Los tiburones en las Bahamas dan positivo en cocaína, cafeína y analgésicos
Un estudio revela cómo los residuos del ser humano acaban en el organismo de los escualos
Las Bahamas son más de 700 islas situadas entre Florida (Estados Unidos) y Cuba, en pleno océano Atlántico, y se las puede definir como un paraíso en una doble acepción: el natural, por sus arrecifes de coral y sus espectaculares playas con agua azul turquesa, y el fiscal, al que recurren no pocos famosos y millonarios para evitar pagar impuestos. Pero desde ahora también son conocidas por algo un tanto perturbador: sus tiburones han dado positivo en cocaína, cafeína y analgésicos, algo que parece divertido pero que no es más que una triste consecuencia de cómo el ser humano está destrozando la naturaleza.
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Un estudio científico realizado por un equipo liderado por la bióloga de la Universidad Federal de Paraná, Natascha Wosnick, ha analizado 85 tiburones de distintas especies cerca de la isla de Eleuthera y ha encontrado que cerca de un tercio de ellos presentaba en sangre sustancias como cafeína, diclofenaco, paracetamol y, sí, también cocaína. La sustancia más común es la cafeína, seguida de analgésicos, mientras que la cocaína aparece en menos casos, pero en cualquier caso demasiados. En total, 28 de los 85 ejemplares analizados presentaban algún tipo de contaminante.
El problema somos nosotros
Evidentemente esto no tiene que ver con costumbres insanas de los escualos, que no tienen entre sus hábitos salir de juerga, sino con algo que nos debería hacer reflexionar: es culpa del ser humano y de los residuos que genera. Los científicos apuntan directamente a las aguas residuales, los vertidos y, en zonas turísticas, a algo tan cotidiano como la orina en el mar, convertido en un meadero para muchísima gente. Y queda claro que lo que tiramos o expulsamos acaba volviendo.
Wosnick lo resume sin rodeos: estos contaminantes llegan al océano por el uso humano de medicamentos y drogas, que luego no se eliminan completamente en los sistemas de tratamiento de aguas y terminan en los organismos de diferentes seres vivos, con el riesgo de que acaben de vuelta en los estómagos de las personas.
Paraíso adulterado
Esas analíticas no conllevaban que los tiburones estuvieran hiperactivos o anestesiados, porque los animales no mostraban signos evidentes de enfermedad, pero sí alteraciones en la sangre relacionadas con estrés fisiológico. Es decir, estaban contaminados. Y eso, en un ecosistema donde los tiburones son depredadores clave, es una señal bastante seria, porque si el vértice de la cadena alimentaria tiene cafeína y analgésicos en vena, da que pensar cómo estará el resto del sistema.
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Los investigadores señalan que incluso ecosistemas aparentemente intactos como los de muchas islas de las Bahamas están siendo afectados por lo que llaman “contaminantes emergentes”. Y así hemos llegado a un punto en el que un tiburón en las Bahamas puede llevar en la sangre el mismo cóctel que alguien después de una noche larga: café para arrancar, analgésico para sobrevivir y drogas para lo que sea que sirvan a altas horas. La diferencia es que los tiburones no lo han elegido, sino que lo hemos hecho los humanos por ellos. Y así con todo.
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