Durante largas décadas, los equipos que se enfrentaban al Athletic siempre ponían en valor la atmosfera que se respiraba en el viejo San Mamés. Un campo único, icónico por el arco que preside ahora Lezama. Construido en distintas etapas hasta que adquirió su forma más o menos definitiva coincidiendo con el Mundial de 1982, dejó de utilizarse en la primavera de 2013.

Desde septiembre de ese mismo año el conjunto rojiblanco juega sus encuentros como local en la nueva Catedral, que ha visto pasar por en los últimos tiempos a varios de los mejores equipos de la actualidad, como son el PSG y el Arsenal, finalistas ambos de la Champions, y también históricos como el Manchester United, por citar a algunos.

BUENOS RECUERDOS

Claro que las comodidades del nuevo campo y los distintos requerimientos de seguridad han hecho que se haya perdido esa esencia que ha acompañado siempre al Athletic en sus partidos como local. De hecho, son muchos quienes guardan mejores recuerdos en lo que al ambiente se refiere del viejo San Mamés.

Eso mismo sucede con uno de los mejores porteros que ha tenido LaLiga en el siglo XXI, que no es otro que Sergio Asenjo. El exfutbolista, formado en la cantera del Vallalodid y que jugó después en el Atlético de Madrid, el Málaga y el Villarreal, para volver al equipo que le catapultó a la fama para colgar las botas, se ha deshecho en elogios hacia viejo San Mamés.

NI EL BERNABÉU NI EL CAMP NOU

En una entrevista en el programa Somos Pizarritas de Radio Marca, el exguardameta es cuestionado por el estadio que más le impactó durante su etapa como jugador y, lejos de señalar al Santiago Bernabéu o el Camp Nou, dice quedarse con el viejo San Mamés.

"El Camp Nou y el Bernabéu son imponentes por lo grandes que son y por a quién te enfrentas. Pero recuerdo con mucha ilusión y emoción el visitar el antiguo San Mamés", sostiene Asenjo, para sorpresa de varios de los entrevistadores.

AROMA AÑEJO

Acto seguido, el exportero, que se enfrentó a lo largo de su carrera al Athletic en 17 ocasiones, si bien solo tres de ellas en la vieja Catedral, al que solo ganó en dos ocasiones, con un balance de ocho empates y siete derrotas, explica sus motivos.

"Esos vestuarios, ese fútbol que no había evolucionado todavía. Que nos teníamos como que apartar, que se cambiasen los titulares y luego los suplentes. Los muros cerca, la gente... Lo recuerdo en plan: ¡qué chulo! ¡Qué fútbol más añejo!".