Kazajistán: Paisaje sorprendente y bellos contrastes

18.02.2020 | 09:59
Imagen de Astaná, capital de Kazajistán.

Quizá suceda esto porque está muy poco poblado ?apenas 17 millones de habitantes? y porque, a diferencia de su vecino Uzbekistán, con impresionantes monumentos, aquí lo que predomina es la naturaleza. Así se explica que de los 8,79 millones de personas que lo visitaron en 2018, con aumentos anuales entre el 15 y el 35%, la inmensa mayoría acuda por negocios, mientras que apenas un 1% lo hace por ocio y turismo, especialmente para disfrutar su naturaleza.

Eso sí, tiene una naturaleza que abarca casi todo: estepas salvajes ilimitadas, interrumpidas por lagos de agua dulce y salada donde se reúnen decenas de miles de aves acuáticas, hermosas montañas majestuosas, vertiginosos cañones que ocupan el segundo lugar en el mundo por su tamaño e importancia, el mar, o mejor mares ?Caspio y Aral?, impresionantes dunas y desiertos... Su variedad es tal que, recorriendo el país, uno puede pensar que se encuentra ante el Cañón del Colorado, los nevados lagos alpinos o las extensiones del Sahara. Aunque en el enorme territorio de Kazajistán pueden contarse hasta 8.500 ríos y 48.000 lagos, no puede decirse que sea precisamente un país verde. Los desiertos y semidesiertos ocupan el 54% de su territorio y las estepas el 35%, mientras los bosques sólo llegan al 5,9%.

Sin embargo, Kazajistán tiene enormes oportunidades para hacer crecer su turismo de ocio con sus diversas ofertas, que incluyen una hermosa naturaleza, una rica historia y un folclore único. El país tiene algo que ofrecer a todos los viajeros, ya sea de negocios o de placer, que van desde hoteles de cinco estrellas hasta alojamientos en una yurta, y desde caminatas en el campo hasta los encantos de la histórica Ruta de la Seda.

En un país tan extenso como Kazajistán hay forzosamente que elegir donde ir. No es tarea fácil porque las tentaciones son muchas, pero algunas tienen prioridad sobre otras. Aquí van cuatro bellezas extraordinarias de naturaleza y dos urbanas. 

Almaty, puerta de entrada

Aunque desde 1997 ya no es la capital del país, que se trasladó a Astaná (un dicho kazajo dice: Astaná para trabajar, Almaty para vivir), sigue siendo el centro comercial y cultural de Kazajistán y la puerta de entrada si se viaja en avión. Se encuentra al sureste, rodeada por las magníficas montañas celestiales, las Tian Shan, sobre las que hay nieve perpetua y continúa siendo el gran centro cultural, financiero, educativo y turístico del país. Además, todavía es sede de numerosas administraciones, embajadas y universidades, y en ella se concentra el principal nudo de vías de comunicación. Es una ciudad sofisticada, de arquitectura moderna, y cuenta con excelentes museos, vastas zonas verdes, una importante zona de tiendas ?sobre todo en la calle peatonal de Zhibek Zhol?, mercados, y una interesante oferta en gastronomía y vida nocturna. Es aquí donde se comprueba el poderío económico de los nuevos ricos: caras zonas residencias, potentes todoterrenos, relucientes centros comerciales, excelentes museos, costosos restaurantes, clubs de baile abiertos toda la noche, y bellas y próximas estaciones de esquí. Además, Almaty ofrece la posibilidad de practicar senderismo en las proximidades, por lagos y cañones impresionantes. En el centro está el parque Panfilov, hogar de las torres de color amarillo brillante de la catedral de Zenkov, una iglesia ortodoxa rusa de la era zarista.

Astaná, la futurista capital del país

La reluciente capital de Kazajistán, situada a orillas del río Ishim, en el norte del país, ha crecido entre las estepas. La ciudad, construida a medida, se alza en plena estepa como un espejismo y cuenta con una de las arquitecturas más audaces y modernas de Asia. Es la creación simbólica del presidente Nazarbáyev y se ha convertido en uno de los símbolos de Kazajistán del siglo XXI. La capital, en constante evolución, recibió un gran impulso con la Exposición Internacional del 2017. Destaca por su arquitectura cautivadora, con el horizonte cada vez más lleno de rascacielos y monumentos ambiciosos de la era espacial, muchos de ellos firmados por destacados arquitectos internacionales. A lo largo de la margen izquierda, la ultramoderna torre Bayterek, de 97 metros de altura, ofrece vistas panorámicas desde su plataforma de observación. El Palacio Presidencial de Ak Orda está coronado por una enorme cúpula azul y oro. La calle comercial Nurzhol Bulvar, una avenida de dos kilómetros, alberga el gigantesco centro de entretenimiento Khan Shatyr, un centro comercial y un complejo de playa cubierto. Más allá de la impresionante arquitectura, Astaná cuenta con una rica historia soviética, pero su apuesta, como la de todo el país, es hacia el futuro. 

Un cañón de mil colores

El Cañón de Charyn es uno de los sitios más espectaculares de Kazajistán por sus extraordinarias formaciones rocosas de color ocre, y sorprende especialmente porque surge de repente en medio de la estepa, aparentemente de la nada, y el paisaje adquiere una tercera dimensión. Durante millones de años, las aguas del río Charyn, el viento y el sol, han ido esculpiendo un espectacular cañón de 150 a 300 metros de profundidad que el tiempo ha ido transformando en lo que vemos hoy en día. La impresionante grieta se extiende a lo largo de 154 kilómetros, pero la zona más popular y visitada es el llamado Valle de los Castillos, de dos kilómetros, llamado así porque sus bloques de piedra recuerdan a las torres de viejas fortalezas. La piedra, que crea formas fantasiosas, cambia de color a lo largo del día, desde el ocre y el escarlata a un mágico rosa y anaranjado al atardecer. Vale la pena recorrer primero el cañón desde los acantilados y luego bajar por un sendero y hacerlo por un camino de unos dos kilómetros que permite apreciar las formas escultóricas en toda su dimensión. Al comienzo, hay una formación rocosa que recuerda a una persona con el brazo derecho levantado que lleva un águila. Es conocida como la guardiana del cañón. Al final del camino se llega al río Charyn y a un paisaje bucólico con la única vegetación verde del recorrido, y también el único lugar donde comer y dormir en yurtas, cabañas o pequeñas habitaciones.

Las dunas cantarinas

Cuando uno se acostumbra a las bellezas de Kazajistán no puede sorprender que también haya una gigantesca duna que canta. Se trata de un fenómeno único de la naturaleza en el famoso parque nacional de Altyn-Emel, en el borde derecho del río Ili. La Barján Cantante tiene 1,5 kilómetros de longitud y 120 metros de altura. El barján es una duna en forma de media luna que cuando el viento sopla desde el oeste dispersando las arenas, produce un raro sonido, de modo que uno tiene la sensación de que un órgano de tubos está sonando en el corazón del desierto. Hasta ahora, este fenómeno sigue siendo un enigma de la naturaleza, pero los científicos suponen que con tiempo seco y caluroso la arena se electrifica debido a la fricción y crea una cierta vibración sónica. Quienes alguna vez han oído cantar a los barjanes no olvidarán este fenómeno, que no es el único encanto de este parque de 4.600 kilómetros cuadrados, porque en medio de impresionantes paisajes se descubren los montes Kakutan, blancos, rojos y ocres, con abundantes fósiles, los petroglifos de Terekly y los 31 túmulos escitas de Besshatyr. Las montañas, estepas y los desfiladeros con abundancia de agua crean unas condiciones inmejorables para el desarrollo de la flora y la fauna, por lo que no es raro contemplar hasta 1.800 especies de plantas, gacelas persas, argalíes (muflones asiáticos) de retorcidos cuernos, onagros (asnos salvajes), ciervos de Bujará, linces y hasta osos pardos. El Parque Nacional de Altyn-Emel no solo es la mayor y más famosa reserva natural de Kazajistán, sino también un valioso e importante patrimonio de la cultura kazaja, por lo que en 2012 Kazajistán lo nominó como candidato a la lista del patrimonio mundial de la Unesco.

Las hermosas  'perlas de Tien Shan'

El Parque Nacional de los Lagos de Kolsai y Kaindy se encuentra en la ladera norte de las montañas Tien Shan, en el sureste de Kazajistán, y se llaman a menudo Perlas de Tien Shan. Es de los pocos lugares frondosos del país, con prados y bosques, numerosas plantas raras, una fauna singular, y está estrictamente protegido. El Kaindy es un lago alpino de una longitud de medio kilómetro y casi 30 metros de profundidad en algunas partes, que resulta inquietante, con sus árboles muertos que sobresalen del agua. El lago se formó después de un terremoto en 1911 y de un posterior deslizamiento de tierra que crearon un dique natural. El bosque de abedules quedó sumergido, pero muchos troncos se resisten a caer, conservados por el agua casi helada, y se levantan como lanzas de un ejército oculto. Los Kolsai son tres lagos azul oscuro encajados a diferentes alturas entre las escarpadas laderas de abetos del Küngey Alatau. Se les llama la Perla del Norte de Tien Shan y son tan claras sus aguas que, cuando sale el sol, los bosques circundantes, las colinas y los picos nevados se reflejan en el agua. Están rodeados de abetos, prados alpinos y pastos de montaña. El recorrido por sus orillas, a veces escarpadas y con subidas y bajadas vertiginosas, es un paseo del azul turquesa más puro de las aguas a las verdes praderas esmeralda teñidas por el violeta de las flores.

Aksu-Jabagly, Reserva de la Biosfera  

Recién declarada Reserva de la Biosfera en 2018, Aksu-Jabagly es la reserva natural más antigua del país y una de las más visitadas. La belleza salvaje de su paisaje es espectacular: 1.319 kilómetros cuadrados de valles, ríos, montañas nevadas y glaciares. La diversidad de Aksu-Jabagly es enorme, ya que es una región en la que la montaña se encuentra con la estepa, siendo un paraíso para los botanistas, ornitólogos y amantes de la naturaleza. Los primeros se entusiasmarán, si viajan en primavera, con las praderas de tulipanes salvajes rojos, una más de las 1.312 especies de plantas con flores que hay en Aksu-Jabagly. Los amantes de la fauna descubrirán águilas reales, buitres, marmotas rojas, argalíes, íbices, osos, leopardos de las nieves, linces, lobos, etc. Desde aquí se puede emprender camino a Turkestán, donde se encuentra uno de los monumentos más bellos de Kazajistán, patrimonio de la Humanidad y principal sitio de peregrinaje del país: el mausoleo de Khoja Ahmad, primer gran sabio musulmán del mundo turco. Fue construido por Tamerlán a finales del siglo XIV y sus proporciones son comparables a algunos de los más impresionantes edificios de Samarcanda. El mausoleo está recubierto de magníficos azulejos y destaca por su doble cúpula de 28 metros de altura, decorada también con azulejos dorados y verdes.