“Me parece muy bien. Así todos vamos a tocar el balón y no habrá desigualdades”. “El ambiente mejora y hay menos faltas de respeto”. Valoraciones de alumnado. El colegio público Concha de Karrantza une fuerzas con la exjugadora del Athletic Club, entrenadora y docente Amaia Olabarrieta en un proyecto que persigue “fomentar el juego limpio y prevenir conductas antideportivas desde la escuela”, según explica la directora, Irati Elola, poniendo de relieve que “la doble mirada de Amaia, como profesional del fútbol y profesora, aporta un valor añadido al proyecto al integrar la cultura deportiva con un enfoque pedagógico y educativo”.
La iniciativa parte de “una realidad” constatada en muchos centros educativos” y es que el fútbol se erige como “uno de los principales espacios de socialización del alumnado en el patio, pero también en foco habitual de conflictos”. La propuesta “no pretende eliminarlo, sino transformarlo en una herramienta educativa para aprender respeto, gestión emocional y convivencia positiva”.
Para ello, el programa no se limita únicamente a una intervención con escolares, sino que “implica un compromiso activo” en conjunto, abordando, por ejemplo, “la formación específica del profesorado” para liderar el modelo de manera autónoma, así como “la participación directa del equipo directivo en su implementación y seguimiento dentro del plan de convivencia escolar”, añade.
Fruto de esta experiencia, el centro implantará “un sistema propio de organización del fútbol en el patio basado en el juego limpio”, que se concretará en un modelo de arbitraje asumido por el propio alumnado, estrategias estructuradas de gestión pacífica de conflictos y normas compartidas “que convierten el recreo en un espacio educativo”.
Posiblemente, en otros centros
Tras la excelente acogida por parte de alumnado y equipo docente, el colegio público Concha evaluará “a lo largo de los próximos meses” el impacto del proyecto piloto con el objetivo de estudiar “su posible implantación en otros centros”.
Y es que “si bien el fútbol es una gran fuente de diversión y motivación, a menudo también genera situaciones de conflicto o exclusión”, describe Amaia Olabarrieta. Tensión que puede traducirse en “discusiones sobre las normas, gritos, monopolización del espacio o participación desequilibrada, entre otras”. Un ambiente que “afecta directamente al clima emocional del alumnado y la convivencia escolar”.
“En este contexto se concibió el protocolo” con el fin de transformar el patio escolar en un espacio “educativo, inclusivo y seguro” promoviendo “unas normas claras, la resolución verbal de conflictos y medidas para que todo el alumnado disponga de una oportunidad real de participar”. En ese partido se combinan “educación emocional, disciplina positiva y responsabilidad compartida” tratando de que el alumnado “interiorice valores como el respeto, la empatía y el juego limpio, además de cumplir las normas”.
El patio pertenece a todos y todas por igual. Sin árbitro no hay partido. Sus decisiones se acatan. Si surge alguna disputa, el árbitro coge el balón y manda detener el juego. Los profesores intervienen para escuchar y calmar las aguas. Estas son las reglas.