De vez en cuando, cada mucho tiempo, en el mundo brota un genio que incluso sin pretenderlo establece un antes y un después en la concepción y el desarrollo de los hechos posteriores. Personas que traen consigo revoluciones que perduran hasta la eternidad. Johan Cruyff fue una de esas figuras capaces de alterar el orden e imponer la innovación. Tipos contraculturales que sin embargo imponen una nueva cultura a través de metodologías dotadas de estética y resultados que logran asentar nuevos modelos para generaciones posteriores. Legado, es la palabra de define a Cruyff, un jugador excelso dotado de una técnica y una velocidad angelicales, uno de los mejores que se han conocido. Era además un visionario que con su transformación en entrenador se convirtió a su vez en uno de los hombres más influyentes de la historia del deporte. Con su fallecimiento el 24 de marzo de 2016, el fútbol quedó huérfano del icono de la modernidad. Aquel día, su legado alcanzó la inmortalidad.

Hoy en día no hay conversación profunda sobre modelos tácticos que no haga referencia a Cruyff y su estilo de juego, aquel manual que logró plasmar en el Ajax y el Barcelona como paradigma del juego más próximo a la perfección. La propuesta partía de su obsesión por la lógica del juego, partiendo de principios básicos: el fútbol son veintidós personas que persiguen un balón; de modo que contra más tiempo se tenga el esférico, menor será la exposición al peligro de encajar un gol y mayores serán las opciones de poder trasladar el esférico a la portería rival. “Si tienes la pelota, no es preciso que defiendas, porque solo hay una pelota”, repetía. Un adalid de las ofensivas.

Por eso, Cruyff buscaba recuperar rápido el cuero, en situaciones próximas al área del equipo contrario. Consideraba que defender hacia delante era más sencillo que hacerlo reculando. Además, los robos provocaban inmediatas transiciones en lugares más cercanos a las zonas de peligro, de manera que no era necesaria tanta elaboración ni desgaste físico para generar ocasiones de gol. “Mis delanteros solo deben correr 15 metros, a no ser que sean estúpidos o estén durmiendo…”, decía.

Otro de los retos era acaparar la posesión el mayor tiempo posible mediante la ocupación de los espacios libres y los pases cortos con pocos toques para no poner en riesgo el balón y ganar capacidad sorpresiva. “Si tocas de primera juegas muy bien. Si tocas dos veces la pelota, bien. Si la tocas tres, mal”, comentaba. Se trataba de someter al rival a una persecución del esférico, de provocar asfixia. El efecto psicológico de correr sin balón potencia el agotamiento físico.

Johan Cruyff, como técnico del Barcelona.

Johan Cruyff, como técnico del Barcelona. EFE

"Jugar un fútbol simpe es lo más difícil"

“Jugar al fútbol es muy simple, pero jugar un fútbol simple es lo más difícil”, proclamaba a los cuatro vientos. Él consiguió hacer de lo difícil algo sencillo. Para él, el mejor futbolista no es el que más corre, sino el que más rápido piensa. Porque la inteligencia, consideraba, prevalece sobre el poderío físico. “El fútbol es un juego que se juega con el cerebro. Debes estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado. Ni demasiado pronto ni demasiado tarde”, defendía Cruyff, que cuestionaba el concepto de velocidad que se venía aplicando: “¿Qué es la velocidad? La prensa a menudo confunde velocidad con anticipación. Mira, si me pongo a correr un poco antes que los demás, parezco más rápido”. Además, como argumentaba, el balón siempre es más veloz que cualquier jugador, por lo que es la pelota la que debe correr.

Como evoca José Mari Bakero, excapitán del Barça de Cruyff, en una entrevista concedida al Sport, el neerlandés “creó lo que se llama especialistas posicionales. Nos fue colocando en la orquesta a cada uno. A partir de ahí, la música comenzó a sonar”. Su poder de convicción cautivó allí donde entrenó.

Herederos del 'Cruyffismo'

En la actualidad, sin embargo, predomina el fútbol físico. Pero son muchos los equipos que practican la presión alta para provocar recuperaciones rápidas. El Paris Saint-Germain o el Manchester City, cuyos técnicos mamaron de la escuela Cruyffista y que son recientes dominadores de Europa, proponen un estilo que Cruyff aprendió en la Naranja Mecánica que era la Holanda de la década de los 70 y el Ajax, ambos dirigidos por Rinus Michels, quien aplicó un estilo que pasó a ser conocido como Fútbol Total, uno de los estrategas más prominentes de la historia.

Como jugador, Cruyff conquistó tres Balones de Oro, tres Copas de Europa, dos Supercopas de Europa, ocho Ligas y cinco Copas con el Ajax. Después vistió la camiseta del Barcelona, donde logró una Liga y una Copa. Además, fue subcampeón mundial con Holanda. Colgó las botas en el Feyenoord, en 1984. El dorsal 14 más popular del balompié quedó colgado en un vestuario. Y entonces nació la leyenda del Cruyff entrenador.

El 'Dream Team'

Inició su trayectoria como técnico en el Ajax para posteriormente recalar en el banquillo del Barcelona, donde construyó el Dream Team. Conquistó cuatro ligas consecutivas y la primera Copa de Europa del club culé, lo que provocó un cambio de mentalidad. Transformó la cultura de la entidad. El Barça se tornó en un club ganador. Cruyff era la fuente de inspiración. Pero su estilo trascendió de la capital catalana. El Cruyffismo se extendió como una plaga. Era el espejo para cualquier entrenador, la pasión de cualquier amante del fútbol.

“Es mejor caer con nuestro propio punto de vista que con el de otra persona”, subrayó. Unas palabras que resumen su filosofía, la inquebrantable fidelidad de sus convicciones. Cruyff dio importancia al cómo, adoptando antes una digna derrota que un éxito basado en ideas ajenas o incluso cobardes. Como manifestó en una autobiografía publicada después de su muerte, que llegó a los 68 años víctima de un cáncer de pulmón, “soy un atacante, no temo a nadie y estoy acostumbrado a crear. Por eso nunca he tenido vergüenza”. Por eso, como subrayó ante sus pupilos, “salid y disfrutad, prefiero ganar 5-4 que 1-0”.