Historias de los vascos

El batallón que soñó una Araba posible

25.05.2020 | 00:14
Algunos de los jóvenes nacionalistas que combatieron en el batallón Araba.

A pesar de ser un territorio adscrito a los golpistas, Araba contó con una unidad republicana combatiente del PNV

EXISTIÓ un batallón del Gobierno vasco que soñó una Araba posible en detrimento de la denominación de Álava. Fue el deseo de los combatientes de una unidad del PNV creada en aquel territorio histórico que como Nafarroa permaneció adscrito a los golpistas desde el comienzo de la Guerra Civil; mientras que Gipuzkoa y Bizkaia permanecían fieles a la legalidad democrática de la Segunda República.

En la década de los años 70 del siglo pasado, la revista Euzkadi, con sede en la calle bilbaina Marqués del Puerto, y con el jeltzale Iñaki Anasagasti como director, reivindicaron la lucha de este batallón de infantería número 14 en el encuadramiento del Euzkadiko Gudarostea, así como del Euzko Gudarostea del PNV. La divulgación existió en la capital vizcaina entre 1977 y 1981. En aquellos años también nacía DEIA. "En Euzkadi escribíamos sobre la guerra, los gudaris, los mutilados de guerra... y en una ocasión nos vino un hombre a reivindicar el batallón Araba. Argumentaba que siempre se escribía de los mismos batallones y comandantes. Y quería poner en valor al Araba. Nos escribió un artículo que firmó como Egu, creo recordar que se apellidaba Egurbide", evoca Anasagasti.

Aquel documento mantiene en las hemerotecas la épica de una unidad que tras darlo todo en la batalla acabó diezmada y fusionándose con los batallones encartados Avellaneda y Muñatones.

Los primeros en enrolarse a esta unidad, cuyo cuartel estuvo en Okondo, fueron los de la juventud nacionalista de Amurrio, Lezama, Orduña –ciudad vizcaina–, Aiala, Arteniaga, Laudio, Arrankudiaga... "Lo hicieron con gran moral y obediencia al partido en aquellos momentos inciertos y nada tranquilos", valoraba Egu. Corrían los primeros días de septiembre de 1.936. En fechas anteriores, ya hubo desplazamientos de estos jóvenes abertzales a Arrankudiaga con el objeto de realizar prácticas militares ("sin armamento") y siempre bajo la dirección de Ramón de Azkue. "Se aprovechó bien el tiempo y concretamente el último domingo de agosto se hizo la jura de la ikurriña, todo ello sin ceremonial, pero con una entrega grande", enfatizaba Egu.

A día de hoy, el historiador de la UPV/EHU Josu Santamarina (Urrunaga, 1993) también valoriza la apuesta de estos jóvenes que de un día a otro se convirtieron en voluntarios militares. "Este batallón es la demostración histórica de que no toda Álava cayó bajo la bota de los Mola, Franco... desde el minuto uno, sino que hubo alaveses leales a la República, alaveses que eran jeltzales, que creían en esa Euzkadi escrita con zeta, que combatieron por la República y por Euzkadi", apunta.

En aquellas trincheras que ocuparon tuvieron como compañeros dos batallones de ideologías totalmente opuestas. Es el caso del Leandro Carro comunista –en el que militó el abuelo materno del lehendakari Ibarretxe, de Amurrio– y el Bakunin anarquista.

Uno de los combatientes que estuvo allí fue Mateo Valbuena, del Leandro Carro, y que hoy tiene 106 años. En declaraciones a este diario, valora que "personalmente nos llevábamos bien con los del Araba, del PNV, y con los del Bakunin, pero ideológicamente, como usted comprenderá... De hecho, yo ya tenía conciencia y experiencia previa, ya porté un fusil en Octubre del 34 en Gijón, y ellos, no. Aún así, compartimos una brigada los tres batallones", resume este escritor en activo que en septiembre cumplirá 107 años.

Un buen amigo suyo es Jose Mari del Palacio, presidente del Ateneo Popular de Araba. Este investigador recuerda una anécdota contada por Valbuena, uno de los últimos cinco soldados del ejército vasco que conocemos con vida. "El Araba tenía mejor armamento que el Leandro Carro y en una ocasión, estos últimos, para una defensa, les pidieron prestada una metralleta que, al parecer, luego no devolvieron", sonríe.

El Araba se formó con diferentes compañías, como fueron Estabillo, en memoria de un mendigoizale fusilado en Gorbea, Francisco Barañano Abendaño, Aiala, Elizalde, Aiatza y la de ametralladoras Urrutia, en recuerdo a un combatiente muerto de Amurrio.

La unidad contó con las secciones de transmisiones Lemóniz, de zapadores y sanidad.

Lucharon en enclaves como Legutio, Bilbao, Laukiniz, Unbe, Urduliz, Getxo, Portugalete. De allí les dieron descanso en el monte Arraiz. "El enemigo se encargó de desbaratar tal descanso, bombardeando la aviación con intensidad dicho pinar. Las bajas fueron importantes", valoraba Egu. Continuaron por Zalla, Somorrostro y Ontón, ya provincia, entonces, de Santander. Allí la unidad se disuelve, pasando sus efectivos a los batallones San Andrés, Amaiur e Itxarkundia.

Ya a finales de los 70 se solicitó a las autoridades locales de los municipios que aportaron gudaris al Araba dedicaran "una plaza o calle donde se perpetúe su memoria". De hecho, se ponía como ejemplo a Amurrio, Gasteiz e, incluso, Buenos Aires, capital de Argentina, "que ya lo han hecho", publicaba la revista Euzkadi.

A juicio de Santamarina, el Araba sintetizaba los tiempos de cambio de la tradicionalista Araba, muy castellana, y esta unidad del PNV era como una alternativa, "más parecida a como ahora es".

Además, dejaron numerosos restos de combate, sobre todo, en la zona de San Pedro, donde compartieron cota en la brigada con los citados comunistas y anarquistas. "Estos restos han quedado para la memoria colectiva. Tal es así, que familiares de estos batallones aún visitan estos lugares palpables. Los locales lo han guardado muy bien", concluye Santamarina.