El partido del Athletic contra el Barcelona comenzó a jugarse a más de 4.000 kilómetros de Bizkaia, en Costa de Marfil, y 24 horas antes de que este diera comienzo. En concreto, en el mismo instante en el que el vibrante encuentro entre Gambia y Camerún de la Copa Africana de Naciones tocó a su fin en la noche del martes. Arrancó entonces una cuenta atrás que acabó poco antes del mediodía, cuando Iñaki Williams aterrizó en el aeropuerto de Bilbao para unirse acto seguido a la concentración del equipo en un céntrico hotel de la villa. Un ejercicio de compromiso absoluto con el club y un chute de moral para sus compañeros tras un viaje de más de doce horas que le llevó primero de la capital costa marfileña a París y después, en vuelo privado, hasta Bilbao. Equipo y afición se contagiaron del espíritu del atacante bilbaino, que nunca da un balón por perdido, que incluso en los momentos más complicado saca fuerzas de flaqueza. Y así, noqueó al Barcelona en un partido de infarto. Lo hizo, además, con gol del mayor de los Williams. ¡Qué bueno que viniste!

De paso, el conjunto bilbaino le regaló a su afición otra noche histórica, de esas que se guardan en la memoria, pues no resulta nada sencillo alcanzar cinco semifinales de un gran torneo de manera consecutiva.

San Mamés asistió a un clásico que no se quiso perder casi nadie, ni el anteriormente citado Iñaki Williams. Pero tampoco los jóvenes canteranos del Athletic como Unai Gómez y Mikel Jauregizar, protagonistas también saliendo desde el banquillo en un partido que se decidió en la prórroga. Pero todo cambió al descanso. Ernesto Valverde, del que Xavi Hernández bien haría en aprender algunas cuantas cosas, entre ellas a manejarse en las ruedas de prensa, tiró del manual del veterano y minimizó al aún aprendiz.

Ayudó también que el Athletic cejase en su empeño por meter al Barcelona en el partido, algo que hizo gracias a los errores propios, que parecían olvidados, pero que han asomado con cierta preocupación en sus dos últimos encuentros. Tiene trabajo ahí Txingurri, al que le bastó con un par de modificaciones, un plus de intensidad de sus futbolistas y la entrada de Unai Gómez para coger las riendas de un choque que comenzó a las mil maravillas con el gol de Gorka Guruzeta, pero que se puso cuesta arriba después con la rápida remontada culé. Gómez, que acabaría siendo sustituido por molestias, cedió el testigo a Mikel Jauregizar, su vecino, cuya actuación fue decisiva, pues de un robo suyo nació el tercer gol rojiblanco.

Valverde dio con la tecla. Se quitó una espina que tenía clavada, pues en las dos ocasiones previas en las que el Barça se había cruzado en su camino en Copa como técnico del Athletic, nunca había sido capaz de apear al equipo al que dirigió y del que le dieron la patada cuando lideraba la liga. De paso, el conjunto bilbaino sigue con su inquebrantable caminar en el torneo del K.O. Su racha no parece tener fin y ya son 25 las eliminatorias que, de manera consecutiva, ha superado a partido único. En la fotografía de tres de ellas el rival ha sido el mismo, el Barcelona, el equipo que en otras tantas ocasiones le ha dejado con la miel en los labios y le ha impedido alzar el título copero en la final.

El análisis de José Manuel Monje

El análisis de José Manuel Monje José Manuel Monje

El conjunto rojiblanco se está tomando sus particulares venganzas. Quizá tarde, aunque ya saben, nunca lo es si la dicha es buena. Por lo pronto, mañana viernes su nombre figurará en el sorteo de las semifinales y, por qué no, quizá le aguarde esa gran revancha que tanto se aguarda en Bilbao. Pero antes, que pase el siguiente camino de la final de Copa del 6 de abril en el estadio de La Cartuja de Sevilla.

La cifra

250

El nuevo San Mamés celebró anoche su partido 250 del primer equipo masculino del Athletic. Lo hizo, además, en una noche para la historia. Hasta la fecha, tras ser inaugurado en agosto de 2013, el campo ha acogido 200 citas de liga, 24 de Copa, 20 de Europa League, 4 de Champions y 1 de Supercopa.