La derrota sufrida este pasado domingo por el Athletic a manos del Villarreal, la vigésimo segunda que encajan los rojiblancos en lo que va de temporada, quince de ellas en liga, ha encendido todas las alarmas. Semanas atrás podía sonar a broma aquello de que el objetivo era conseguir cuanto antes los 42 puntos que certificaran la permanencia, toda vez que los puestos europeos, aunque algo lejos, a nueve de distancia, estaban al alcance de la mano, pues restaban un buen puñado de jornadas por disputarse y se entendía que sin la exigencia de la Champions, sin tanta carga de partidos, el equipo estaría en condiciones de mejorar sus prestaciones y comenzar a mirar hacia arriba.

Faltaban tantos como 16 partidos y la distancia con el descenso era de solo tres puntos cuando Jon Uriarte, a pocas horas de que el equipo se jugara el pase a las semifinales de Copa ante el Valencia, fijó el objetivo en la salvación. Hubo quien, sorprendido, se llevó las manos a la cabeza, que se tomó aquello como una broma de mal gusto; claro que en algunos la reacción fue justo la contraria y empezaron ya a ver fantasmas. Ahora, con solo siete encuentros por delante y Europa y el abismo de la Segunda División a la misma distancia, seis puntos, solo queda mirar hacia abajo y reaccionar cuanto antes. Con urgencia.

CRÍTICAS DE LA AFICIÓN

Después de caer ante el Villarreal en otro ejercicio de impotencia rojiblanca, hubo quien –el propio Ernesto Valverde– puso el foco en los pitos de la afición del Athletic, hastiada por la que iba a ser una temporada tremendamente ilusionante que ha dado paso a una de las peores que se recuerdan en las últimas décadas, especialmente si se hace una comparación de dónde se había puesto el listón en el arranque de la campaña, unido al potencial de la plantilla, y la realidad actual del equipo.

Ernesto Valverde, agachado, sigue el partido entre el Athletic y el Villarreal Europa Press

Valverde, que da síntomas de agotamiento, al que parece que la temporada se le está haciendo larga no, larguísima, lanzó una reflexión totalmente fuera de lugar hacia el público, que no deja de ser soberano y que tampoco hizo nada que estuviera fuera de lugar más allá de despedir al equipo con pitos en el descanso camino de vestuarios. “En el fútbol siempre pasa lo mismo, tienes que ganar. Si no ganas, a la gente no le gusta. Aquí y en todas partes. Cada público piensa que es diferente, pero en el fondo todo es igual. Tienes que ganar”, dijo a la conclusión del encuentro.

Si su intención era no cargar las tintas sobre sus futbolistas, lo logró, claro que ¿a qué precio? Fue algo así como señalar a la luna y mirar al dedo. Como si la culpa de que el equipo no gane la tuvieran agentes externos y no los futbolistas y el cuerpo técnico.

POCO FÚTBOL

Que el equipo no tenga recursos para generar peligro, romper líneas de los rivales y sea incapaz de poner un centro mínimamente en condiciones nunca puede ser culpa de quien no juega, menos aún que las acciones a balón parado se conviertan en continuos regalos al rival. La entrega no está en entredicho, pues ahí está el ejercicio de amor propio del grupo en la segunda mitad. Fue un quiero y no puedo, algo a lo que aferrarse, como dijo Unai Simón. El problema está en que la cantinela se ha repetido en numerosas ocasiones a lo largo del curso y nunca se le ha puesto remedio.

Quizá por ello Valverde buscó la reacción de sus futbolistas al anunciar que no seguiría en el banquillo la próxima temporada, claro que el impacto de su decisión ha resultado insuficiente. El Athletic ganó al Betis, lo hizo además con un fútbol bastante reconocible por momentos, pero frente al Getafe y el Villarreal al equipo se le vieron todas las costuras. Del prolijo mes de febrero en liga, saldado con tres victorias –Levante, Oviedo y Elche– y dos empates –Real Sociedad y Rayo Vallecano–, lo que se tradujo en 11 puntos de 15 posibles, se ha pasado a un último mes, entre marzo y abril, pésimo, con un único triunfo, el citado ante el Betis, y cuatro derrotas: Barcelona, Girona, Getafe y Villarreal. O lo que es lo mismo, 3 puntos sobre 15.

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LO QUE QUEDA

Ahora, el Athletic tiene una semana limpia, pues el fin de semana se disputa la final de Copa, para oxigenar la mente, trabajar y preparar de la mejor manera posible la visita de Osasuna a San Mamés, que se ha convertido en una especie de final por la permanencia. La cita del próximo martes dirá mucho de hasta dónde hay que elevar la preocupación. Después ya habrá tiempo de pensar en lo que vedrá: Atlético, Alavés, Valencia, Espanyol, Celta y Real Madrid. Ya llegará el momento de despedir con honores a Valverde y de que Jon Uriarte, que será presidente de nuevo para cuando Osasuna llegue a Bilbao, tome decisiones de calado. Porque estas, como la reacción del equipo para salir de la zona delicada, urgen.