En la sala de espera de cierto ambulatorio de Bilbao, la enfermera llama a Amancio Ortega. El personal se levanta. Se producen giros de cuello. Y cuchicheos. Amancio Ortega está acostumbrado. “A veces, de cachondeo, me piden que les lleve unos trapitos de la tienda, que no me cuesta nada”, comenta.
Por supuesto, nuestro Amancio Ortega no tiene relación alguna con el famoso multimillonario gallego fundador de Inditex. Ortega es un apellido corriente en la zona de Lerma (Burgos) de donde proviene su familia. “Mis padres labraban las tierras hasta que mi hermana mayor, que ya trabajaba en Bilbao, les encontró empleo como porteros en un finca del centro”, recuerda. Lo del patronímico es harina de otro costal. “Cuando nací, una prima de mi madre se iba casar con un novio que se llamaba Amancio, lo propuso y gustó; luego, el tipo desapareció, pero yo me quedé con el nombre”, explica. A cuenta de aquel novio fugado, Amancio se ha habituado a que le miren con cara de sorpresa cada vez que le presentan a alguien. O cuando le llega el turno donde sea.
Amancio, que fue rubio y melenudo, explica con su biografía una época de Bilbao. Llegó al Botxo con sus padres a los ocho años. Creció en una manzana de Alameda de Rekalde, cerca de la Alhóndiga. Estudió en las Escuelas de Concha (Colegio Público Juan Manuel Sánchez Marcos). Solía ver a la que fue conocida como La Loca de Arriquibar “tejiendo punto todos los días”. En el portal en el que él vivía eran vecinos Sebastián de la Fuente, famoso propietario de ultramarinos, y dos importantes empresarios industriales más.
A Amancio, que como su nombre indica era buen futbolista, le quiso fichar el Acero de Olabeaga, pero se quedó en el Begoña y se empleó como botones en el Carlton. Se trataba del único hotel grande que había por entonces en Bilbao. “Ganaba más en propinas que con el sueldo” porque los americanos eran generosos y los artistas, futbolistas y toreros pasaban por allí, igual que los equipos de la Vuelta Ciclista. Luego abrieron el Ercilla. Pero, para entonces, Amancio Ortega se había colocado en Gorlan, una herrería cuyo taller se encontraba cerca de las Escuelas de Uribarri. “Entré allí y allí me he jubilado, hacíamos verjas, forjados, de todo”, cuenta con orgullo de compañero del metal. Considerada en su día como la quinta mejor pequeña empresa de Bizkaia, evolucionó desde trabajos artesanales de hierro hasta instalaciones de aluminio y cristal. Hoy en día, el pabellón de Talleres Gorlan, que puede presumir de haber tenido a Amancio Ortega en nómina, se encuentra en Loiu.
Hace años, al regresar a la casa del pueblo con motivo de unas vacaciones, se encontró una sorpresa en el buzón de voz del teléfono fijo, que, como es natural, estaba a nombre de Amancio Ortega. “La misma persona con un acento raro había dejado dos mensajes en días distintos diciendo que era un cura que estaba intentando construir un poblado en Chiapas y que me pedía una colaboración de un millón de pesetas, que era mucho dinero por entonces”, recuerda.
Aste Nagusia
En cualquier caso, si un Amancio Ortega se encuentra en los orígenes de una de las más poderosas empresas textiles del mundo, el otro no le va a la zaga: participó en la fundación de la Aste Nagusia de Bilbao, una de las mejores fiestas del planeta. “Pedro Prieto, que entonces andaba por la Casa Alavesa del Casco Viejo nos preguntó a los de la cuadrilla si queríamos formar parte de aquel grupo, porque existía la idea de organizar unas fiestas populares en Bilbao. Allí fuimos. Al hacer balance de las primeras pensamos que lo mejor era montar una comparsa nosotros mismos. Le pusimos Moskotarrak, se le ocurrió a uno pelirrojo que luego ni se quedó en la comparsa ni nada. Pero nos gustó. Aunque seguimos sin saber si significa algo; eso que hemos llegado a preguntar a Euskaltzaindia”.
Amancio Ortega participa activamente en la comparsa, de la que es presidenta su esposa, Gloria Pietro, que no es pariente del recordado Pedro Pietro, a pesar de lo que cree mucha gente. Resulta imposible inferir si el Amancio Ortega de Inditex ha logrado tener una vida plena y alcanzar la felicidad. Del Amancio Ortega de Bilbao cualquiera diría que sí. Tiene un objetivo a corto plazo. “Queremos viajar a Galicia con un matrimonio amigo. Es un territorio muy bonito y en el que todo el mundo dice que se come muy bien. A ver qué pasa cuando diga cómo me llamo”, bromea.