Derbi para la historia en La Cartuja

A la final de milagro

Gracias a un arranque de rabia de Yuri Berchiche cerca de la conclusión, el Athletic evita la eliminación a la que se abocó en Los Cármenes con una actuación muy decepcionante

06.03.2020 | 01:49

El Athletic estará en Sevilla y le disputará el título a la Real. Es lo más importante y probablemente lo único a resaltar después de que ayer ofreciese una nueva ración de angustia que hizo temer lo peor. Ha sido el denominador común de cada una de las rondas si se exceptúan las dos primeras ante clubes muy modestos. El equipo de Gaizka Garitano ha hecho gala de una capacidad agonística a prueba de bomba, saliendo victorioso de prórrogas y tandas de penaltis o marcando el gol decisivo en el tiempo añadido ante el Barcelona, pero en esta oportunidad, en el último peldaño camino de la ansiada final, se superó a sí mismo en ese carrusel de sufrimiento en que ha convertido su torneo favorito. Ahí queda para la historia el colosal sofoco que debió sentir la afición tras comprobar cómo a un cuarto de hora de la conclusión el Granada volteaba el resultado con todo merecimiento. La pobre imagen del Athletic impedía siquiera vislumbrar el modo en que eludiría su eliminación, hasta que surgió Yuri Berchiche. Su nervio rescató al Athletic de un letargo que le abocaba a un disgusto mayúsculo.

El rabioso zurdazo del lateral llegó como nos contaron que cayó el maná del cielo. Fue un milagro, un arranque de genio del hombre que se rebeló contra un destino que para entonces se antojaba ineludible. Despedirse por la puerta de atrás de la Copa era lo que el Athletic se había ganado a pulso con su rendimiento, impropio de una cita de máxima trascendencia. Ese remate cruzado compensó por sí solo una actuación decepcionante, muy alejada de lo que la ocasión reclamaba. El Athletic vivió siempre a expensas del guión de un Granada cortito de argumentos, aunque pletórico de entusiasmo. Jamás demostró arrestos para hacer suya la iniciativa y cuando llegaron los goles locales, quedó noqueado, sin argumentos sobre los que construir una réplica. La reacción se redujo a la acción de Yuri, producto de la única combinación en terreno rival a ras de césped de toda la segunda mitad.

En la fase crítica que siguió al gol de Germán a la salida del enésimo córner cedido, Garitano había modificado el dibujo de los tres centrales dando entrada a Córdoba y Aduriz. Abrió las alas en ataque con el primero de los recambios y escorando a Williams al costado opuesto. Una maniobra que pretendía activar a un grupo alicaído, sometido al animoso empuje del Granada, que ya se veía en Sevilla e insistió, buscó el tercero a lomos del aliento que le suministraba una grada enfervorizada. El centro del campo, que hizo aguas desde el minuto uno, pero que el técnico mantuvo no se sabe muy bien por qué, ni daba salida ni podía neutralizar el fútbol de rompe y rasga que proponían los andaluces.

El panorama era sencillamente desolador hasta que vino el lance ya comentado, Vesga vio la incorporación de Yuri, que penetró en el área como un poseso, se marchó de Foulquier y le atizó con el alma al balón. Luego, hasta la conclusión, el Athletic se preocupó de impedir que la ofensiva del Granada fuese fluida y aún dispuso de otra oportunidad, a dejada de Aduriz que Sancet malgastó. Diego Martínez acabó sacando toda su artillería y no hizo sino descompensar la estructura, de lo que se benefició el Athletic, más entero en el plano físico y, ahora sí, muy puesto y contundente para dejar en nada el desesperado coletazo del anfitrión.

intimidación La noche arrancó como cabía prever, con un Granada interesado en intimidar, tarea para la que contó con el visto bueno del colegiado, que permitió que los Foulquier, Germán, Herrera y Gonalons exhibiesen una agresividad subida de tono. Diez faltas le señalaron al Granada en solo media hora, pero la primera amarilla se la llevó Yeray. El espectáculo careció de vistosidad. La elaboración se redujo a la mínima expresión en ambos bandos. Eludir errores era la consigna visitante, mientras enfrente trataban de percutir sin éxito. Pasó un rato hasta que Muniain y Williams hallaron algún espacio para asociarse. Se tuvieron que buscar la vida, no tuvieron acompañamiento, pero los sustos cayeron en el área de Rui Silva, providencial para repeler un venenoso despeje de su capitán. Simón estaba tranquilo, algún tirito desde lejos y poco más.

Sin aspavientos, reservón y apoyado en su zaga, con un Iñigo sobresaliente, el Athletic logró consumir la mitad del partido sin recibir un rasguño, si se descuenta que en la acción previa al intermedio Williams, bajo el larguero, evitó que un cabezazo de Herrera acabase en la red. En la guerra de nervios, vencía el Athletic, aferrado al gol de Muniain en San Mamés, si bien asumiendo una renuncia expresa al tuteo, fiado a la solidez de su estructura. Sin embargo, la relativa sensación de seguridad que transmitía se desvaneció recién abierto el segundo acto. El trío de centrales y San José hicieron la coreografía de la estatua y Carlos Fernández clavó su cabezazo junto a la cepa del palo izquierdo. Eliminatoria equilibrada en el marcador, que no en las inercias.

Como no podía ser de otro modo, el Granada apretó y el Athletic se quedó a verlas venir. Garitano se desgañitaba en la banda, los aspavientos de Iñigo no eran menos significativos. El equipo se hundía en su área, daba síntomas gravísimos de descomposición, mientras el Granada obtenía faltas y córners, su principal fuente de peligro. Y así cayó el 2-0. Un mazazo cuyo efecto duró exactamente cinco minutos, los que necesitó Yuri para salvar de la hoguera a un Athletic que ya tiene en la mano lo que tan afanosa y accidentadamente ha perseguido en estos meses tan intensos.

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