Un mes después volvió el Athletic a degustar el sabor del triunfo. Sin realizar un gran partido, fue mejor que un Betis muy desdibujado de entrada que luego despertaría. Pero como viene siendo costumbre a lo largo de la temporada, tampoco este domingo pudo San Mamés recrearse en exceso con lo presenciado. Hubo momentos que alegraron el ojo del aficionado, que hicieron concebir esperanzas de que se asistiría a un encuentro relativamente tranquilo y que, además de por el marcador, no faltarían detalles y sensaciones para el disfrute. En suma, el equipo, con algunas de sus piezas más inspiradas, amagó durante varias fases con cerrar exitosamente una semana diferente, donde todo el mundo ha tenido razones para opinar o juzgar lo que se cuece en el seno del club. La cita reclamaba por ello un broche en clave positiva. Lo hubo, pero el espectáculo no fue completo. Es difícil experimentar una transformación de un día para otro, incluso queriendo los protagonistas dar amparo y mostrar su identificación con la persona que les ha dirigido los últimos cuatro años.
Era normal que hubiese curiosidad por ver cómo reaccionaba el grupo o cómo le influiría la noticia servida por Ernesto Valverde. Su nombre llevaba muchas horas acaparando conversaciones y pensamientos, era el monotema que ocupaba a la totalidad de los estamentos del club. Empezando por el vestuario, lugar que reúne a los protagonistas estelares del negocio, los encargados de aportar luz en la coyuntura creada al conocerse el adiós del jefe. Luz inaplazable, pues ya solo por cuestiones clasificatorias la cita poseía un enorme valor.
Partía el Athletic de la duodécima posición y recibía al conjunto que ha cogido el testigo de los rojiblancos y está emulando lo que estos realizaron la pasada campaña en liga y en Europa. Se auguraba por tanto una pelea complicada, tensa, y convenía impedir que la situación se enrareciese aún más después de los últimos marcadores adversos y el anuncio del míster. Los posibles temores se fueron difuminando y antes del descanso, todo, las sensaciones en general, pero especialmente el resultado, daban pie a confiar en una victoria reconfortante y obtenida por una vía más sencilla de lo previsto.
Homenaje a Iñaki Williams
Dos goles, ambos facilitados por pases del capitán, que fue homenajeado en los prolegómenos, hicieron creer al personal que nada había que temer, que el asunto estaba liquidado y que acaso el adversario estuviese abonando el peaje de competir en Europa entre semana, inconveniente que el Athletic ha vivido en sus carnes. Lo cierto fue que Manuel Pellegrini movió sus resortes y le cambió la cara al encuentro en la reanudación. De nuevo asomaron los fantasmas. El Betis acortó distancias y propinó un susto morrocotudo neutralizando la desventaja en un abrir y cerrar de ojos. El VAR paró el golpe al señalar posición de fuera de juego del autor del empate y el último tramo discurrió sin mayores sobresaltos.
La tarde arrancó alegre con el brío que imprimió el Athletic a sus evoluciones a lomos de un Sancet con ganas de armarla y el bloque empujando con decisión. También sucedía que el Betis hallaba resquicios para contragolpear en buena medida porque los errores se sucedían y provocaban pérdidas que obligaban a recular a toda prisa. La voluntad no bastaba ante el déficit de precisión de las maniobras locales, menos mal que el Betis daba síntomas de estar como empachado, pesado y con una acusada propensión al fallo estúpido. Sancet probó enseguida a Pau López, a raíz de un robo, pero la ofensiva careció de profundidad.
Dominio del Athletic
Dominaba el Athletic, con un rival resignado que ni siquiera reaccionó cuando Vivian, pisando la frontal cruzó a cesión de Williams y estableció la primera ventaja. En la otra punta del campo, cero noticias, de modo que bueno, faltaba afinar y, por supuesto, insistir. Y cuando tocaba irse al intermedio con cara de circunstancias por no haber sabido exprimir a fondo la flojera bética, Galarreta sirvió al espacio para el capitán, este controló y cedió para que Sancet, con la izquierda, conectase un remate lejos del alcance del portero. Una horrible cesión de Gómez casi eleva a Sancet a los altares, pero Pau López anduvo más rápido.
Estupendo, la cosa había adquirido un tono realmente sugerente desde la perspectiva de un Athletic que a esas alturas del partido no suele gozar de semejante margen. Al Betis le correspondía asumir responsabilidades y su técnico no se anduvo por las ramas: triple cambio, nuevo dibujo y la batuta para Fornals. Y bien que interpretó ese rol, logró conectar a todas las líneas y generar dudas en un Athletic que aún contó con varias intervenciones de Sancet para hacer que el juego fuese en dos direcciones. Berenguer pudo ampliar a tres el colchón, pero en adelante el peligro corrió por cuenta del Betis y Simón se lució ante Abde.
Para entonces Valverde quiso proteger su estructura: Vesga y Jauregizar por Galarreta y Guruzeta. Más cemento porque el campo se iba inclinando hacia el área propia. Un golpe franco, magníficamente ejecutado por Fornals, trajo el miedo a La Catedral, que en cuestión de un puñado de segundos se sumió en el silencio viendo a Bakambu empujar a la red un pase de Bellerín. Estaba el Athletic aturdido y poco faltó para que aquello se convirtiese en un funeral. Por fortuna, el goleador se encontraba adelantado y el árbitro anuló el lance. Fue el canto del cisne de un Betis sin fuelle para superar el esfuerzo postrero del Athletic. Dudó Valverde en la gestión de los últimos relevos, pero el conjunto apretó los dientes para que la jornada se saldase con un éxito. Falta hacía.