"La primavera ha venido y nadie sabe cómo ha sido” es parte de un poema de Antonio Machado, pero lo que plantea no sería extrapolable a la situación que lleva semanas manteniendo en vilo al Athletic. Y es que, a dos jornadas de bajar la persiana es posible establecer dónde se halla el origen de este sinvivir y no es anteayer precisamente. No cabe sostener que “nadie sabe cómo ha sido”, no, la penosa “primavera” del Athletic se veía venir desde meses atrás.
De hecho, un Ernesto Valverde tenso como nunca no tuvo inconveniente en señalar tiempos pretéritos, muy lejanos, para reconocer que ya desde entonces él era consciente de que algo no iba bien y podía derivar en el agobio actual. Hombre, quizás las sospechas no conducían a un escenario tan negativo, pero fue obvio su deseo de subrayar que a él no le pilla por sorpresa.
Antes de abandonar el RCDE Stadium aseguró que el “altísimo nivel de preocupación” que sentía en ese preciso instante, nada más caer contra el peor equipo de 2026, era idéntico al que ya tenía hace “cuatro o cinco meses”. Revelación nos retrotrae a diciembre o enero, casualmente cuando el Espanyol inició su particular caída libre.
Pero no se quedó ahí Valverde, fue más lejos aún y refrescó un mensaje lanzado en el arranque mismo de la competición. Se refería, o eso se entendió, a aquellas declaraciones en que deslizó que la Champions no era el torneo del Athletic, que los esfuerzos y desvelos debían concentrarse en la liga, la que da de comer año tras año. “Venía diciéndolo desde principio de la temporada y me han criticado mucho por ello”, remató.
Probablemente esta insinuación realista, que acaso denotaba cierta prevención y que por desgracia se ha revelado fundamentada, sonó mal en muchos oídos. Seguro que en absoluto pretendió despreciar a nadie ni a nada, solo intentó emitir un aviso: no merecía la pena enamorarse de la Champions, cegarse con la parafernalia del gran montaje de la UEFA si eso implicaba olvidarse de la liga o distraerse en exceso.
Valverde, con su dilatado recorrido en la élite, debería ser consciente de que ese tipo de reflexiones suelen ir a contracorriente y son objeto de censura. Generan desaprobación, equivalen a echar agua al vino. Como apunta, probablemente muchos se preguntaron por qué cuestionaba el valor de una plaza en el principal escaparate del fútbol de clubes, esa generosa fuente de ingresos extra. Encima, en el año donde el Athletic, según sus responsables, había puesto a su disposición una plantilla envidiable, de garantías, con recursos varios y muy válidos para cubrir la totalidad de las demarcaciones.
Vale, ese escepticismo que expresó en el otoño estaba cargado de razón, pero la pregunta ineludible es qué medidas adoptó para contrarrestar el desinflamiento que intuía. Vale que los dirigentes o en la calle no se quisiera ver que los futbolistas se habían exprimido en las dos campañas previas y el índice de dificultad de la agenda que tocaba gestionar iba a exigir un esfuerzo superior; que la inmensa mayoría no están habituados a soportar un ritmo elevado a lo largo de tres ejercicios consecutivos.
Bien, pero él lo tenía claro, presentía el riesgo de que el proyecto pinchase y, sin embargo, la impresión resultante de analizar el devenir de todos estos meses sería que todo ha continuado funcionando igual que en la época en que la cosa iba sobre ruedas. Ha apostado a tope por un grupo de gente que fue importante y este año no le ha respondido. Mismas caras, mismos cambios, mismas variantes; en suma, el mismo plan y la misma condescendencia con unos mientras el resto contaba muy poco. Menos mal que tenía un plantillón.