Un abrir y cerrar de ojos, en apenas siete minutos, el Athletic cavó su tumba en Mallorca. Y no lo hizo por voluntad propia, ni mucho menos, pues contó con la inexcusable ayuda de José Luis Guzmán Mansilla, al que se le fue el partido de las manos, nunca mejor dicho, y acabó desquiciando a todo el conjunto rojiblanco. Un show que lo inició en la primera mitad, gracias a la intervención del VAR, y que culminó, como si de su obra maestra se tratara, mediado el segundo acto. En el segundo partido que dirigía a los leones, el trencilla entró con letras mayúsculas en la historia de la entidad bilbaina por su capacidad para desenfundar tarjetas, como si de una película de cine western se tratara.

El desencadenante fue el más que riguroso penalti que señaló, por mano, de Yuri Berchiche. Una acción que el árbitro vio en directo, a no mucha distancia de donde se produjo la supuesta infracción, y que consideró que no era punible. Corría entonces el minuto 63 de partido, minuto 62:41 en concreto, y casi cinco después, tras una larguísima y tensa espera y revisión de VAR mediante, pitó penalti.

Una acción que nace de una disputa aérea entre Vedat Muriqi y Yuri Berchiche, en la que el kosovar desestabilizó en el salto al guipuzcoano, empujándole hacia abajo, lo que provocó que el jugador del Athletic estirara los brazos para mantener el equilibrio. Acto seguido, el balón golpeó en la mano izquierda de Yuri, con este de espaldas sin poder ver el cabezazo del atacante del Mallorca.

Tan clara fue la acción, nótese la ironía, que Guzmán Mansilla tardó un mundo y más en tomar la decisión de señalar penalti después de tener todas las repeticiones habidas y por haber a su disposición. 

La locura

Muriqi no falló en esta ocasión desde el punto de penalti. Engañó a Unai Simón y el Athletic acabó desquiciado en medio de la locura en que se convirtieron esos nueve minutos fatídicos. El primero en ser expulsado fue, para su sorpresa, Gorka Guruzeta. Con una amarilla y dispuesto a sacar de centro, algo debió decirle al árbitro, que le mostró la segunda cartulina. Acto seguido, con el delantero sin entender nada, se dirigió enérgico al banquillo y expulsó al segundo capitán, a Iñigo Lekue.

Tuvo tiempo también para amonestar a Oihan Sancet, Unai Gómez y Adama Boiro. Todo ello en un abrir y cerrar de ojos, para sorpresa de propios y extraños. Y no echó a nadie más por vergüenza torera, la que tuvo para señalar ambos penaltis.

Riguroso también

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Porque en la primera parte también señaló una pena máxima que deja muchas dudas. Sí, el balón golpeó en la mano de Dani Vivian, pero el esférico llegó de un rechace de Yuri Berchiche que hizo que no tuviera tiempo de quitarse de la trayectoria del balón. Tampoco decidió señalar nada en directo y tuvo que ser avisado por el VAR. Incluso llegó a parar el partido, algo muy poco habitual. Incluso entonces se tomó su tiempo. Tres minutos y medio. Aunque Simón le adivinó las intenciones a Muriqi, este le batió en el rechace.

En fin, que el Athletic acabó desquiciado, seguramente con razón, si bien hay cuestiones que deben medirse en el vestuario. No es normal que en apenas cinco días hasta dos futbolistas sean expulsados por protestar. Sin duda, síntoma del nerviosismo que se vive en la caseta ante los malos resultados.