Un "fuera de juego" administrativo: el muro de la FIFA que frena la integración en Otxarkoaga
La interpretación de su reglamento excluye de las competiciones a los menores extranjeros tutelados por la Diputación
La interpretación que desde esta temporada se realiza del artículo 19.2.d del Reglamento sobre el Estatuto y la Transferencia de Jugadores de la FIFA está dejando a decenas de menores extranjeros no acompañados tutelados sin la posibilidad de competir con sus compañeros en los terrenos de juego. En esa normativa se permiten cinco excepciones y en el punto d se precisa que podrán inscribirse menores en las competiciones deportivas cuando hayan huido de su país por “razones de carácter humanitario” tanto si su vida o libertad están amenazadas por razones de raza, religión o pertenencia a un determinado grupo social como si hay otra circunstancia que ponga en peligro su vida.
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En ese mismo epígrafe se apunta que si el menor tiene la certificación como solicitante de asilo o de personas vulnerable, por las autoridades competentes, “podrá ser inscrito por un club exclusivamente aficionado”. Sin embargo, desde el organismo internacional sólo están admitiendo las fichas relativas a los menores solicitantes de asilo, aunque desde la Diputación Foral de Bizkaia señalan que los menores tutelados tienen la catalogación de “vulnerable”.
La manera en la que la FIFA entiende su propia normativa está dejando afectados por el camino. Bien lo saben en el bilbaino barriode Otxarkoaga, el fútbol es mucho más que un deporte; es una herramienta de supervivencia, valores y cohesión social. Sin embargo, el Club Deportivo Otxartabe, una entidad con una amplia trayectoria en el trabajo comunitario, ha alzado la voz ante una situación que califica de retroceso en derechos ya consolidados. Decenas de menores extranjeros no acompañados, que se encuentran bajo la tutela de la Administración pública, tienen prácticamente prohibido jugar partidos oficiales debido a un cambio de criterio en la normativa de la FIFA.
El conflicto nace de la exigencia de acreditar la condición de "refugiado" o "persona protegida" para tramitar las licencias federativas, según el artículo 19.2.d del Reglamento de la FIFA. La realidad jurídica de estos jóvenes en el Estado es muy distinta: están protegidos por la Ley Orgánica de Protección Civil, no por el sistema de asilo. Aunque cuentan con residencia legal, están escolarizados y plenamente integrados, se les impone un requisito administrativo que no les corresponde y que las propias instituciones no pueden certificar por razones de protección de datos.
Referente en el club
Mohssine Elhadadi, coordinador del club y referente para estos jóvenes tras haber llegado él mismo a Bilbao con 14 años, vive esta frustración a diario en los campos. Su testimonio revela una contradicción burocrática absurda: los menores cuentan con pasaporte, empadronamiento y la tutela oficial de la Diputación, documentos con los que incluso podrían acceder legalmente al mercado laboral, pero que no les sirven para disputar un partido de fútbol. "Estamos hablando de chavales que entrenan toda la semana con su equipo y que el fin de semana no pueden jugar", lamenta mientras destaca que los partidos que juega el CD Otxartabe no son profesionales ni entre sus objetivos está realizar “traspasos internacionales” de los futbolistas que solamente desean disfrutar en los terrenos de juego
Esta barrera administrativa genera una brecha de desigualdad evidente. Mientras que a un chico local se le tramita la licencia en apenas cinco minutos, los menores tutelados ven cómo llega el mes de abril sin haber podido debutar, lo que provoca que muchos terminen abandonando el deporte por pura desesperación. Aunque la Federación Vizcaina de Fútbol otorga fichas provisionales para ligas territoriales, la Federación Vasca y la Española bloquean cualquier posibilidad de ascenso a categorías nacionales o selecciones si no se cumple el rígido estándar de la FIFA y de su interpretación de su normativa de protección de menores, que es cómo se denomina el artículo 19.
Retroceso social
Esta situación provocada por el organismo internacional contrasta con los pasos adelante que se venían gestando en Euskadi porque tal y como recuerdan desde el CD Otxartabe en 2014 consiguieron el respaldo del Gobierno vasco para dar pasos adelante en la integración de los menores tutelados en las competiciones deportivas federadas y durante años se había logrado la participación de estos jóvenes en “condiciones normalizadas”.
La participación en competiciones deportivas supone una vía de inclusión para los menores extranjeros no acompañados que están tutelados por la Diputación Foral de Bizkaia. Y en CD Otxartabe entienden que para estos jóvenes jugar a fútbol un sábado o un domingo no les va a crear una “carrera profesional” sino que es “una herramienta de integración” en la sociedad del Territorio Histórico. Por ello, la decisión de la FIFA supone que “se les deja fuera del sistema”.
"En Bizkaia no hemos tenido ningún problema, pero hemos ido a jugar torneos fuera y en muchas ocasiones hemos recibido insultos racistas"
Además del muro burocrático, el club se enfrenta a la hostilidad social. Mohssine, quien también es entrenador en División de Honor, denuncia que el racismo sigue presente en las gradas con insultos graves hacia él y sus jugadores. A pesar de los protocolos, a menudo los árbitros aseguran no haber escuchado nada, obligando al club a amenazar con abandonar el terreno de juego para que se tomen medidas. Ante este panorama, el C.D. Otxartabe ha recurrido al Consejo Superior de Deportes y al Defensor del Pueblo para exigir que el deporte base vuelva a ser un derecho garantizado para todos, sin importar su origen.
Un equipo a medias
La rigidez de esta normativa no es cuestión abstracta; tiene nombres y apellidos dentro del vestuario del Otxartabe. Actualmente, el club cuenta con cuatro jugadores que se encuentran en este limbo burocrático, entrenando martes y jueves sin la esperanza de vestirse de corto el fin de semana. Esta situación ha fracturado la dinámica del grupo, ya que el equipo se ve obligado a comenzar las competiciones sin tener su plantilla completa disponible para jugar.
La frustración es palpable en cada entrenamiento cuando chicos de 14, 15 y 16 años preguntan constantemente cuando llegará su turno. "Muchos lo han dejado", lamenta Mohssine, señalando que la falta de una solución rápida está empujando a estos jóvenes fuera del sistema deportivo que debería acogerlos. Al final, el club se encuentra en una posición agridulce: cumplen con su labor social de integrar y formar, pero no pueden ofrecerles la recompensa de la competición, dejando a cuatro de sus futbolistas como meros espectadores de su propio esfuerzo.