Pese a que la noticia de su adiós aún estuviese calentita, parece lógico que durante el partido contra el Betis la atención estuviese centrada en el desarrollo del juego y no en la figura de Ernesto Valverde. Al margen de que faltan por celebrarse varios partidos en San Mamés y la despedida es un trámite que normalmente coincide con el último día de trabajo, no puede obviarse que el anuncio del entrenador tuvo unos efectos evidentes e inmediatos. Y el primero de todos sería muy común, más en estos tiempos de móviles y redes sociales: hacer pública una decisión consigue que esta pierda fuerza con enorme celeridad.
Bien, Valverde ha dicho que deja el puesto, ahora ya lo sabemos (y además era una posibilidad que mucha gente ya manejaba o preveía), así que, qué más hay, qué viene luego. El segundo efecto consistiría en que, pese a que Valverde continúe ejerciendo sus funciones hasta mediados de mayo, el interés cambia de sujeto, el foco se mueve de lugar: lo que realmente preocupa o mantiene tenso al personal es conocer, descubrir, desentrañar la identidad del próximo inquilino del banquillo, y a poder ser rápido, claro.
Desde la mañana del viernes es la pregunta del millón, la más escuchada en el entorno del club o en la calle, que viene a ser lo mismo. Formulada de diferentes maneras, pero todas intentando dar con el nombre del profesional que tomará el testigo de Valverde según concluya la presente campaña. ¿Quién viene, a quién van a traer, será Iraola, ya querrá o preferirá escalar en la Premier? Y así, con Iraola, Iñigo Pérez y un sinfín de candidatos mezclados en la conversación, lleva la afición cuatro días sin parar. Un período que, por supuesto, englobó la previa, el post y los noventa minutos largos que duró el Athletic-Betis. Sin embargo, mientras el balón estuvo rodando, todos los sentidos se dedicaron a escudriñar cuanto ocurría sobre la hierba.
Se trataba de descubrir cómo habría sentado la noticia en el vestuario, cuál sería la respuesta de unos jugadores que no dejan de alabar la figura de Valverde y hasta se atreven a señalarle como el mejor entrenador de la historia de la entidad. No es que olviden, es que son muy jóvenes y desconocen el contenido de esa historia y a muchas de las personas que la hicieron posible. De ahí procede la osadía. Pero esto último es anecdótico. Lo cierto es que la decepcionante marcha del equipo se sometía a un nuevo examen; frente a uno de los más firmes aspirantes a plaza europea, el Athletic gestionaba la enésima oportunidad de levantar el vuelo, que Europa no queda tan alejada…
Sin conclusiones
Quizá sea excesivo otorgar esa importancia a una jornada concreta, aunque la liga haya entrado en su recta final, puesto que está demostrado que el equipo va muy justo de regularidad. No es fiable. Ni se sabe el número, pero acumula varios amagos de reacción que enseguida se desvanecieron. Victorias o actuaciones convincentes que el equipo enterró a los pocos días cayendo en la vulgaridad y la impotencia. Por ello no merece la pena hacerse ilusiones y extraer conclusiones en clave optimista a raíz de una tarde o noche donde los rojiblancos son capaces de ofrecer una imagen reconocible de sí mismos.
Así todo, se entiende que cueste resistirse a establecer una relación entre el rendimiento de los jugadores y lo del adiós de quien les dirige. Pero, lo dicho, se recomienda no pontificar, no dar nada por seguro, postura que le cuesta adoptar al aficionado o choca con sus reacciones. El domingo, por ejemplo, las palmas de las manos enrojecieron para despedir a Oihan Sancet en su paseíllo hacia la banda al ser relevado. Sí, dejó una serie de pinceladas interesantes, emuló al Sancet que se busca en vano desde agosto, hasta marcó y no fue a balón parado, pero San Mamés aplaude agradecido al chico que debe establecer diferencias, pero no un día sino con frecuencia.
En conjunto, el partido tuvo un nivel aceptable en un contexto condicionado por las numerosas decepciones acumuladas desde el verano. Esa impresión positiva no impidió sin embargo que los errores fuesen una constante en las evoluciones del equipo y que, para variar, otra vez resolver el compromiso con un mínimo de holgura se convirtiese en un imposible. Eso sí, el hecho de que el Betis flojease es problema del Betis: los de Manuel Pellegrini, como los de aquí, saben que pasearse por Europa no sale gratis, se suele pagar en el ámbito doméstico.