El pasado sábado se desplegó una gran alfombra en Barcelona en la noche de los Goya. Esa misma mañana se desenrollaron otras dos, colocadas en un cuidadoso proceso de cuatro horas sobre una parte de los viñedos de txakoli plantados en la ladera sur del Cerro del Castillo de Balmaseda por Alfredo Egia. El viticultor encartado, la asociación cultural Orexinal de la villa y la asociación agroecológica Mutur Beltz de Karrantza unen fuerzas en un proyecto que analizará el rendimiento de la lana de oveja autóctona carranzana como alternativa biodegradable al plástico agrícola.

Así, se estudiará “su impacto en la conservación de la humedad, la regulación térmica del suelo y la mejora de su estructura en una iniciativa que busca valorizar un recurso local, fomentar la economía circular y avanzar en prácticas alineadas con los principios de la agricultura regenerativa”, desgranaron Joseba Edesa y Laurita Siles, fundadores de Mutur Beltz, galardonado en 2025 con uno de los Hemendik Sariak de Enkarterri.

Desde 2023 van brotando “1.200 plantas en una superficie de aproximadamente 2.000 metros cuadrados, con tres o cuatro racimos por cada cepa” de la variedad Cabernet Franc, cuyo origen genético vinculan a Euskadi “los estudios más concluyentes”. La iniciativa se enmarca en la vertiente de socialización del arraigo cultural del Cerro del Castillo dentro de la puesta en valor derivada del convenio suscrito en 2020 entre el Ayuntamiento de Balmaseda y la Cátedra UNESCO de Paisajes Culturales y Patrimonio de la EHU que también contempla las excavaciones arqueológicas en la fortaleza de origen medieval que ya dominaba Balmaseda al menos en el siglo X.

Gracias al empeño de la asociación Orexinal las instituciones se han implicado en sacar a la luz vestigios del pasado de la villa que incluyen un cuartel construido durante la primera guerra carlista en cinco campañas arqueológicas que arrancaron en 2021. En la última el verano pasado empezó a dejarse ver la torre que se alzó en la plataforma superior del recinto. Tras la incorporación de Alfredo Egia, la llegada de Mutur Beltz viene a completar el círculo.

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“Ion me convenció”, recordó Joseba Edesa refiriéndose a Ion Rodríguez, integrante de Orexinal que se puso en contacto, asimismo con Bodegas Otazu para indagar más sobre iniciativas en la misma línea que la empresa lleva a cabo en colaboración con la Universidad Pública de Navarra. Bajo la premisa de reforzar las sinergias dentro de Enkarterri, la idea es monitorizar “cómo va resultando” el sistema que propicia que “la lana vaya desintegrándose al cabo de los años”, añadió Joseba, quien transportó a Balmaseda dos alfombras: una puramente de lana y otra “más duradera, con una lámina interior”. Entre las propiedades de ambas, “atraen a los microorganismos, mantienen de forma más óptima la humedad evitando la evaporación, disminuyen la cantidad de hierba que crece y se convierten en esponjas porque pueden llegar a absorber hasta tres o cuatro veces su peso en agua”.

Con el nombre de Lur Mantoa Mutur Beltz, que el jueves impartirá dos talleres en el museo Guggenheim, subirá esta herramienta entre los productos a la venta en su tienda on-line. De momento, la prueba arroja resultados prometedores. El sábado una simpática mariquita ya se posó sobre la manta de color gris.