En San Isidro, en el corazón de mayo, el que se supone florido y hermoso, tras el marzo ventoso y abril lluvioso, era de repente febrerito loco. Se desplomó el termómetro. Tiritó la Itzulia Women bajo el aguacero, la tormenta agitando los dorsales, de aspecto lúgubre, oscuro.

Los chubasqueros, la ropa para el agua, componían el fondo de armario. Repiqueteaba la lluvia sobre los cascos en el arranque de la carrera vasca, que amaneció y se meció en Zarautz, un pueblo volcado a la costa, con huellas en la playa, amor por las traineras y el surf.

Pasión por Usoa Ostolaza, aclamada entre vítores, aplausos y ánimos. Emocionada hasta los adentros la zarauztarra. Profeta en su tierra.

Horas después, salió el sol, y en Zarautz desembarcó la alegría de Mischa Bredewold, imparable en el esprint a cinco que cerró la primera etapa de la Itzulia Women.

La neerlandesa se subió a la atalaya del triunfo por delante de Yara Kastelijn y Riejanne Markus. Dickson y Niedermaier acompañaron esa lucha por el triunfo. A 18 segundos asomó el grupo de Lippert y Ostoloza, que se repuso a tiempo. La zarauztarra, séptima en su pueblo, es octava en la general, a 31 segundos de la neerlandesa.

Bredewold, excelsa, celebró su quinta victoria en tierras vascas. Mantiene un idilio con la Itzulia Women. Su romance perdura, intacto. Con anterioridad venció en Elgoibar y Basauri (2024) y en Agurain e Igorre (2025).

Siempre con pose de ganadora en todas las participaciones de la cita vasca. Su ola rompió con fuerza en Zarautz. Bredewold, segunda el pasado curso, es una de las favoritas al trono. Es la líder por delante de Kastelijn y Markus, a 7 y 8 segundos, respectivamente.

Hasta llegar a orillas del mar, se trataba de ir de ola en ola, de cabalgar entre cotas de carreteras secundarias entre el festón verde de la naturaleza.

Un vergel que acariciaba el paso de las ciclistas hasta que las cotas desgastaban el pelotón, que se arrugó, encogido por la exigencia y por el impacto de una meteorología adversa.

Tras subir Itziar, Kalbario y Azkarate, Santa Ageda, el puerto más duro del día, se disgregaron las voluntades, aún más pálidas en el encuentro con Etumeta, donde Paula Ostiz, de regreso tras una larga baja, padeció los rigores de la competición. La campeona del Mundo y de Europa Junior, se descolgó.

Ostolaza sufre

Estrecha la senda, apenas un hilo de asfalto, dejó sin aliento a Usoa Ostolaza. Cuarta en la Vuelta después de una subida excelsa en el Angliru, donde lloró de alegría tras su logro, padeció horrores en una ascensión menor. Dickson, Niedermaier, Kastelijn, Markus y Bredewold cogieron vuelo. La alegría de ellas contrastaba con la pena que arrastraban Berthet, Muzic y Aalerud, que perseguían.

Los pinos y los árboles observaban la persecución, enmoquetadas las montañas de tonos verdes, febril la actividad en las arterias de asfalto. Ostolaza, Lippert, Cavallar y otro puñado de ciclistas se cosieron al trío en el descenso. Se constituyeron dos frentes.

Oscilaba la diferencia sobre los 40 segundos. Tan lejos y tan cerca. Restaban las rampas de Garate. El quinteto se entendía de fábula, salvo por Dickson, centinela de de Berthet y Muzic, que rodaban colgadas del retrovisor.

Persecución

Las subida enfatizó a las fugadas, más sólidas que sus perseguidoras. Elevaron la renta un puñado de segundos en un ascensión de alta velocidad, tendida.

Jorgensen, compañera de Ostolaza, se desgañitaba en el esfuerzo de arrastrar al grupo. Era su locomotora. Su esfuerzo, impagable, sirvió para lijar distancias. El pulso era notable.

Lippert aceleró con saña masticando los pedales. El quinteto dobló Garate con una renta de una veintena de segundos.

Desde la cima respiraba el Mar Cantábrico. Fabulosa la escena. El descenso midió el vértigo y el arrojo con el aroma de la vides del txakoli, con ese punto de acidez alegre en Getaria.

En paralelo al mar, las olas golpeando las rocas, se acodó la persecución, extraordinaria, en un ramillete de segundos. Espumosa estampa. Lippert y Ostolaza arengaban la caza. Otras se desentendían. Por delante, no había dudas. Convencidas.

En Zarautz esperaba un baño de gloria. La victoria de etapa y el liderato. En el baile por el triunfo, en un esprint en petit comité se impuso la talla gigantesca de la neerlandesa, que se sabía el camino. La ola de Bredewold rompe en Zarautz.