Más de 4.500 personas recurrieron por primera vez a Cáritas Bizkaia el año pasado
La vivienda y el empleo que no protege son los principales “nudos” que marcan “una fractura social silenciosa”, con cada vez más personas dentro del sistema pero “en la cuerda floja”
Hay una realidad paralela, visible, silenciosa y silenciada, que mantiene atrapadas a miles de personas en Bizkaia que cada día se ven empujadas a traspasar el portal de la precariedad y asomarse sin remedio a la exclusión social. El año pasado, sin ir más lejos, 4.512 personas acudieron por primera vez a Cáritas Bizkaia en busca de apoyo, de ayuda directa y de acompañamiento en un escenario marcado por las dificultades para poder mantener a flote un proyecto de vida estable. Porque ni siquiera tener un empleo es ya garantía de inclusión ni de nada.
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La subida de los precios de la alimentación y el pago de facturas ponen contra las cuerdas todos los meses cada vez a más personas. Y los menores están ahí, en el meollo de este escenario que preocupa sobremanera a esta entidad que durante 2025 acompañó a 1.917 menores de edad y 2.123 jóvenes de entre 18 y 29 años. Esto supone que el 35% del total de las intervenciones desplegadas por Cáritas se centraron en este segmento de la población, uno de los más afectados. Personas migrantes, mujeres y hogares unipersonales completan ese puzle de la vulnerabilidad en el territorio.
Traducido a cifras, Caritas Bizkaia acompañó durante 2025 a 11.607 personas, el 54% mujeres, a través de 248 proyectos sociales desarrollados en el conjunto del territorio histórico. En total la acción de la entidad diocesana llegó a 9.104 hogares, integrados por 14.616 personas, de las que 4.399 eran personas que vivían solas y 2.012 hogares monomarentales.
Creciente complejidad
“La exclusión social presenta hoy una creciente complejidad. No se trata únicamente de la falta de ingresos, sino de la acumulación de dificultades relacionadas con la vivienda, el empleo, la salud mental, la conciliación, la soledad o el acceso efectivo a derechos básicos”, ha puesto de manifiesto Elena Unzueta, directora de Cáritas Bizkaia.
Las familias continúan ocupando un lugar central en la acción de la entidad. En total, 4.641 personas acompañadas pertenecían a familias con hijos e hijas a su cargo. Además, el 66% de las personas acompañadas en estas familias fueron mujeres, porcentaje que asciende hasta el 76% en los hogares monoparentales, una situación que evidencia el grave impacto que las situaciones de vulnerabilidad siguen teniendo sobre muchas mujeres con responsabilidades familiares y de cuidados.
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La diversidad cultural es una de las características de las personas acompañadas por la entidad. Durante el último año, Caritas Bizkaia atendió a 7.657 personas migrantes procedentes de más de un centenar de nacionalidades distintas -Latinoamérica (38%) y África (29%)- y a 3.342 personas de origen autóctono. Esta realidad “refleja la creciente diversidad de la sociedad vizcaina y plantea importantes retos de inclusión, convivencia y acceso efectivo a derechos”, en opinión de Ana Sofi Telletxea, responsable del Departamento de Análisis y Desarrollo.
Fuera y dentro del sistema
Y eso, teniendo en cuenta que los indicadores macroeconómicos y de pobreza parecen resistir mejor que en otros lugares. No obstante, esa realidad paralela que conocen muy bien en Cáritas Bizkaia revela “una fractura social silenciosa. No se trata sólo de cuántas personas están fuera del sistema, sino de cuántas están dentro pero viviendo en una integración precaria que ha crecido del 27% al 35% en los últimos años” que deja sin margen de maniobra cada vez a más personas.
Esa labor a pie de calle y de oficina que desempeñan ha permitido identificar los principales problemas -o “nudos”, como los califican desde la entidad- que marcan el día a día de esas 11.607 personas acompañadas desde Cáritas Bizkaia en 2025. El principal factor de exclusión es de sobra conocido: el acceso a una vivienda. “Cada vez son más quienes destinan una parte desproporcionada de sus recursos a afrontar los gastos de alojamiento, reduciendo su capacidad para hacer frente a otras necesidades básicas o afrontar cualquier imprevisto”, ha referido Telletxea.
Hasta 122.000 hogares de Euskadi caen en situación de pobreza severa después de afrontar los gastos de vivienda y suministros, una realidad que sitúa esta cuestión en el epicentro de las desigualdades sociales actuales. Además, la entidad diocesana ha alertado del aumento de situaciones de “alojamiento inseguro, habitaciones realquiladas o viviendas inadecuadas”. A ello se suman las dificultades para obtener el empadronamiento, lo que deriva a su vez en problemas para poder acceder a prestaciones, servicios y derechos básicos. “Para numerosas personas, disponer de una dirección donde empadronarse se ha convertido en una condición imprescindible para iniciar procesos de inclusión social”, han explicado.
"Medicalización de la pobreza"
Otro de esos obstáculos detectados y sobre los que han llamado la atención desde Cáritas Bizkaia tiene que ver con la “medicalización de la pobreza”. Y es que, tal y como han descritos Unzueta y Telletxea, la precariedad sostenida en el tiempo, cronificada, está enfermando a la sociedad. “Problemas sociales como la soledad o el miedo al futuro se medicalizan, sin que abordemos las causas sociales” de ese malestar emocional que está haciendo mella en la salud mental de miles de personas. El impacto que la incertidumbre y la precariedad sostenida tienen sobre la salud mental y las relaciones sociales son factores desequilibrantes.
Caritas Bizkaia alerta: "La precariedad es la norma para muchas personas"
“El malestar emocional, la soledad y el debilitamiento de los vínculos comunitarios aparecen cada vez con mayor frecuencia en las situaciones acompañadas por la entidad”, ha señalado Telletxea. Muchos de estos problemas, advierte, no pueden entenderse únicamente desde una perspectiva clínica. “El estrés provocado por la inestabilidad económica, las dificultades de acceso a la vivienda, la incertidumbre administrativa, la soledad o la imposibilidad de desarrollar proyectos de vida estables está generando un importante desgaste emocional en muchas personas”, ha subrayado.