hasta 300 metros cuadrados. Además, el interior del estadio tendría que incorporar de forma obligatoria dos pantallas gigantes de vídeo de al menos 200 metros cuadrados cada una.
Con pies de plomo
Ante este escenario de máximas exigencias, donde la FIFA ya ha advertido formalmente que se reserva el derecho de declarar no apta a cualquier candidatura que no demuestre el cumplimiento de estos requisitos, el Gobierno Vasco, la Diputación de Bizkaia y el Ayuntamiento de Bilbao han optado por actuar con pies de plomo. Las instituciones vascas se están tomando el tiempo necesario para evaluar minuciosamente el cuaderno de cargos de Zúrich.
Tal y como ha zanjado Iñigo Ansola, la decisión final dependerá de determinar si, tras analizar detalladamente el enorme esfuerzo financiero, logístico y de gestión que requiere el evento, realmente merece la pena que el Mundial de 2030 se juegue en Bilbao, priorizando la responsabilidad pública y el beneficio real para el territorio por encima del escaparate internacional.