El Athletic regresó de Mallorca con una derrota que casi siempre pareció evitable, incluso en las fases más críticas de un partido donde, sin ninguna duda, le tocó ejercer el papel de perro flaco. Más allá de las deficiencias que afloraron en su rendimiento, el factor que realmente le condenó a una derrota cruel y muy desagradable fue el criterio de los jueces. En la prolongada dinámica descendente de los rojiblancos este sábado irrumpió un agente que en general hasta la fecha había pasado desapercibido hasta la fecha y al que, atendiendo al recital que ofreció en Son Moix, debería catalogarse como un cuerpo extraño, un intruso en mitad de un partido de élite. Resulta grave la capacidad del estamento arbitral para alterar de manera tan grosera el desarrollo de la competición. Esta vez lo pagó el conjunto de Ernesto Valverde con dos penaltis, a cada cual más discutible, y un amplio capítulo de amonestaciones que le dejó en inferioridad para afrontar el tramo final, ya con el resultado en contra.
Las opiniones de los futbolistas locales preguntados a pie de campo despejaban cualquier atisbo de duda. Venían de experimentar en sus carnes el desatino de los árbitros en la jornada anterior y no tuvieron reparos en cuestionar la legitimidad de los penaltis que este sábado les facilitaron la conquista de tres puntos de oro. Hablaron de fútbol moderno, penaltito y algún otro término el estilo para describir la deriva en que se ha sumido este espectáculo. Aunque quien sobresalió con un pronunciamiento alto y claro fue Valverde y no para referirse al colegiado y los vídeos del VAR: justo antes de retirarse al vestuario en el descanso no pudo reprimirse y encadenó una retahíla de juramentos lamentando que sus hombres solo lograsen un empate en el primer acto.
Y es que el contenido de dicho período constituiría una muestra ilustrativa de lo que es el fútbol del Athletic este curso. Alcanzó el intermedio con empate a dos goles: los propios hacen un número interesante para ser lejos de casa, no así los ajenos. Pero por encima del resultado es obligado apuntar dos cosas: el Mallorca era un flan, no pudo disimularlo desde el inicio, incurrió en una cantidad incontable de errores con balón y posicionales, especialmente atrás. Saltaba a la vista que era un coladero, como suele decirse, de lo cual se beneficiaron los rojiblancos para equilibrar los tantos locales con enorme celeridad, igual que ocurriese contra la Cultural Leonesa, pero no para adquirir ventaja. A cada golpe replicaron con un golpe, pero lo malo es que, en una serie de llegadas y remates en situación ventajosa, tuvieron a huevo haber causado un destrozo en el marcador y encarrilado el triunfo.
En el duelo de necesitados pronto salió a relucir la existencia de las diferencias de nivel. Resultó patente que los problemas que acosan al Mallorca son, en conjunto, mucho más graves que los detectados en las filas del Athletic. Al menos, tal fue la sensación que dejó el juego mientras el nervio estuvo calmado, aunque también con el 3-2 volvieron a salir a la palestra las vergüenzas de la tropa de Jagoba Arrasate. El hombre tiene mucho currelo por delante, pero asimismo tres puntos extra que alivian levemente el lastre que soporta.
Yuri fue quien estrenó el apartado de llegadas. Ni unos ni otros daban síntomas de seguridad en el arranque. Ver al Mallorca maniobrar era un poema, pero Muriqi exhibió su pegada en una contra que retrató el sistema defensivo visitante. Curiosamente, la ventaja no trajo serenidad, el anfitrión dejó vendido a Leo Román cuando Guruzeta y Unai intercambiaron posiciones y este remató a placer llegando por el centro del área. Durante un buen rato, el Athletic creció y halló auténticos boquetes para colonizar zona de remate, pero Nico, Unai Gómez, Galarreta, Unai y Guruzeta no acertaron.
La pelota les quemaba a los isleños y enfrente se percibía dinamismo, pero el partido entró en una fase más anodina hasta que, de repente, los del VAR avisaron al árbitro de una acción ocurrida un poco antes, un centro de Joseph en dirección a Muriqi que Vivian interceptó con un brazo. No lo tenía del todo pegado al cuerpo porque es imposible en carrera, pero le pegó tras leve desvío de Yuri. Dio igual, el del silbato no dudó, penalti: Muriqi tiró horrible, Simón adivinó la dirección pero no pudo sujetar y el ariete fusiló lanzándose al suelo. Tres minutos después, Nico Williams y Unai trazaban una pared que retrataba a la zaga mallorquina mientras el primero colocaba el balón lejos de Leo Román.
Nuevo empate y vuelta a empezar. La reanudación se abrió con susto: Simón ganó en su salida el duelo a Samu Costa. El Mallorca contemporizaba, los centrales jugueteaban con su portero, no tenían prisa o no se querían asumir riesgo alguno; el Athletic, atento y siendo más incisivo en sus posesiones. A la hora, para variar, cambios de Valverde: ingresaron los titulares que este sábado dejaron de serlo, Iñaki Williams y Sancet. El objetivo continuaba estando asequible, se buscaba frescura para sentenciar, ninguno pudo aportarla, pese a que Galarreta era el dueño del centro del campo.
Y nueva interrupción, el VAR buscaba mayor protagonismo aún y a fe que lo consiguió. Había apreciado un leve toque con una mano de Yuri en una disputa aérea con Muriqi. Nadie del Mallorca reclamó. Un detalle nimio que los jueces se encargaron de sobredimensionar para poder así señalar los once metros. Las quejas de los rojiblancos fueron en vano y Muriqi no se anduvo con chiquitas: fuerte, cruzado y por arriba. 3-2 y antes del saque de centro, Guruzeta, que tenía amarilla, vio la segunda, por hablar, no se sabe qué, y de postre, roja para Lekue, que estaba en el banquillo.
Con diez en escena y tres cambios más, el Athletic buscó la heroica. Concedió un puñado de contras al Mallorca, pero fueron Iñaki Williams y Vivian quienes acariciaron el gol que acaso hubiese servido de consuelo en una tarde exasperante.