Mi ama, de 81 años, acaba de ser operada de una prótesis de rodilla en el Hospital de Urduliz. La intervención ha sido un éxito rotundo, pero lo que de verdad nos ha llenado ha sido el mimo, la profesionalidad y la humanidad con la que ha sido tratada, incluso en estos momentos de reivindicaciones y tensiones, en especial por el personal de la Segunda Planta en la que ha estado ingresada. En cada turno, cada enfermero/a, médico, auxiliar o personal de limpieza entraba en la habitación esbozando una sonrisa y cuidandola no solo con una competencia impecable, sino con un cariño y cercanía que hacían olvidar dónde estábamos. Nos han demostrado que, por encima de las dificultades, lo que les mueve es la vocación y el corazón.

Por eso, en plenos paros y movilizaciones médicas, me parece de justicia romper una lanza a su favor. A menudo, el legítimo enfado de los pacientes por el colapso del sistema (también la intervención de ama fue retrasada en la huelga anterior) se dirige erróneamente hacia las batas blancas, cuando el verdadero responsable es una gestión que no cuida a sus profesionales. Cuando arremetemos contra los/as médicos en huelga, ¿alguien se ha molestado en escuchar qué reclaman o cuáles son sus condiciones laborales? Intuyo que no. No podemos olvidar lo que nos jugamos: el deterioro de lo público nos empuja hacia un modelo privado, al estilo americano, donde la salud es un negocio que solo puede pagar quien tiene dinero.

Creo que en Euskadi tenemos una Sanidad pública envidiable, pero para mantenerla, Osakidetza debe escuchar y cuidar a su personal. Nuestro apoyo, empatía y profundo agradecimiento debe estar hoy con ellos y ellas. Defender sus derechos es, en realidad, defender nuestra salud y la dignidad de quienes nos cuidan.