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Histórico olvidado

Luz Zalduegi, una pionera de mirada serena y paso firme

Fue la primera mujer veterinaria del País Vasco, una profesional con peso específico en la ciencia vasca

Luz Zalduegi, una pionera de mirada serena y paso firme

Mallabia, un pequeño pueblo de Bizkaia cuyas casas respiran la historia de la misma tierra, fue el lugar donde el 1 de junio de 1914 nació Luz Zalduegi Gabilondo. En el caserío Aretxuaetxebarria del barrio Osma, Luz fue la menor de cuatro hermanos –Miguel-Félix, Florencio, Pilar y ella– hijos de Félix Zalduegi Aguinaga, secretario del municipio, y Josefa Gabilondo Iriondo. En medio de aquel paisaje de praderas y establos, donde la ganadería marcaba el tiempo de las estaciones, comenzó a gestarse el germen de una vocación que nadie, en aquel entonces, hubiera considerado corriente para una mujer.

El mundo académico, entonces, era un territorio de hombres: auditorio repleto de voces masculinas, bibliotecas dominadas por nombres grabados en bronce, becarios que soñaban con fórmulas y bisturíes. Sin embargo, Luz, con apenas dieciséis años, decidió caminar en sentido contrario: en 1930 se matriculó en la Escuela Superior de Veterinaria de Madrid, donde el eco de sus pasos resonó junto a otras tres mujeres entre casi doscientos alumnos. Fue la primera en cursar oficialmente estas enseñanzas y, con su compromiso, abrió una grieta en el muro de la tradición y el prejuicio.

Pese a que su familia le propuso estudiar magisterio y su hermano le pidió que fuese por libre, sacó la carrera

La joven Zalduegi no escogió la veterinaria por capricho, ni por moda intelectual, sino por fascinación por la vida misma: por las bacterias que se esconden tras una vacuna, por el arte silencioso de observar un animal enfermo y por el anhelo de comprender la materia viva. Fue, el suyo, un acto de valentía cotidiana: asistir a las clases, superar las reticencias familiares –su hermano incluso la instó a cursar el primer año “por libre” como oyente– y persistir hasta vencer cualquier duda. En 1935 Luz terminó la carrera con calificación de sobresaliente. La primera mujer vasca que lo hacía.

La contienda de 1936 la obligó a volver a su tierra natal. Mientras los bombardeos desgarraban el cielo del País Vasco, Luz aceptó la responsabilidad de inspeccionar los comedores sociales organizados por el Gobierno vasco para alimentar a quienes huían de la violencia. Entre ondas de artillería se movía con la misma determinación con la que había asumido sus estudios: calmada, firme, incrustada en el fragor de una guerra que no eligió, pero que ejerció como otro laboratorio de humanidad. Más tarde, como Inspectora Municipal Veterinaria en Bermeo y en Eibar, aplicó sus conocimientos a la bromatología de pescados y leche, vigilando mercados, puertos y fábricas de conservas, es decir, velando por la salud pública desde la sanidad alimentaria.

En Marruecos se enfrentó a los prejuicios de una mujer en ese campo y llegó a trabajar ‘gratis et amore’ como veterinaria

Tras la Guerra Civil, Luz y su compañero de vida, Leandro Carbonero Bravo, decidieron presentarse a las oposiciones para un destino en el Protectorado de Marruecos. Pero la discriminación surgió de inmediato: el presidente del tribunal, aunque sin prohibición explícita, le advirtió que aquel puesto “no era adecuado para una mujer”. Aun así, cuando su marido obtuvo la plaza y se establecieron en Alcazarquivir, Luz continuó su vocación gratis et amore, como si aquel oficio no tuviera género.

De regreso en 1945, Luz aprobó las oposiciones al Cuerpo Nacional Veterinario y trabajó en la investigación de la fiebre aftosa, que entonces suponía serio riesgo sanitario. Hizo de su carrera una lección de perseverancia académica, de rigor profesional y de compromiso ético con la ciencia pública. Luz nunca olvidó sus raíces vascas. Su legado se extendió a la siguiente generación: su hija Pilar Carbonero Zalduegi, inspirada por la vida de su madre, se convirtió en una reconocida ingeniera agrónoma y, en 2003, en la primera mujer en ingresar en la Real Academia de Ingeniería de España. Falleció en Madrid el 15 de julio de 2003, a los 89 años.