Síguenos en redes sociales:

El último atunero que guarda la memoria de Bizkaia

El programa Erain, 45 voluntarios y la familia Antxustegi-Badiola devuelven la vida a la bonitera de 1958

En imágenes: Itsasmuseum culmina la restauración del Nuevo AnchústeguiItsasmuseum

6

El Nuevo Anchústegui, donado al museo por la familia Antxustegi-Badiola en 1997 y trasladado a los diques del antiguo Astillero Euskalduna en 2003, ha sido una pieza singular de la pesca de bajura de finales de los años cincuenta. Su casco de roble, los barraganetes en las bandas, los viveros metálicos para cebo vivo y el puente de gobierno a media altura han permitido reconstruir no solo cómo se trabajaba en el mar, sino también cómo se vivía en torno a él, en puertos como el de Ondarroa. Restaurarlo ha sido, en palabras del comisario Juan Antonio Apraiz, “poner en valor un patrimonio de valor incalculable” y recuperar “la memoria de Bizkaia ligada al mar”.

El proceso ha tenido también una dimensión social que ha ido tomando forma con el tiempo. Voluntarios de Itsaslagun, alumnado de Otxarki y personas de Lantegi Batuak han participado junto a carpinteros de ribera y profesionales del patrimonio, configurando un equipo diverso en el que el aprendizaje ha circulado en ambas direcciones. “Ha sido una oportunidad para crear grupo, para unir generaciones”, han explicado varios de los participantes, mientras otros han destacado que el proyecto se ha convertido en “un punto de encuentro”. Como ha recordado Ruigómez, esa dimensión ha sido clave: “con esfuerzo y compromiso se ha construido algo colectivo”, donde el patrimonio se ha entendido también como experiencia compartida.

A prueba de olas

En paralelo, la implicación de la familia Antxustegi-Badiola ha mantenido viva la dimensión más íntima de la embarcación. La emoción ha estado presente en la mirada de Sabin Antxustegi, último patrón del navío. Ese enfoque familiar ha encontrado también una proyección contemporánea en el trabajo de Xabier Laka Antxustegi, profesor de la Facultad de Bellas Artes de la EHU, cuyo diseño gráfico ha vinculado la identidad del barco con las mareas.

La restauración ha tenido su reflejo en la exposición “Nuevo Anchústegui. Gure Señoriti”, abierta en 2023 y posteriormente itinerada por Ondarroa y Bermeo, donde el barco se ha contado a través de su contexto: la pesca, el puerto, los cambios sociales y tecnológicos del siglo XX. “Era necesario entender el contexto para comprender su conservación”, ha explicado Apraiz, en una línea coherente con todo el proyecto. El catálogo ha recogido esa historia y el propio proceso de intervención, fijando una memoria que hasta ahora había sido, en gran medida, fragmentaria.

Mientras tanto, Erain ha continuado su recorrido con nuevas intervenciones, el mantenimiento de la colección flotante, la investigación y la difusión de la carpintería de ribera, ampliando un trabajo que no se ha detenido en este barco. “No es un final, es un comienzo”, ha subrayado Ispizua, como síntesis de un proyecto que ha abierto nuevas vías.

Te puede interesar:

Visitas

El Nuevo Anchústegui permanece ahora en los diques, con la madera estabilizada y la estructura firme, pero con algo más difícil de medir: la huella de quienes lo han construido, de quienes lo han trabajado en el mar y de quienes lo han devuelto a su lugar. En el futuro, el barco podrá visitarse, y quienes se acerquen no encontrarán solo una embarcación restaurada, sino un testigo del trabajo artesanal, de las faenas de pesca y de la vida en los puertos del territorio, y de medio mundo, a finales de los años cincuenta. Podrán recorrer su puente de mando y tocar la madera de roble que ha resistido generaciones de oleadas. El Nuevo Anchústegui se ha convertido así en un relato tangible, donde cada visitante podrá sentir de cerca la memoria de un oficio que ha dado forma a Bizkaia.