El Athletic tiró de amor propio, de corazón… y menos mal. Lo hizo para rescatar un punto que le sabe a bien poco por sus urgencias ligueras en un derbi en el que necesitó algo más de 50 minutos para intentar su primer remate a puerta mientras su rival, la Real Sociedad, que ha elevado su nivel competitivo desde la llegada de Pellegrino Matarazzo al banquillo, había gozado para entonces de tres ocasiones de gol clarísimas, una de ellas doble, y mandaba en el marcador gracias a un auténtico golazo de Gonçalo Guedes, que parece tenerle tomada la medida al Athletic, especialmente a la hora de elegir la forma en la de marcar.
Así, los visitantes llegaron al descanso mandando en el marcador ante un conjunto rojiblanco que se fue haciendo pequeño con el paso de los minutos y al que solo le salvó el amor propio y la cartulina roja que se inventó Guillermo Cuadra Fernández para expulsar a Brais Méndez y dejar a la Real con un jugador menos a falta de siete minutos. Después de expulsar erróneamente a Yeray Álvarez en un derbi celebrado hace tres años en Anoeta por un inexistente penalti de este sobre Take Kubo, se vio que quiso desquitarse de aquel error cometiendo otro más.
Solo entonces se calentó San Mamés, que trató de llevar en volandas a los suyos hacia el empate. Lo logró Iñigo Ruiz de Galarreta, que se disfrazó de Nico Williams en una noche aciaga del menor de la saga, quien se marchó del campo entre pitos y aplausos del público. El jugadón individual del centrocampista de Eibar a dos minutos del final evitó lo que a buen seguro habría sido una sonora pitada y un enfado morrocotudo del personal, que se conformó con el empate. Y gracias. Porque lo que sucedió desde la igualada hasta el pitido final, con mención especial a los dos últimos minutos del tiempo de añadido, fue un claro ejemplo de que este Athletic está para poco o muy poco.
El partido tocó a su fin entre fallos groseros en entregas muy sencillas de futbolistas rojiblancos, achacables a la tensión y al miedo a perder el punto que se había rescatado.
El Athletic es un manojo de nervios, no cabe duda, y no se intuye un momento en el que vaya a llegar ese clic al que en tantas ocasiones se ha referido Ernesto Valverde. El técnico, que sigue erre que erre, insistiendo en jugar a lo mismo de siempre cuando los protagonistas sobre el verde no son los habituales, no termina de encontrar soluciones y el nivel defensivo de su equipo, cierto es que se le acumularon numerosas bajas en la zaga, es de película de terror. Y así es muy complicado.
En los ocho encuentros que se han celebrado en lo que va de año el equipo ha recibido ya 20 goles, la gran mayoría de ellos en las primeras partes, y si ante la Real no encajó algún gol más fue porque Unai Simón tuvo una de esas noches inspiradas, pues sacó dos muy buenas manos a rematas de Pablo Marín y Guedes, aunque tras lucirse ante el portugués, no pudo hacer nada a la salida del córner para detener su potente disparo.
A esos problemas defensivos hubo que añadir una más que visible dificultad para atacar en estático. Cierto es que en la presión el Athletic hizo daño en algunos momentos, pero tampoco en las transiciones ofreció argumentos consistentes como para generar problemas a un Alex Remiro que, a pesar de encajar un gol, vivió una noche bastante tranquila. Ni el público, que no olvida su marcha al conjunto txuri-urdin, la tomó con él como en otras ocasiones.
Sin fútbol, sin cabeza y a ratos también sin piernas, el Athletic tuvo que tirar de amor propio para rescatar un punto que le sabe a poco. El descenso sigue a cuatro puntos.
La cifra
250
Alex Berenguer alcanzó ayer, en el derbi que enfrentó al Athletic con la Real Sociedad en San Mamés, los 250 partidos con la camiseta rojiblanca. Fichado procedente del Torino en octubre de 2020, el navarro afronta su quinta temporada como león, en las que hasta la fecha ha marcado 36 goles.