El Athletic alcanza su tercera final en un año

Berenguer está de dulce en su relación con el gol en el Athletic

El de Barañain firma con dosis de fortuna el tanto que da el pase a la final y que prolonga de su idilio con el gol para destacarse como máximo anotador del Athletic

05.03.2021 | 01:30
Momento en el que Alex Berenguer dispara a portería para lograr el gol que da el pase al Athletic a la final de Copa.

ALEX Berenguer está siendo un jugador intermitente, de esos que aparecen y desaparecen. Guadianesco. El jueves fue más voluntarioso que sutil, más colaborador que incisivo en un choque de exigencia física y verticalidad llevada al extremo. En ocasiones se pierde en el fútbol aguerrido, en el juego de fricciones, en el fragor de la batalla. Su armazón le dificulta ganar duelos con asiduidad y eso le hace deslucir. Si bien, su actitud fue encomiable. No escatimó en el esfuerzo. Se mostró derrochador. Bravo en las disputas. De hecho, pudo anotar con una peinada de cabeza que cogió a Aitor Fernández desubicado. Ha progresado en el juego de contacto y sin balón. Pero lo suyo es actuar con la pelota pegada al césped. Es ratonero. Habilidoso, ágil y veloz. Le gusta encarar.



 

El jueves encontró la compañía por la banda derecha de Óscar de Marcos y entre ambos formaron una excelente sociedad. Fabricaron gran parte del peligro del Athletic. Ensanchando el campo, ambos llevaron dinamita al área desde el costado, bien compenetrados, desdoblándose, combinando. Los dos con roles de asistentes más que de artilleros. Aunque la virtud que está caracterizando a Berenguer en este Athletic es precisamente su capacidad para marcar. Su idilio con el gol. Y el equipo, que en los últimos tiempos no andaba boyante de ellos, agradece la suma del jugador de Barañain, que es el máximo goleador de la plantilla. Berenguer tiene una capacidad para salir de la penumbra de un partido y resolver que está haciendo mucho bien a este equipo, en el que la segunda línea de ataque no se prodiga en el arte de golear.


Ese vínculo con el gol se materializó el jueves en el trascendental duelo de vuelta de las semifinales de Copa. Cuando el partido languidecía, cuando las piernas flojeaban y las camisetas colgaban empapadas, cuando coger aire y ensanchar los pulmones era una dificultad añadida, cuando la visión de la tanda de penaltis cegaba la vista, ahí apareció Berenguer, recogiendo un balón del recién incorporado Jon Morcillo, enfilando la portería de Aitor Fernández con un solar por delante. Decidido. Con los ojos inyectados. Armado de esperanza. Porque el que no chuta no marca. Y disparó desde la frontal del área. El éxito se reserva para quienes lo intentan. Lo intentó. Un disparo que nunca quedaría retenido en la memoria de ningún aficionado, de no ser porque Vukcevic desvió la trayectoria. El guardameta del Levante, que se las gastaba felices al ver salir el esférico de la bota de Berenguer, de pronto palideció, estático, impotente. Porque la pelota cambió de dirección y se estrelló en la base del poste antes de cruzar la línea de cal. Minuto 112 de la prórroga. Gol. 1-2. Un gol que sirve para seguir haciendo historia. Un gol que vale el pase a una final de Copa. Un gol que pone al equipo el día 17 de abril en La Cartuja. Frente al Barcelona, que acude tras dejar en la cuneta al Sevilla, también en la prórroga.

Curiosamente, la última vez que las dos semifinales de una Copa se resolvieron en la prórroga fue en la temporada 1983-84, cuando en las mismas el Athletic de Clemente se deshizo del Barça de Maradona con aquel bochornoso desenlace karatesco. Y más tarde la gabarra surcó la ría. Ahora, por novena vez, ambos equipos volverán a verse en el partido que decidirá al campeón.

Si por algo convence Berenguer es por su capacidad anotadora. Cuando Marcelino García Toral se hizo residente del banquillo bilbaino, el asturiano sentó al jugador, que era titular habitual con Gaizka Garitano. Finalmente, el navarro se ha apoderado de un hueco en el once gracias a su versatilidad, porque con Garitano actuaba por el flanco izquierdo y Marcelino le sitúa en el derecho, y por sus goles. Y se dice que los goles es lo más valioso que hay en el fútbol.

Un triplete histórico para el Athletic. Fotos: EFE y AFP

El Athletic fue dominador territorial, generó ocasiones como para no haber alcanzado la prórroga, desnudó al Levante de su potencial ofensivo en la segunda mitad, se mostró excelso de energías, pero careció del gol, como ha sucedido en tantos empates que ha cosechado el plantel de Marcelino. Hasta que Berenguer prolongó su vínculo, apareció esa dulzura que atesora. El barañaindarra, que a pesar de los cinco cambios realizados por el míster disputó los 120 minutos, suma siete goles, más que cualquiera en el vestuario. El del jueves, nada estético, jamás lo olvidará.

Berenguer y De Marcos formaron una sociedad en la banda derecha que generó gran parte del peligro del Athletic

El de Barañain armó esperanzado un disparo desde la frontal del área que, tras ser desviado por Vukcevic, acabó en gol en el minuto 112
 

El Athletic, a la final de Copa, por José Manuel Monje.