El termómetro apenas roza los diez grados y el cielo se presenta de un gris plomizo. Aun así, Adrián Bogdan Muntean, de 23 años, no sale de casa sin gafas de sol. No es una elección estética, sino una suerte de escudo contra la hipersensibilidad sensorial: la luz le molesta muchísimo, al igual que el ruido. Y no es el único, comparte este rasgo con otras tantas personas del espectro autista que hoy, Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, reivindican el fin del estigma.

En Bizkaia, alrededor de 20.000 personas presentan condiciones del espectro autista. Es la estimación que maneja la psicóloga Raquel Sedano, directora del área clínica de Apnabi Autismo Bizkaia, asociación nacida en la década de los setenta para mejorar la calidad de vida de este colectivo en el territorio. 

Desde entonces, se han registrado avances notables tanto en el diagnóstico como en los apoyos. Pero aún queda trabajo por hacer, incluso en la propia definición de qué es exactamente el autismo.  En esa línea, Sedano subraya que aunque los manuales diagnósticos concretan que es un trastorno del neurodesarrollo, en Apnabi prefieren hablar de condición.

La ansiedad por no encajar

“Nosotros hablamos de condición autística. Esto quiere decir que hay algunas áreas de funcionamiento a la persona que tienen otro tipo de funcionamiento diferente, peculiar, o que nosotros observamos y decimos que son alteraciones de la comunicación social”, explica. 

A su lado, Adrián asiente. “Existe el humano neurotípico y el humano autista. Somos el mismo animal, pero funcionamos de manera diferente”, añade. Dice, además, que si bien hay muchas personas autistas que sufren muchísimo por el mero hecho de serlo, ese sufrimiento tiene como origen un entorno en el que no se sienten comprendidos. En su caso, admite que en un primer momento hubo un muro entre él y su familia. No entendían qué le estaba ocurriendo y por qué. Con el paso del tiempo, han ido adquiriendo recursos y herramientas para cuidarle mejor. 

Sedano coincide con él. De hecho, afirma que el gran problema del autismo no es la condición en sí, sino la ansiedad que genera el querer encajar en un mundo que no está hecho a su medida. “Esa ansiedad es lo que puede llevar a pensar: prefiero saber qué es lo que tengo que hacer hoy, prefiero que no se me alteren los planes… porque, si no, es vivir en un caos, sin saber qué es lo que va a venir”, señala.

Eso sí, la psicóloga insiste en que esa presunta rigidez, si bien puede ser una característica común, corre el riesgo de convertirse en mito al trasladarla indistintamente a todas las personas con autismo que, según recalca, “tiene manifestaciones muy, muy diversas”

La escuela, ¿un entorno hostil?

Esta doble entrevista tiene lugar en el municipio donde reside Adrián, Zalla. El transporte público le resulta un ensordecedor enjambre de ruidos y luces. Algo parecido le ocurrió con el instituto, que abandonó cuando cursaba 4º de la ESO porque le resultaba un entorno hostil. “Siempre me ha resultado fácil encajar o parecer normal, pero nunca he tenido buena tolerancia sensorial y llegó un momento en el que ya no podía más. Salía de clase y me quedaba sentado en el pasillo. No podía funcionar”, señala. 

Pudo, sin embargo, retomar sus estudios y concluir la Educación Secundaria Obligatoria a distancia. Después, realizó varios cursos de portavocía –quienes le conocen destacan que es un orador soberbio– y de desarrollo web. 

Fue entonces, cuando abandonó el instituto, a los 16 años, cuando Adrián recibió su diagnóstico definitivo de autismo por parte de Apnabi. Confiesa que sintió cierto alivio al conocerlo. Aunque ya sospechaba lo que ocurría, el diagnóstico le abrió la puerta para explicarse mejor ante los demás: “Por fin. Por fin puedo explicar que no funciono porque sí, sino que hay un motivo por el que me cuesta tanto funcionar”.

Por su lado, la directora del Área Clínica de Apnabi subraya que un diagnóstico temprano siempre redundará en una mejora de la calidad de vida de la persona con autismo. “Aún hay muchas familias que, en consultas de pediatría, comparten indicios de alerta sobre sus hijos y reciben respuestas como cada niño evoluciona a su ritmo, vamos a esperar a ver qué pasa. Y ahí estamos perdiendo un tiempo precioso para poder iniciar una intervención temprana”, advierte. 

Las mujeres: el 31% de las nuevas incorporaciones a Apnabi en 2025

Este, dice, es uno de los principales cuellos de botella en el proceso de determinar cuándo alguien presenta autismo. En ese sentido, la asociación lleva años alertando de que los diagnósticos pueden demorarse durante años, una problemática que afecta a las mujeres de manera particular, ya que persisten sesgos de género en la mirada clínica. “Venimos arrastrando la idea, heredada del ámbito médico, de que la prevalencia es de una mujer por cada cuatro hombres”, concreta. 

Los datos más recientes cuestionan esta visión: el 31 % de las nuevas incorporaciones a Apnabi en 2025 fueron mujeres. “¿Qué ocurre en el caso de las mujeres? Que, como en otros ámbitos de la sanidad y de los sistemas sociales, la perspectiva de género ha estado ausente o poco considerada”, denuncia Sedano. 

Además, tradicionalmente, la mayoría de estudios sobre autismo se han hecho con hombres, al representar los casos que más se diagnosticaban.  “Por tanto, toda la referencia que teníamos para realizar un diagnóstico reflejaba la presentación típica en un hombre. Pero sabemos que las mujeres presentan otras peculiaridades: a nivel cognitivo, en el procesamiento, en sus intereses… y además existen roles que la sociedad sigue exigiéndonos. Por eso, suelen ser diagnosticadas más tarde”, concluye la psicóloga

Retos: educación, participación activa, mundo laboral...

Independientemente del género, recalca que las personas con autismo suelen verse forzadas a asumir etiquetas que no siempre las representan. Mitos como la presunta rigidez, la falta de empatía o el comportamiento antisocial no se reflejan, en el caso de Adrián, en absoluto. Asimismo, todavía siguen afrontando retos que afectan a todas las esferas de la vida. Entre ellos, el joven destaca que, a su juicio, no se les tiene en cuenta en la toma de decisiones. Cree que las políticas dirigidas a ellos deberían al menos contar con su opinión y reclama más participación activa

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Por su parte, Raquel Sedano recuerda que los sistemas “tienen la obligación de adaptarse para que todas las personas con autismo puedan ejercer sus derechos”. Del mismo modo, reclama a las instituciones que se garantice la existencia de un sistema sanitario “que atienda a todos y a todas, con entornos amigables, accesibles y profesionales”. 

Recuerda también “el papel fundamental” del sistema educativo en el desarrollo humano de todas las personas, pero subraya que para personas como Adrián puede convertirse en un entorno hostil que genera trauma complejo, repetido día a día. “Lo mismo ocurre con el sistema social y laboral: la vida adulta debería permitir incorporarse al empleo, contar con vivienda y desarrollar autonomía. En todos estos ámbitos, aún queda mucho por hacer”, zanja Sedano.