La inteligencia artificial (IA) se está expandiendo por todos los sectores y nos entra por diferentes sentidos: la vista, con textos y vídeos; y el oído, con audios. Pero esta nueva tecnología también puede interactuar con nuestro olfato y convertir nuestras experiencias en perfumes muy personales. No es un proyecto de futuro, es ya una realidad.
Recuerdos convertidos en perfume
La protagonista de esta historia es Scircle, una startup nacida en Barcelona que ha decidido meterse en uno de los terrenos más subjetivos que existen: el olor. Su propuesta es sencilla de explicar y bastante más compleja de ejecutar: usar inteligencia artificial para crear perfumes personalizados a partir de recuerdos, emociones, personas o ideas. Es decir, no eliges entre fragancias ya existentes, sino que construyes la tuya a medida.
¿Y cómo se consigue? El primer paso del proceso es hablar con una perfumista virtual, una IA llamada Aura, a la que le cuentas qué quieres transmitir: un viaje, una sensación, una persona... A partir de ahí, el sistema genera una fórmula única que luego se convierte en un perfume real mediante un dispositivo capaz de mezclar distintas esencias al instante.
Conforme se van construyendo fragancias personalizadas, la IA va aprendiendo con los datos que recibe, y alimenta su sistema con información sobre emociones, lenguaje y preferencias para afinar cada vez más cómo traducimos lo que sentimos en olores.
Triunfo en el Mobile World Congress
La idea, que podría sonar a ciencia ficción hace unos años, ya se ha podido probar en eventos como el Mobile World Congress de Barcelona, donde la startup llamó la atención precisamente por eso: porque su innovación no se veía o escuchaba, sino que se olía. Allí, los asistentes pudieron crear fragancias en minutos pidiendo un perfume que oliera a un país, a una etapa vital o a una emoción concreta.
La compañía juega con la idea potente de que el perfume deje de ser algo que compras (y que posiblemente utilices el mismo que millones de personas) para convertirse en algo que diseñas. Y, de paso, que el lujo ya no sea una marca, sino una experiencia personalizada, ajustada a lo que tú deseas gracias a esa especie de impresora de perfumes, que cambia radicalmente cómo entendemos la relación entre tecnología y sentidos. Porque hasta ahora la IA escribía, creaba audios y vídeos, pintaba o componía música. Ahora también puede ayudarte a decidir a qué quieres oler.