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FaceApp: ¿un punto de inflexión?

09.02.2020 | 10:45
FaceApp

La primera generación de Internet pasaremos a la historia por nuestra pasividad ante nuestra privacidad. El enésimo ejemplo que ha expuesto esto ha sido la aplicación FaceApp. Hace unos días, esta aplicación móvil se convertía en uno de los términos más buscados en Google en buena parte de los países del mundo. Si no la conoces aún, será porque no frecuentas mucho las redes sociales.

Al principio todo fue bien. El mundo entero se lo pasó maravillosamente mientras veía a famosos, amigas y familiares en su vejez virtual. Pero todo cambió cuando supimos que los desarrolladores de la aplicación estaban en Rusia. Algunos medios, con cierto carácter impulsivo, titularon su noticia con la cesión a los rusos de nuestras fotografías. Esto se convertía en delicado al hablar de nuestra cara, un dato biométrico calificado como de categoría especial cuando se procesa. La aplicación utiliza redes neuronales desarrolladas con técnicas de inteligencia artificial para provocar los efectos de cambio generacional que queremos (vernos más jóvenes o proyectarnos a una edad más avanzada). Las redes neuronales de aprendizaje profundo, si las dejamos aprendiendo contra grandes volúmenes de bases de datos de imágenes de personas, son capaces de aprender detalles muy precisos. De ahí el realismo que produce la aplicación, y la atención que ha captado en las redes sociales.

Hemos reaccionado a esta aplicación, pero son decenas de miles las que hacen lo mismo. De hecho, el texto de las políticas de uso y privacidad de FaceApp es bastante estándar. Incluso, menos comprometido que el de otras. Por otro lado, la aplicación rusa se ha defendido diciendo que no solicitan ningún identificador personal. Pero sí acceden, recogen y monitorizan identificadores de dispositivo (que pudiera ser el IMEI del móvil o el IMSI de la SIM). No será difícil asociar eso a un contenido creado (una imagen sin identificación) en un dispositivo móvil. Hemos sabido también que tiene menos sensores -trackers- y accede a menos recursos sensibles que otras aplicaciones. Son un total de 6 trackers y 10 permisos (3 peligrosos). Muchos menos que otras. En Facebook no solo nos identificamos personalmente, sino que sabemos que registra hasta por dónde pasamos el ratón. Instagram tiene acceso a nuestros mensajes privados.

Pero, ¿y qué y quiénes rastrean datos en FaceApp? Facebook Analytics, Google Ads, Facebook Login, Accounkit, Google CrashLytics y Google Firebase Analytics. Es decir, Facebook y Google. ¿Y qué 3 permisos peligrosos damos? Acceso a la cámara, lectura del contenido de la tarjeta SD y modificación de dicho contenido. Todo esto naturalmente es un contrato de adhesión; lo coges o lo dejas. Si les preocupa, recuerden que esta aplicación hace cosas estándares.

La falta de conocimiento de las aplicaciones que usamos en el día a día ha traído a que se haya metido mucho el término Rusia en las conversaciones. Sin embargo, los servidores que procesan las imágenes son norteamericanos (de Amazon y Google concretamente). La falta de conocimiento del nivel de sensibilidad de los datos ha llevado también a que se explique que como no nos piden identificador personal, al final una cara nunca puede ser asociada. Ya hemos visto antes cómo esto no es así (por los identificadores de dispositivo). Además, los rasgos de una cara son datos difícilmente mutables a una determinada edad.

Pero esta falta de conocimiento ha venido acompañada de una reacción más reflexiva. ¿Deben las autoridades permitir que haya aplicaciones que siembren estas dudas en la población? ¿Lo permitimos cuando hablamos de fármacos o alimentos? ¿Por qué para aplicaciones móviles entonces sí? ¿Estaremos viviendo un punto de inflexión en cuanto a nuestra irritabilidad por nuestra privacidad?

Quizás algún día, antes de instalar una aplicación, miremos cómo de adaptada está al RGPD y la amenaza legal que representa. También algún día reinará el principio de minimización de datos: solo recopilar los datos que son necesarios para cumplir con la finalidad buscada. Está en nuestras manos cuándo llegará ese momento. Nuestro mayor poder siempre será el consumo.

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