Tras un 2025 para enmarcar en el que ganaron varios premios, entre ellos uno de los Hemendik Sariak de Enkarterri que concede DEIA, Mutur Beltz sigue igual de imparable en este 2026 divulgando las bondades de la lana de la oveja carranzana autóctona. A nuevas iniciativas como Lur Mantoa, que nutre los cultivos y regenera el suelo se sumará próximamente la décima edición de la Residencia del Buen Vivir: la convivencia entre artistas de la que surge la inspiración para crear entre el mundo del pastoreo que quieren preservar desde el valle de Karrantza. Pero antes continúan su presencia en Bilbao.
Laurita Siles, que puso en marcha Mutur Beltz junto a Joseba Edesa en 2015, es una de las y los artistas en residencia que participa este martes y miércoles en los estudios abiertos de la Fundación BilbaoArte, que permitirá asistir a su proceso creativo en vivo junto con los de M.P. Benito, Manu Blázquez, Fátima Conesa, Blanca Castro Ponce, Juana García Pozuelo, Auritz Iñurrieta, Fermín Moreno, Antoine Nessi, Gareth Phillips, Amaya Suberviola y Fernando Villena este martes y miércoles miércoles con apertura al público entre las 17.00 y las 20.00 horas.
Una cita que se produce después de que Mutur Beltz impartiera dos talleres en el museo Guggenheim el mes pasado, enmarcados en la exposición Artes de la tierra –para la cual colaboraron con la artista Asunción Molinos Gordo en la creación de una pieza–. Dos sesiones creativas en las que compartieron cómo se gestó Mutur Beltz y cómo está consiguiendo revolucionar el tratamiento de la lana cosechando por el camino reconocimientos como el Premio Nacional de Artesanía en 2024.
“Trabajar la lana no significa únicamente manipular una fibra, sino entrar en contacto con una cadena de gestos que comienzan en el cuidado del animal y atraviesan la esquila, el lavado, el cardado, el hilado y el diseño”, explicaron. Y es que “cada paso contiene conocimiento acumulado, economía local y paisaje” desde la perspectiva de la oveja autóctona carranzana cara negra en peligro de extinción con la que trabajamos” fomentando la biodiversidad y buscando que los núcleos rurales divisen “futuro”.
Para ello, “producción primaria y producción cultural” se funden “en un mismo proceso, desde la cuadra hasta el espacio expositivo, desde la investigación hasta la mediación, activando la lana como materia viva capaz de generar valor social, cultural y económico en el territorio”.
Frente a un modelo en el que “muchas lanas locales se convierten en residuo, proponemos repensar su potencial desde la proximidad activando una red de baserritarras, ganaderos, diseñadores, artesanos, mediadores culturales... preguntándonos también qué economía queremos sostener y qué paisaje estamos dispuestos a cuidar.” Todos los años recogen casi dos toneladas entre cerca de veinte pastores pagándolas “al precio más alto del Estado”. Esa visión de Joseba y Laurita “está cambiando el paradigma del tratamiento de la lana, cuando llegábamos al lavadero no la querían y ahora van surgiendo pequeñas iniciativas”.