El Athletic alcanza su tercera final en un año

La entereza del Athletic ante el Levante vale una nueva final de Copa

El Athletic volvió a mostrarse superior, pero tuvo que perseverar hasta la prórroga para derrotar al Levante

05.03.2021 | 01:30
La plantilla rojiblanca hace piña celebrando la clasificación para una nueva final de Copa que le enfrentará al Barça dos semanas después de la que disputará a la Real.

El Athletic ya tiene en su mano el objetivo por el que suspiraba. Jugará dos finales de Copa el próximo mes después de superar el jueves la resistencia de un Levante que cedió ante la mayor consistencia de que hizo gala el conjunto de Marcelino. Primero disputará a la Real Sociedad el título pendiente de la campaña anterior y luego, quince días después, reeditará el duelo en la cumbre con el Barcelona, cita que ha adquirido la categoría de clásico en el torneo. Contar con dos opciones de salir campeón abre una expectativa inédita y certifica con mucha antelación el signo positivo de la campaña, a pesar del retraso que de momento acumula en la Liga. El club se asegura además la defensa del reciente título de la Supercopa y se asegura un interesante ingreso económico. El balance resulta envidiable y distingue al Athletic como un especialista en la gestión de eliminatorias, da igual que sean a uno o dos partidos.



El modo en que resolvió el emparejamiento con el Levante es una prueba más, aunque tuvo que emplearse a fondo para dejar constancia de su impronta de equipo valiente. En los dos encuentros previos contra el mismo rival no había pasado del empate, por más que acreditase estar en posesión de un repertorio más sólido y variado que el Levante. Ganar de una maldita vez era el reto que se había impuesto y supo culminarlo. Fue una tarea ímproba, necesitó mantener el nivel de principio a fin y así fue madurando a su oponente, que acabó derrengado. La clave estuvo en que le costó reflejar en el marcador sus méritos, incuestionables sobre todo a partir del descanso. Después del toma y daca inicial, pronto se percibió que inclinaba el pulso de su lado, con más fútbol y más llegadas, desplegando una autoridad que fue minando al Levante.

A cada minuto que pasaba, el favoritismo de los rojiblancos subía enteros, así fue durante toda la segunda mitad, dominada con bastante nitidez, pero la tendencia se reveló insuficiente para eludir el siempre incierto trámite de la prórroga. Alcanzar la misma ya era un éxito para el anfitrión, por lo que la conveniencia de liquidar el asunto se convirtió en un objetivo ineludible. Tal como iba la batalla no era cuestión de tentar la suerte, de hecho el fantasma de los penaltis se cernía sobre el Athletic cuando Berenguer, que sigue de dulce, agarró un chut lejano que se coló en la red junto a un poste tras ser desviado por el cuerpo de Vukcevic. Restaban apenas ocho minutos para la conclusión y la victoria no se vio comprometida. En realidad, solo la impericia que caracteriza al Athletic en los metros finales le complicó la existencia e hizo que la noche discurriese más agitada de lo deseable.

Un triplete histórico para el Athletic. Fotos: EFE y AFP


Salvo por la sanción de Iñigo, Marcelino tenía para escoger y apostó por un once clavado al que goleó en el Carranza, solo faltaba Capa que dejó su plaza a De Marcos. Una declaración de intenciones en toda regla que tampoco hacía falta porque nadie albergaba dudaba del cariz de la propuesta del Athletic. Y en efecto, siempre transmitió su voluntad de crear peligro, desde el comienzo. Faltaba por despejar las claves del plan del Levante, que fue asimismo fiel a sí mismo y a su modo nunca renunció a estirarse. Como producto de todo ello, los contendientes se enfrascaron en un intercambio de golpes que dejó en mal lugar los sistemas defensivos. Es la única explicación posible al elevado número de situaciones apuradas que vivieron Simón y Aitor Fernández.


AL ATAQUE


El espectáculo se benefició de tan apasionada búsqueda del gol. Se pasaba de un área a la otra sin pausa y ya se sabe que este tipo de fútbol, donde el control brilla por su ausencia, no suele ser del agrado de los técnicos, pero sobre el césped quienes hablan son los futbolistas, anoche con el gol entre ceja y ceja. Fue evidente que ninguno estaba conforme con el marcador de la ida, lo cual propició un juego de lo más alegre. Se presumía un duelo abierto, sin margen a la contemporización, pero quizá no que derivase en semejante festival de oportunidades. Fue un sobresalto constante.

Los primeros sustos se localizaron en el área local, destacando un tiro de Raúl García a servicio de De Marcos, fruto de una mejor puesta en escena de los rojiblancos. Sin embargo, el primer golpe cayó en el lado opuesto. Para variar, cabría añadir. Morales, Rochina y Roger se asociaron para retratar a la zaga. Acaso porque está habituado, el Athletic no pareció acusar ir por detrás. Siguió a lo suyo y no tardó en equilibrar, desde los once metros. Williams, un incordio para los centrales, la puso para Raúl García, que había ganado la posición y cayó derribado. El navarro ejecutó el castigo con solvencia, dando paso a un nuevo turno de aproximaciones, la más inquietante para Simón, que se quedó de piedra cuando Yeray, al interceptar un centro cerrado de Miramón, estrelló el balón en la madera.
 


El s egundo acto trajo un panorama más sosegado y favorable para el Athletic, cuya superioridad en el plano físico resultó manifiesta e impidió que el Levante generase peligro. Ni asomó arriba, mandaron los de Marcelino, bien dirigidos por un Unai López omnipresente. Ante la imposibilidad de progresar, el cuadro local decidió protegerse y eso restó espacios. Williams fue el más perjudicado, pero dispuso de una ocasión, a dejada de tacón de Raúl García. Camino de la prórroga, Berenguer acarició la sentencia, de cabeza y luego con un tiro cruzado que Aitor repelió con el pie.

El Athletic, a la final de Copa, por José Manuel Monje.

En vista de la bajada de revoluciones de su tropa, Paco López fue refrescando sin lograr con ello discutir el gobierno del choque, a pesar de que recurrió a piezas de corte ofensivo. La entereza del Athletic le hizo acreedor en este período al triunfo, pero alcanzó el noventa un tanto desgastado. Marcelino aguantó los cambios más de lo aconsejable. Se decidió ya en el tiempo extra, condicionado por las múltiples interrupciones. Se jugó menos que nunca, pese a que el Athletic no dejó de cargar con la iniciativa. Un golpe franco de Bardhi, que obligó a lucirse a Simón, fue casi lo único reseñable en una tónica que alimentaba la incertidumbre. Hasta que Berenguer halló la solución al enredo con un guiño de la fortuna que hizo justicia.

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