Diez años de una ley que cuida la Casa Vasca
Hace una década, Euskadi aprobó una ley que no nació para inventar una realidad nueva, sino para reconocer una realidad que ya estaba, y muy viva: el Tercer Sector Social de Euskadi (TSSE). Una realidad construida durante años por asociaciones, fundaciones, cooperativas de iniciativa social, redes, profesionales y personas voluntarias que, desde la cercanía, han sostenido derechos, cuidados e inclusión y han tejido comunidad.
En este X aniversario conviene decirlo con claridad: la Ley del TSSE fue posible por el esfuerzo, la visión y el compromiso de muchas personas. De quienes, desde el propio sector, defendieron con perseverancia la necesidad de contar con un marco jurídico propio. De quienes, desde las instituciones, entendieron que esa reivindicación no era corporativa, sino profundamente democrática. Y de quienes supieron tender puentes entre lo público y lo social para convertir la confianza en norma, la experiencia en política pública y la participación en una forma de construir país.
Nos gusta pensar esta ley desde una visión política y antropológica para ponerla en valor: la Casa Vasca. Una casa no se sostiene solo con paredes, normas o presupuestos. Se sostiene con vínculos. Con confianza. Con cuidados. Con compromiso. Con personas que no miran hacia otro lado cuando alguien necesita apoyo. El Tercer Sector Social es una parte esencial de esa Casa Vasca: abre puertas, acompaña vidas, detecta fragilidades, defiende derechos y ayuda a que nadie se quede fuera.
Los datos muestran su dimensión: más de cuatro mil organizaciones, 45.000 profesionales y una fuerza voluntaria inmensa, 168.000 personas, que expresa lo mejor de nuestra sociedad. Pero detrás de cada cifra hay rostros, historias, barrios, pueblos, familias y proyectos. Hay presencia donde más falta hace. Hay escucha antes de que la persona se convierta en expediente. Hay innovación social, participación, denuncia, acompañamiento y esperanza.
Estos diez años permiten hacer balance. Entre las aportaciones de la ley está haber dado definición, reconocimiento y visibilidad al sector; haber consolidado espacios de diálogo civil; haber reforzado la cooperación público-social; y haber situado al Tercer Sector Social como interlocutor legítimo en las políticas de bienestar. La ley ha contribuido a ordenar, nombrar y fortalecer una realidad plural, diversa y muy arraigada en Euskadi.
También hemos aprendido que una ley no basta por sí sola. Una ley necesita voluntad política, desarrollo, seguimiento, recursos y cultura de colaboración. Necesita pasar del papel a la práctica cotidiana. Necesita mesas de diálogo que no sean solo formales, sino útiles; participación que incida de verdad; evaluación compartida; y una mirada estratégica que permita anticipar retos, no solo responder urgencias.
Y esos retos son grandes. Vivimos una sociedad atravesada por nuevas vulnerabilidades, por la soledad no deseada, por el envejecimiento, por la emancipación difícil de las personas jóvenes, por la transformación digital, por desigualdades persistentes y por cambios demográficos que nos interpelan de lleno. Tanto desde el Departamento de Bienestar, Juventud y Reto Demográfico, como desde Sareen Sarea, sabemos que ninguna institución puede afrontar todo esto sola. Necesitamos servicios públicos sólidos, sí, pero también comunidad organizada, proximidad, participación y corresponsabilidad.
Por eso, este décimo aniversario no debe ser solo una conmemoración. Debe ser una renovación del compromiso. Con el diálogo civil. Con el modelo comunitario. Con el voluntariado. Con la sostenibilidad de las entidades. Con la colaboración leal entre administraciones y redes de la sociedad civil. Con una agenda común que ponga en el centro el bienestar, la dignidad, la autonomía, la igualdad y la vida buena de todas las personas.
La Ley del Tercer Sector Social de Euskadi nos dejó una lección que sigue plenamente vigente: el bienestar no se construye solo desde arriba. Se construye entre todos y todas. Desde las instituciones, desde la comunidad organizada, desde los barrios, desde los cuidados y desde la responsabilidad compartida.
Diez años después, queremos agradecer a quienes abrieron camino, a quienes lo han sostenido y a quienes seguirán ensanchándolo. Porque el Tercer Sector Social no solo acompaña a Euskadi: ayuda a construirla. Ayuda a cuidar nuestra Casa Vasca. Y esa tarea merece reconocimiento, apoyo y futuro.
Consejera de Bienestar, Juventud y Reto Demográfico del Gobierno Vasco